miércoles, 29 de agosto de 2012

Dejarlos ir

Dicen que no hay cosa más dura que ver partir a los hijos. Bueno, pues no es verdad: es ver partir a los padres.
Pensaréis que estoy chiflada, pero es la verdad; aun cuando disfrutas de la soledad cuando estás en casa y te pone de los nervios que tu madre ande entrando, saliendo y dándote la chapa con las cosas todo el día, en el momento en que te ves en una ciudad extranjera sin saber cuándo volverás a casa seguro, ver marchar a tus padres te deja un vacío existencial.
No ayuda nada que haga ya 10 días que no ves a tu hermana pequeña ni que a tu madre se le salten las lágrimas ni que tu padre te abrace como si te fueras a la guerra. Tampoco ayuda llegar a tu nuevo cuarto y darte cuenta de que no conoces a nadie en esa ciudad y que no entiendes a la gente cuando te habla, que no tienes clases en las que conocer gente y ocuparte hasta dentro de 10 días ni que todo el mundo que ves por ahí parezca tener algo que hacer todo el rato. No ayuda, no ayuda, no ayuda.
Echas de menos tu casa, tu cuarto, tu nevera y tu baño. Echas de menos a tus padres cuando pensabas que no iba a pasarte (porque... ¿para qué te vas de Erasmus si no es para, en parte, gozar de la vida independiente también?). Todo es extraño e intentas mantenerte ocupada para no notarlo mucho, pero cuando te paras cinco minutos, ahí está.
A lo mejor es sólo aburrimiento, pero a mí el aburrimiento no me ha hecho llorar nunca como hoy al deshacer las maletas. Menuda estúpida estoy hecha cuando tengo el síndrome premenstrual.

sábado, 25 de agosto de 2012

"No hay huevos"

Seguro que todos vosotros, las cuatro personas que me leéis y esos dos que habéis entrado por error y sólo estáis leyendo la primera línea, habéis sucumbido al menos una vez a un "no hay huevos". Lo siento, es lo que hay, naturaleza humana que podríamos llamarlo. Pues bien, de un "no hay huevos" estoy segura que surgió Ryanair.
¿Cómo si no nos explicamos el tortuoso reto que supone volar con ellos? Porque no sé vosotros, pero cada vez que descubro que el billete con el que vuelo/voy a volar es de Ryanair, se me sube un líquido ácido y corrosivo por el esófago...
"¿A que no hay huevos a vacilarles con el equipaje de mano?" Claro, eso tiene sentido, por ello es que cuando llegas al avión, tienes un asiento pero no sitio para meter tu maletita. ¿Qué genio ingeniero diseña estas cosas?
"¿A que no hay huevos a tenerlos esperando durante una hora en la cola?" Adelante, queridos, tardad lo que queráis, no importa que tengan que ir a buscarme al aeropuerto de destino y llevemos una hora y cuarto de retraso. Por lo menos podíais invitaros a una coca cola o unos cachuetes, por las molestias, vamos. Cabrones agarrados...
Y como esto, cinco mil cosas más. Pero, amigos, desde ayer por la noche a las dos y media de la mañana, que fue la hora a la que llegué a mi camita (deseada, deseada y suave camita) una hora y cuarto más tarde de lo que debería, tengo la firme intención de no volver a acercarme a Ryanair ni con un puntero láser. Prefiero gastarme 50 o 100 euros más y no tener que llevar la maleta entre las piernas en el suelo ni volar con más retraso del que puede tener un tertuliano del Sálvame ni tener que aguantar los comentarios "humorísticos" del jefe de cabina chistoso de turno.
En serio, señores, un poquito de por favor.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Puntos de inflexión

