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miércoles, 5 de junio de 2013

Erasmus disease symptoms:


- you meet so many people you can't remember all of them
- Mondays are the new Fridays, Tuesdays are the new Fridays, Wednesdays... and so on
- you come to a point where you don't speak Spanish, English, German or Italian anymore, but all of them (which is, actually, a modern version of Sanskrit)
- what happened last night? Becomes your motto
- your fridge might be empty, but there will always be there a beer and a piece of cheese (??)
- maybe you don't learn the language of the country, but there's a word that you will: beer (or sör, whatever)
- do you remember what it is to iron your clothes? Me neither.
- what are all these people doing at my home?
- doing the laundry only works when you do not have any more clean underwear
- staying home is NOT an option
- “I should cook something… nope.” And then pizza
- your parents love you more now
-  you start doing things like singing in public, taking off your bra in the middle of a disco or carrying underpants in your handbag without any remorse
- you just point at a random place in the map around your city and think “So there is where I will be spending my weekend…!”
- your lifestyle starts including meeting new friends at 5 am while eating kebap or something

- you get depressed while thinking about what your life will be like next year

And so on, honeys. Please, add your owns ;)

domingo, 2 de junio de 2013

Blame it to the alcohol

La noche de ayer no sé ni por dónde cogerla, en serio. Ahora mismo tengo una resaca letal, un sueño que muero y estoy a un tris de que se me caiga la cabeza en los cereales y morir ahogada en muesli con nesquik (imaginaos que cadáver tan antiestético quedaría...).
La culpa es de Elena, siempre de Elena. Ya cuando salgo por Vetusta con ella y con Dudu siempre me acaban liando, pero ahora se confirma, porque llegó el jueves y no ha tardado ni una semana en liarme. Menos mal que íbamos de tranquis, amigos, porque si no igual nos deportan...
Una, que con toda su buena intención decide sacar a su amiga por ahí para enseñarle algo de cultura nocturna, que la lleva a cenar pizza y Somloi (no se pregunta lo que es, se come y a callar), que la arrastra a Morrison's Opera para empezar la noche tranquilamente y que encima lleva chupitos de vodka en el bolso (para darle la chispa de la vida, ya sabéis)... Pues así empezamos, pero acabar acabamos muy diferente.
Nos vamos a Morrison's, donde Elena queda fascinada por el lugar, el trenecito que pasea por el techo encima de la barra y el miedo que da la gente cantando al karaoke. Pedimos la primera, vemos a la gente cantar, se nos sientan enfrente dos tíos que no paran de girarse y mirarnos en plan acosador psicópata (chicos, un consejo, hay formas y formas de mirar a una chica: aunque esteis buenos, si sonreís como violadores la angustia sigue ahí). Pedimos la segunda, siguen los psychos estos ahí. Pedimos la tercera, se piran y vienen a sentarse dos tíos macizorros (y no psychos), pero con nosotras. Ahí, en plan sutil. Eran de una despedida de soltero y los amigos andaban por ahí moñándose a tope por las esquinas y dando berridos de becerro en celo por el micro del karaoke. Os diré que si vais por Budapest y conocéis a un Niklaus rubio, de metro ochenta más o menos, con los ojos azules e ingeniero, ya es colega, así que con alegría.
Anduvimos por ahí un rato, bailamos, me guiñó el ojo Jabba el Hutt (huí despavorida) y marchamos al exterior.
Y, amigos míos, ése fue el error: no se va al Instant. No, mal, mal, mal, nunca, MAL. Sobre todo después de un chupito de vodka y 3 cervezas. Yo quería que Elena lo viese, quedase fascinada y ya, pero nos quedamos y eso está MAAAAAAAL. Pedimos otra cerveza (mal) y nos apalancamos en el futbolín, y entonces pasa por nuestro lado como 3 veces el mismo tipo hasta que se acerca con la típica entrada de "¿Españolas? ¡Yo también!". Valenciano. Se llamaba Nemecio. No, no es broma, de verdad: Nemecio. Tenía 24 años, así que tampoco es que viniese de la época de la guerra, ¿sabéis? Nos contó que solía presentarse como "Nemo, como el pez. Pero no Nemo, Neme".
Pobre hombre, le vacilé tanto las dos horas que estuvo con nosotras que creí que me iba a entrar una hernia. Vosotros me conocéis, para que yo piense que me estoy pasando vacilandole a alguien... Haceos la idea. Y no por lo del nombre, no os equivoquéis, por todo: por Juego de Tronos, por Harry Potter, porque no vocalizaba, porque era valenciano, porque me tocaba ( y a mí no me gusta que me toquen, ¿por qué me tocan?)... Dios, me metí con él lo que quise y más, pobre Nemecio... No paraba de repetirle a Elena "Esta tía me odia, ¿a que sí? Me odia, me odia. La voy a matar, la voy a matar porque me odia..." etc.
Y salgo del Instant porque Elena se quedó atareada con Nemecio. Salgo con un cigarrillo en la mano y me para un rubio y me pide otro. Se lo doy y quedamos fumando en la puerta (las 5 de la mañana, ya de día pleno y tal): que es sueco, que está de viaje, que su vuelo sale dentro de dos horas... Se nos acerca Sueco 2, moreno y guapo, comiéndose un kebap ("This has cinnamon, check it" y me lo pone debajo de la nariz ¿?). Luego llega Sueco 3, un armario de 2x2, cantando a Alicia Keys (le pregunté y me dijo que era un fetiche). Sueco 1 empieza a preguntarme de donde soy, "Spain", "Don't believe you, you speak good English! And you have accent, you're American", "No, Spanish", y coge y llama a Sueco 2 y le pregunta que de dónde cree que soy, y el otro que de San Diego.
Claro, tío, ¿no ves la cara de California surfer girl que tengo?  Tuve que enseñarles el DNI. Estos escandinavos...
Pero Sueco 1 no se achanta y utiliza "Meter ficha", no es demasiado efectivo: "I know you're gonna say no, but I like you, maybe we can go home together...".
Esta soy yo:
PENSAMIENTO: Yo me voy a mi casa a dormir, tú haz lo que quieras, chaval

"At least let me take you home in a cab", ya claro, ahora mismo te digo donde vivo, dame un segundo... Si además Sueco 2 me contó que en 3 horas cogían el vuelo de vuelta...
El caso es que cogí y me volví a casa dando un paseo con luz de día por la calle.
Entonces, cuando ya estoy en casita y me dispongo a echarme y caer en coma, me llama Elena "Tía, no me abre la puerta de casa". Muero. Coitus interruptus, rollus cortatus. Claro, el tío a su casa y Elena a la mía. Ha estado sobando en la habitación de al lado hasta hace media hora y se acaba de marchar con una cara de resaca que era reflejo de la mía propia. 

Noche completita en Budapest. Necesito agua y patatas fritas. O macarrones con queso. 
Empieza a notarse de verdad que sólo me quedan 17 días, supongo que es el momento de hacer todo lo que sea para que no queden espinitas clavadas. Livin' la vida loca (la cantaron ayer en Morrison's, creo que era una señal). 
Muchos besos de vuestro Culo de Coco ;)

miércoles, 29 de mayo de 2013

Essay(2)

New and last essay, honeys. Hope you enjoy :)

Alien iconography in Doctor Who (2005-present): a matter of fears and likes

            Doctor Who is well known for being one of the longest TV series broadcasted. Even after a break, it restarted in 2005 and kept being one of the greatest hits on the English television; its episodes always develop unpredictable plots and have shown us all kind of creatures through time and space. We might think this is a question of imagination and luck, but we would be simplifying the scriptwriter job; if we keep on watching it and it’s still able to make us feel anything (fun, love, fear, sorrow) it’s because its writers know very well how to play with our minds. I don’t mean they are trying to drive us crazy (although sometimes it looks like that), but they certainly know well how to make the crowd sympathize or fear somebody.
            In the first place, we have the Doctor, the main character that defines himself as a mad man with a box. He is a time lord, an alien race that looks completely human, feels like a human and, in fact, as far as we know, has a life circle quite similar to humans in the beginning: through many episodes, the Doctor gives hints about how Gallyfreyan kids are born and raised, quite similarly to us. A time lord seems to be pretty normal to us, they are made time lords by spending a huge time looking into the Untempered Schism, which shows the entirety of the Time Vortex and the power that time lords have and that’s the point in which they differ from humans. They have achieved immortality by regenerating themselves when their bodies are too damaged, and immortality has always been one of the greatest ambitions for Humanity, so even that makes him attractive for us.
He has a thing for the Earth and humans in general (“Oh, humans, I thought I’d never get done saving you.”) and carries a human or at least half-human companion with him. He’s the last one of his species, completely free to come and go, but he still keeps a clear moral that pictures the virtues our society defends: kindness, peace, knowledge, courage, love... The only thing that can put him away from actual humans is the fact that he has two hearts and is about one thousand years old; he is eccentric and childish, indeed none of this makes him disgusting to any human he meets; instead, it makes the public feel some kind of tenderness because in so many aspects he is like a child: innocent, and innocence is something that must be protected. Here we can see the clearest example of how well scriptwriters know the public. It is always easier to make us sympathize with an alien creature as long as it is friendly and human-like.
Then we have the other main alien races: daleks, cybermen, weeping angels, silences, oods and silurians represent a wide range of possibilities, from fears to social conflicts, and their physical forms help to deepen into them. It’s not only about if they are ugly or nice (though this is important), but also about how sometimes something that looks harmless can become quite dangerous and take us unaware. Is it a metaphor of life? Maybe.
We could talk about daleks and cybermen jointly, as far as both of them represent different forms of the cyborg idea: daleks are a super intelligent alien race set into machines that make them letal, cybermen are steel men created by a human mind that use the heads of people as their organic component. Both of them have faced the Doctor a few times (daleks are, in fact, time lords’ biggest enemies and responsible for time lord’s extinction), always trying to take over the Earth and use humans to create more of them (cybermen) or destroy Humanity to get a new place to live in (daleks). Daleks seem to be way more dangerous because of their intelligence and lack of feelings. They are cold hyperrational creatures, unable of any empathy, although they haven’t always been like that; we know they were better once and compare it to what they’ve become and maybe spot our own future. If we only observe their appearance, we have to admit they don’t really look terrifying (“Without your gun you're a tricycle with a roof.” says the Doctor in episode 7x01) and they continuously claim they want to “Exterminate!” so there’s no possible doubt about their intentions. What makes them terrifying? Their history. They were like us once, but their whishes of