Cuando estás al borde del Erasmus (que es como decir "del ataque de nervios"), y me refiero a los tres meses de verano previos, hay varios puntos de inflexión a los que tienes que enfrentarte.
"Despedidas" estaréis pensando, "decir adiós a la familia, a los amigos, sin saber si volverás por Navidades o si te secuestrarán unos compañeros de piso locos que acabarán tirando tu cuerpo a un río" (lo de morir a manos de tu compañero de piso parece que se estila bastante, no es que yo me lo esté inventando, y a los noticiarios me remito); quizás algunos piensen "Miedo, ¡miedo! Miedo a irte a una ciudad extraña, puede que sin tener siquiera un techo a tu llegada y probablemente no entendiendo muy bien lo que te digan en extrañas lenguas extranjeras" (más aún si eres como yo, que en vez de elegir un destino normal, coges y te vas a Hungría -con lo bien que está Alemania en esta época del año...-).
Voy a romper vuestra burbuja, queridos. Los puntos de inflexión no son ni las despedidas (punto que tocaré más tarde) ni el miedo (este no voy ni a tocarlo, porque se me sube un no sé qué por el esófago que no veas), son básicamente otras dos cosas: tu madre y tus maletas.
Tu madre, esa entrañable criatura que te dio la vida (y ahora te la roba lentamente... no, es broma -creo-) y que considera que tu salida del nido es la primera (o sexta u octava si ya te ha salido barba) señal de que ya no eres un crío, de que no te quedan más que dos telediarios para que te largues ya definitivamente (aunque tal y como está la cosa, pongamos diez telediarios y una tanda de anuncios de Antena 3) y entonces comienza a tener esos momentos tiernos de "Ay, te voy a echar de menos, cariño", "¿Por qué no vienes a pasar un ratito conmigo al salón?" y similares. Luego eso deriva a "Apunta, que he buscado los teléfonos de todas las embajadas, Emergencias, Polícia, Bomberos, Ambulancias, las direcciones de todos los hospitales y los horarios de siete farmacias, por si alguna te falla. Y llévate una chaqueta, que luego refresca.". No sé vosotros, pero a mí eso de que me saquen de casa, ya pensando en que voy a necesitar una ambulancia y una embajada, malo. Un padre, sin embargo, hace un gesto de victoria y dice "¡Una menos! Sólo queda la pequeña.".
Y las maletas, ¡ay, las maletas! Mete un año de calor, frío glacial, lluvia, viento, clases, fiestas y demás en maletas... No, en serio, mételo, te reto. Y más todavía con los límites de peso de Ryanair, que son unos zorros quisquillosos y petardos. Los odio, a todos. Ni siquiera te dan cacahuetes en el vuelo. Cabrones.
Esos son los puntos clave. Luego, claro, quedan otras pequeñas cosas que te llevan friendo ya un tiempo: los papeleos de la Universidad, cuyos administrativos no tienen ni idea de lo que hay que hacer ni  de cómo hay que hacerlo; solicitudes de becas para costearte este pifostio, porque no es otra cosa, y tener que esperar horas en colas para pedir/entregar papeles; despedirte de la gente... Gente a la que ves menos cuando estás aquí que cuando te vas te dice que "tenemos que quedar, tía, que te marchas". Vamos a ver, si no te veo durante el año, ¿qué te hace pensar que voy a querer hacerlo ahora? Cruel, sí, pero la cuenta atrás pone de los nervios; tengo muchas cosas que hacer, ¡no me des la murga!
¿Se me nota mucho que me voy pasado mañana? ¿Que tengo una maleta por cerrar? ¿Que todavía no he encontrado alguien la Universidad capaz de contestarme a una sencilla pregunta? ¿Que aún no tengo un sitio donde vivir en mi destino?
Pues nada, ya os iré contando, porque la cosa promete. Quiero decir, no hablo ni gota de húngaro, esto va a ser divertido.

sábado, 7 de julio de 2012

Lo-li-ta.

"Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.
Era Lo, sencillamente Lo, por la mañana, un metro cuarenta y ocho de estatura con pies descalzos. Era Lola con pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores cuando firmaba. Pero en mis brazos era siempre Lolita.
¿Tuvo Lolita una precursora? Naturalmente que la tuvo. En realidad, Lolita no hubiera podido existir para mí si un verano no hubiese amado a otra niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Cuándo? Tantos años antes de que naciera Lolita como tenía yo ese verano. Siempre puede uno contar con un asesino para una prosa fantástica. Señoras y señores del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los errados, simples y noblemente alados serafines envidiaron. Mirad esta maraña de espinas."

-Vladimir Nabokov

martes, 21 de febrero de 2012

Compartir es vivir.