improving themselves drove them into the complete loss of any kind of feeling, turning them into heartless brains. On the other hand, we have the cybermen, whose only interest is multiply their number so they can take over the Earth because their creator (originally human) compelled them to do so. Here we can see both sides of the same coin: with our continue struggle to be better, stronger, cleverer, we may end up being like daleks or cybermen (that depends on if we keep on thinking by ourselves or if we let someone else, more powerful or smarter, manipulate us). Will we go as far as this? Are we already going by developing things like eugenics, bionic devices, robots or even Google glasses? Those two aliens symbolize (very extreme) possibilities of future for us and are supposed to make us wonder about the morals that should be developed beside scientific achievements.
The weeping angels have turned out to be one of the creepiest aliens created by the Doctor Who scriptwriters. Opposed to daleks and cybermen, weeping angels appear for the first time on season 3 of the modern series and their origin is still uncertain. Many theories develop the idea of them being time lords that have fallen in disgrace, but their creator (Steven Moffat) hasn’t agreed with that. The only thing we know about their origin is that they are old, really old, older than our world, and that they definitely come from another part of the Universe. If we judge by their looks, we might think they are not very scary: weeping angels seem to be statues portraying angels with their eyes covered as if they were crying (in following episodes we find out that almost any statue can be one of them, regardless of their form), though later we discover the real reason why they don’t look straight: as long as somebody is looking at them, they cannot move, so they don’t risk to look into each other because that would doom them forever. The problem is that they are quick, very quick, and blinking may mean your death, because their touch will send you backwards in time to let them feed on your temporal energy. The only way to keep them from attacking you is to stare constantly at them, otherwise they’ll send you back in time again and again until no temporal energy is left in you and you die. The motto “Don’t blink” the Doctor repeats in every weeping angel episode has become one of the scariest sentences according to the fans.
The weeping angels represent psychological fears, much more personal than the previous ones. Scriptwriters are now playing with a few different fears: on one hand, fear of wasting time and dying without living at all, on the other hand, fear of the possibility of living creatures among us and being observed without us knowing it (they are literally living stone). The last one could be included in the list of paranoids that we can find among science fiction works. Besides, weeping angels in all kind of variations have always being a symbol of death, a very common one during World War I, when they got very popular to decorate the tombs of the fallen ones.
            Right next to the weeping angels, we may analyze silences. Again we find a new alien race that appears for the first time in the modern series and that plays with our minds in a very similar way. Silences’ main characteristic is that you only remember them as long as you are looking at them. How can humans possibly fight invaders that cannot even be remembered? And it’s not only them what you forget, but also anything that might be said or done while you’re seeing them, although it leaves traces in your mind that might let you remind the shadow of an idea, as if it were your own (a very subtle way of brainwashing, so to call it). Without our memories, we are in constant danger and don’t know it and they are stealing little parts of ourselves. They confess to have been ruling the world for centuries, manipulating and controlling people into their whishes. Right next to this kind of behavior, another question is raised: are we still ourselves without our memories or induced into somebody else’s wishes? Leaving aside the fact of the alien invasion, here the show plays with another fear that has become very common in the last twenty years because of the increase of Alzheimer disease; how can we fight an invisible enemy?
            Oods raise a very different situation. They are not enemies of the human race (or time lords), they a pacific and kind of child-like alien race who’s been born to serve. They need to have somebody telling them what to do, otherwise they pine away and die; they are also born with their brains out of their heads, so they must be pacific. They are one of the most confusing races in the show, because their exterior look is humanoid but they have tentacles on their faces and that, most of the times, bring the Doctor’s companions to mistake when they thing oods are dangerous. Oods also possess a high sensibility, they have a telepathic bound among their race and can express their pity by singing. Are they really inferior to human or equal but have developed their capabilities in a different way? I mean, humans develop intelligence and rationality more than anything else, but oods may have done the same with their empathy: they feel happy when the people around is happy, so they want to help and that is translated for humans as a way of servilism. Do we have the right to treat them as slaves?
            Here we can see a parallelism with most of the colonizations in History, like when Spanish people arrived to America for the first time: at the beginning, natives only wanted to be kind and then we took advantage on that. Is it the same with the oods? Rose Tyler (first Doctor’s companion in the new series) is kind of suspicious about the way humans understand and treat oods. When oods appear in the series again, Donna Noble (new companion) also gets astonished of how cruel humans can be with them; at this point, we get to see how oods may not be violent but they really know how to take care of themselves, contrary to the idea exposed by humans. They serve because they want and humans end up paying them with cruelty.
            Finally, we have the silurians. Silurians set a very different situation: they are not aliens, we are. They are a race that was habiting the Earth years and years before humans appeared and when we did, they found themselves forced to go into the planet to be able to keep on living. That’s why they start being really aggressive when we first meet them and then turn out to be a very human-like race willing to negotiate with us about the possibility of going back to the Earth surface. I think the circumstances around this encounter are quite interesting for us, because they are represented as humanoid lizards and that’s supposed to creep us, but when you really come to think about it, they are nothing but the previous step right before us. We are creepy for them too (one of them openly says so) because we are for them the same as some posthuman possibilities are for us. Both races are just two different steps of Evolution and, in this case, we are the invaders, we are the aliens and it’s our iconography the one that is disgusting.
            Apart from these main cases, there are a few more I’d like to talk about too. In first instance, Cassandra[1]. Cassandra is, at some point of the future, the last human being, although there’s almost nothing about her that we could recognize as human; her vanity has made her put herself through so many different types of plastic surgery that the only remaining part of her is a piece of plain skin with eyes and mouth. This could be considered as a posthuman possibility: no improvement that we can recognize, just the (very extreme) result of a very common obsession nowadays.
Right next to her, and as another way of going for humans, we have the Nestene duplicate[2] of Rory (one of the Doctor’s companion): it’s a plastic version of a human whose personality stays just like the original one and doesn’t know that it’s a robot, but finds out when the main software makes all the duplicates start to kill and he accidentally shoots his girlfriend Amy. It’s such a perfect copy that nobody around him knows he isn’t real, not even himself, and this could fit the paranoia theme of classic science fiction.
            Sontarans[3] are a very clear (and critic) representation of another popular fact of scientific progress: eugenics and cloning. This race is meant to be warriors, pure warriors: they are born with the fighting desire inside and it’s not specifically said how they reproduce, but since they do it by millions with the only intention of being part of a huge army and they are “born” directly as grownups, we can imagine that they don’t do it the traditional way.
            Vashta Nerada[4] is a very different type of alien race. They look like dust particles when you see them floating around in the air thanks to sunshine, but they usually gather compounding huge shadows to attack people. They are also known as air piranhas, because they eat any kind of flesh just like the marabunta would. Actually, I see them more like marabunta than piranhas (here we have another buglike type of alien, but also some kind of psychological fear representation: shadows, the darkness and what is in there that we can’t see). The only way of staying safe from them is always to keep an eye on the shadows. The second scariest motto created by Doctor Who is “Count the shadows”, referring to this alien.
            Human perspective could be our conclusion since we are all human (or so I hope). Generally speaking, the first reaction of humans (unless you’ve already travelled with the Doctor for so long that very few things can really impress you) is to feel scared. That’s a very normal reaction when you’re facing something unknown and that doesn’t look like anything you’ve seen before, but most of the times if we still feel scared after a while is because we can recognize a part of humanity in it, usually the worst part. If we watch alien invasions, wars or behaviors we can conclude that they do not look so different from us, although it looked like that at the beginning. Playing with the looks is the simplest way of scaring the audience and it may work on a concrete group (like the youngest spectators), but what scriptwriters do to really frighten grownups is to go one step beyond and create aliens that represent deeper fears or possible evolutions, those which are terrifying because they attack directly the most basic instinct: survival, by not letting us perceive reality as it is actually, or because they show how we are developing a hyper rational way of thinking and taking advance on whatever surrounds us.