    Recientemente he oído hablar mucho respecto al tema de los derechos de autor en Internet, sobre si el tráfico de información (libros, películas, música) del que muchos formamos parte debería desaparecer porque atenta contra la propiedad intelectual de los autores de las obras. Sólo he oído mencionar a media voz la cuestión monetaria y, desde luego, no ha sido por parte de los artistas, sino de los intermediarios; editoriales, discográficas y demás entidades que hacen el agosto a costa de los consumidores como yo (porque, seamos sinceros, no son los creadores de las obras quienes se llevan la mayor parte del dinero) se quejan porque la gente de a pie se ha pasado a las descargas de Internet en vez de continuar comprando los libros, discos y películas que ellos nos ofrecen, que, por cierto, sólo son aquéllos que responden a sus criterios de masas.
    Yo soy estudiante, tengo una economía moderada y unas necesidades intelectuales. Dejando a un lado los materiales que necesito para estudiar, y que son de todo menos baratos, cuando tengo tiempo libre me gusta ver una película, escuchar música o leer un libro. Si tuviese que costearme estos sencillos placeres de acuerdo a los precios que marcan las industrias, tendría que dejar de estudiar y ponerme a trabajar a tiempo completo; dado que el Ministerio de Educación no da becas para este tipo de cosas y que no me parece justo que tenga que decidir entre mi formación académica y el cultivo independiente de mi mente, elijo, como tantos otros, la sencilla salida del tráfico pirata. Desde luego, no ignoro que detrás de lo que veo, leo o escucho hay mucho trabajo, pero considero que las cifras que mucha gente cobra por ese trabajo son desproporcionadas y recuerdo que los que tenemos ocupaciones peor remuneradas no estamos para derrochar. En este aspecto, el mundo está mal proporcionado. No pido que El arte por el arte gobierne nuestros días, porque sé que hay gente que vive de lo que hace, pero actualmente a cualquiera le resulta más barato comprar una botella de vodka peleón que un cedé de los Beatles, una entrada de cine o La sombra del viento, y eso me hace pensar que nuestras prioridades están mal estructuradas. ¿Hacia qué clase de sociedad nos movemos?
    Internet es un portal muy amplio con cabida para todo, es imposible controlar cada bit de información que se mueve. Cuanto más se facilitan las comunicaciones, más crece el riesgo de perder la identidad, tanto de las personas como del trabajo. Sería más sencillo si, en vez de intentar cortar este caudal de información, aprendiésemos a utilizarlo con algo de integridad y respeto por lo ajeno, pero sin olvidarnos de que todo lo que hacemos contribuye a la sociedad. Si eres autor y muestras lo que haces, tienes derecho sobre tu obra, pero no puedes olvidar que la pones a disposición del mundo. Ya lo dice Movistar: compartida, la vida es más.

Cold Hard Bitch

jueves, 1 de diciembre de 2011

El Erasmus, ese gran desconocido.

            Señoras, señores, llega el momento en la vida de todo universitario que se precie: la odisea de solicitar un Erasmus.
            En los tiempos que vivimos en nuestra fantástica Universidad de Oviedo, lo malo se acentúa: ya no sólo dependemos de una beca escasa y una administración de dudosa eficacia, sino también de la suerte, porque bolonios y licenciados hemos llegado a nuestro punto de coincidencia y todos queremos plaza para el mismo curso.
           Cualquiera que lo vea desde fuera pensará "Bueno, mejor, así se lo curran". ¡Una mierda, señores, una mierda! La obligación de la administración de la Universidad sería ampliar el número de plazas y convenios para que no tuviese que haber leches por los destinos, pero en vez de eso... "La crisis nos obliga a disminuir la cuantía de las becas". Pues nada, muy bien, luego nos quejamos de que no hay iniciativa entre los estudiantes. ¡No, puñeta, lo que no hay es dinero!

          Uno tiene que pagarse el techo, la comida, los materiales de estudio, el transporte y otros gastos que puedan surgir (y ya no hablo de que termines en el calabozo por una noche loca, sino de necesitar unas botas que resistan la nieve porque no has podido cargar con las tuyas desde aquí -exceso de equipaje-), y tiene que hacerlo todo, según la Universidad, con 200 euros al mes, porque la beca no da para más. Si no tienes algún recurso extra o unos padres con posibles, hasta luego experiencia en el extranjero.
          Las plazas... ¿qué podemos decir de ellas? Distintas carreras de letras, que somos los que más salimos, vamos a tener que pegarnos por ellas si queremos algún destino popular. Me pregunto cuántas plazas habrá en países de habla inglesa respecto al número de alumnos de Licenciatura y Grado que estudien lengua inglesa.
          Por otro lado disponemos de una serie de profesores contacto con las universidades extranjeras que ahora mismo están de baja y no pueden atendernos, de una lista de destinos que no saldrá hasta enero, así que buena suerte con tu prueba de idioma y reza por que no hayan eliminado tu destino cuando llegue el momento, y una carencia de información que han pretendido soliviantar con una reunión de asistencia recomendable fechada, por supuesto, dentro del horario de clases (no vaya a ser que los responsables trabajen más de la cuenta, por favor).
          Por todo esto y algunas cosas más, quiero pedir, en mi primer especial Erasmus, un aplauso para la Universidad de Oviedo. Me río yo del Campus de Excelencia donde los alumnos no sabremos adónde ir hasta que estemos allí y donde la calefacción funciona según quién le esté dando a la manivela ese día.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Pasión

Pasión. Está dentro de todos nosotros. Durmiendo, esperando, y aún sin desearlo, sin pedirlo, se desata, abre sus fauces, y aúlla. Nos habla, nos guía. La pasión nos gobierna a todos, y nosotros obedecemos ¿Qué remedio nos queda? La pasión es la fuente de nuestros mejores momentos, la alegría de vivir, la claridad del odio y el éxtasis del dolor. A veces duele más de lo que podemos soportar. Si pudiéramos vivir sin pasión tal vez encontraríamos algo de paz. Pero estaríamos vacíos. Habitaciones vacías, destartaladas y húmedas. Sin pasión estaríamos realmente muertos.

(BtVS, 2x17)