[1] Doctor Who (2005-present) episodes 1x02 and 2x01.
[2] Doctor Who (2005-present) episodes 5x12 and 5x13.
[3] Doctor Who (2005-present) episodes 4x04 and 4x05.
[4] Doctor Who (2005-present) episodes 4x08 and 4x09.

domingo, 5 de mayo de 2013

El que lee mucho y anda mucho...

Hallo, meine liebe Kinder!
¿Cómo están ustedes? Yo agobiada. Llevo un mes procrastinando y procrastinando hasta llegar a hacer de ello un arte y ahora tengo que enfrentarme a las consecuencias. Menudo truño, colegas, con el finde que he tenido estoy yo como para ponerme a analizar poesía vanguardista o preparar actividades de gramática... Pero bueno, como dijo Jack el destripador, vayamos por partes.
Hablemos primero de Szeged, preciosa ciudad húngara donde pasamos el Día del Trabajo un intrépido grupo de vagos y maleantes (véase Sziszi, Inma, Rocío y Áron, su compañero de piso y recientemente adquirido nuevo miembro). Ésta es Szeged:

(A ver, yo no prometí ningún paisaje)

La verdad es que fue un día estupendo, agotador y caliente hasta decir basta. Pillamos mercadillo y festival, pasamos por un aquapark (donde odié a casi todo el mundo por estar fresco en el agua), vimos una sinagoga que parecía el hogar de todos los fantasmas judíos, comimos helado, pasamos calor, comimos aros de cebolla, vimos un edificio inspirado en una tarta de bodas, comimos patatas fritas, deambulamos por sus calles, tomamos la fresca junto a la fuente central, paseamos el río, comimos bollos con queso y descubrimos que los húngaros también tienen sentido del humor (y uno muy culto, todo hay que decirlo):



Por otro lado, menos cultural pero igualmente entretenido, tuvimos el fin de semana. Creo que más o menos, y en términos de Skype con Cris, podría resumirlo de la siguiente manera:
- Viernes por la noche: Inma y yo bajándonos dos jarras de sangria en el Vázquez, donde fuimos cortésmente invitadas a una ronda de chupitos de vodka + otra jarra de sangria, lo que nos condujo a socializar con un grupo del equipo técnico de la Seat, que estaba de viaje de trabajo, y con los que acabamos cantando el Amante Bandido de Miguel Bosé (por cierto, si alguno os pregunta, yo tengo 14 años).
- Sábado por la noche: exhibicion de swing, tras la cual fuimos Inma y yo (que ya somos como una entidad, por lo visto) comiendo patatas fritas por la calle a recoger a nuestras amigas cultaz Sziszi y Rocío, que salían de la ópera + concierto de guitarra en el mismo Vázquez (dos jarras de sangría + una ronda de copitas de sangría, chupitos de vodka y unas croquetas de cortesía -yo cada vez estoy más segura de que quieren emborracharnos-) + cerveceo en un bar tecno donde bailamos una hora y pico antes de desear la muerte, una ducha y una cama.

Ahí lo tenéis. ¿Qué os parece? Y mis padres creyendo que yo venía aquí a estudiar... Lo más culto que he hecho esta semana ha sido ir a ver Madame Butterfly a la Ópera el martes por la noche (con Inma, cómo no). Eso sí, ahora me estoy cagando en mi yo del pasado por dejarme con este marrón de tareas pendientes que necesita solución como que YA.
Habrá que ponerse al tajo.
Y vosotros deberíais estar estudiando, panda de haraganes. Besos para todos ;)

martes, 16 de abril de 2013

Buon viaggio!

Lo pondría en croata, que fue el primer sitio, pero aún no he desarrollado ese talento.
Pues eso, mis queridas criaturas, viajar, viajar, ¡viajar! Primero Croacia, luego Italia y luego... ¡la Luna es el tope! (por lo visto)

Me marché con las Falsas Granada a Croacia, con 8 horitas de tren que casi supieron a poco... ¡mentira! Pero llegamos, y nos hicimos muuuuuy amigas de la pobre muchacha de la Posta a la que atormentábamos al menos una vez al día durante los 4, casi 5, días que estuvimos allí. Vimos Zagreb, que es como la ciudad fantasma en Pascua (parece ser que la gente es muy religiosa, y no hace falta que lo juren). Para encontrar sitios donde cenar había que hacer un máster, pero hambre no pasamos (¿hambre? ¿Nosotras? Ya, claro, y qué más...). De hecho, creo que ahora yo solita ocupo toda mi cama.
El caso es que vimos Zagreb (una hora + cementerio, no es una ciudad muy grande), que es bastante interesante y donde se puede fumar en los bares, así que mientras otros se pelan el culo de frío en Oviedo para echar un piti, tomar una cerveza es apañao allí.
Y al día siguiente... fuimos a los lagos, Plitvice, el parque natural, previa parada en Rastoke que es como Hobbiton pero con mucha más agua:


Plitvice es una pasada. Si tenéis oportunidad, DEBÉIS ir, pero evitad escalar cataratas gigantes a 4 grados, porque os pasará como a nosotras: os calaréis 5 capas de ropa de las cuales una será un plumas, se os congelará el tuétano, acabaréis perdidas en lo alto del monte, pensaréis en llamar a Salvamento y caminaréis una hora y media hasta el refugio de montaña para sentaros junto al fuego bebiendo café y brandy. Y el camarero se partirá el culo en vuestra cara al veros ateridas y bebiendo lingotazos.


Volver en tren supondrá de nuevo una odisea con los controles de pasaportes y fronteras (son unos paranoicos de flipar), cambios de tren a autobús y de vuelta al tren porque hay vías cortadas, además de hacer amigos en los trenes que se acoplarán a vosotros durante todo el viaje contándoos batallitas-fantasmas de su año Erasmus. Fácil, sencillo, para toda la familia.

Por otro lado, para contrastar con el tiempo invernal croata, un fin de semana en Milán. Estas son las ventajas de que otros amigos también anden de erasmus por el mundo: ir a verlos en plan pequeño viaje vacacional. Bueno, imaginad, me marché para allá con un catarrazo que te mueres después de la jornada de deporte extremo en Croacia (se lo pegué a la pobre Lu, que espero sabrá perdonarme) y no hice más que empeorarlo con el helado indispensable del primer día (eso sí, con heladeros como ése... bueno, yo seguiré con la garganta destrozada hasta el fin de los días). También hubo pasta por un tubo, cócteles de ginebra, italianos guapos, italianos feos y muy pocas horas de sueño.
Milán es pequeño pero matón, merece la pena pasearlo tranquilamente, sobre todo si hace el sol que nos hizo a nosotras, que se te derretían hasta las muelas. El barrio de Brera los sábados por la mañana tiene un ambientazo, está lleno de arte y de olor a comida rica rica. El Duomo es una pasada, ahora ya entiendo por qué tiene la fama que tiene. Y así todo, incluso aunque haya matones negros que llamen puta y lesbiana a la dependiente de la tienda en que trabajan de seguratas.
Turín también está genial y se puede ver en un día. El parque del Castillo es precioso para pasear a última hora de la tarde, con guapos chicos italianos que os persigan haciendo footing, como a nosotras. Hace calor y los hombres te hablan como si creyesen que no los entiendes. ATENCIÓN, ITALIANOS: hablamos italiano, e incluso aunque no lo hablásemos, somos españolas: podemos entenderlo con facilidad.

 


Así, como resumen. Ahora no sé qué será lo siguiente que os cuente, pero espero que sea algo surrealista, que quitando escaladas de cataratas, negros agresivos y persecuciones de deportistas, hace mucho que no me pasa nada raro y eso me da miedo. Ya sabéis lo que dice Moody: ¡alerta permanente!
Besos para todos y patadas a la gocha.

viernes, 1 de febrero de 2013

El encanto de los turistas

Queridos míos, hoy vengo para hablaros de una de las partes vitales de cualquier erasmus que se precie: el momento en que recibes la visita de tus amigos españoles. Es un punto maravilloso, ebrio y precioso de la experiencia, lo de recibir a tus amig@s implica volver a recorrer todos los puntos turísticos de rigor que ya visitaste al comienzo de tu viaje y, por supuesto, pillarte al menos una moña cada dos días.
Yo lo he llevado un poco más allá, porque los asturianos somos así: si hacemos las cosas las hacemos bien, y así comencé la visita de mis gochis A, L y C con una resaca implacable (bueno, he de decir que es que la noche anterior mi querida flatmate-futura-médica-alemana se despedía de Budapest para regresar a Leipzig y, claro, yo no podía perdérmelo, que para eso estamos los amigos). Las recogí al pie de un funicular un día de no demasiado frío (pongamos unos dos grados bajo cero a lo sumo) y con un paisaje cubierto de nieve. A, L y C iban, como buenas habitantes acostumbradas al clima tropical de Oviedo (en comparación, lo es, en serio), con al menos unas 3 capas de ropa sobre el cuerpo y la rubia se quejaba de que no sentía los pies dentro de sus carísimas Hunter (me desorino, iban super fashion que te cagas, y yo mientras con mis tracillas habituales).
Ni puta idea de lo que es el frío tienen, ni puta idea, que menos dos grados es un lujo incomparable (y los 9 grados que hubo hoy ya ni os cuento, miedo me da). Pero oye, nada quita la ilusión a los turistas, y a su favor he de decir que se quejaron poco (...). Pululamos por ahí, contra viento, marea, lluvia y nieve, y fuimos a parar a mi casa para repostar antes de que las sacase a cenar por ahí (fascinadas quedaron con lo barato que es comer y beber y lo raro de los bares). Así conocieron a la flatmate que se iba y al que se ha instalado en su cuarto: el italianini (le pusieron el mote sobre la marcha y el pobre hombre morirá con él), que no es que sea ningún derroche de encanto pero por lo menos no es como aquel extraño compañero de piso de Ágave. He de decir que ese día apenas nos moñamos, sólo nos achispamos animosamente con unas cervecillas de medio litro a la cena.
A la mañana siguiente me desperté junto a la rubia en una cama ajena y tardé un rato, no creáis, en recordar dónde puñetas estaba (en su aparta-hostel). No diré nada muy insigne del turisteo realizado, tan sólo un pequeño resumen del final de la tarde y la noche: alcohol.


Empezamos con los chupis, seguimos con champán, unas cervecillas y, para culminar, un palinkazo para el cuerpo que entró como agua al visitar el Instant. Ese día me acosté en mi cama (gracias a Dios). Y sola, que ya os veo las caras, gochus pervertidos.

El despertar del último día a mí me produjo media úlcera, ya os haréis una idea (y encima aquí que casi no bebo -parece lo contrario, lo sé, pero no es verdad; bebo más en Oviedo porque esa ciudad o estás borracho o de noche te deprime-) así que el plan fue medio tranqui, deambulando por la biblioteca y las calles, comiendo bocadillo y haciéndome ida y vuelta al aeropuerto para acompañar a estas gochis que ya se iban. Por cierto, las timaron un poco bastante en el tram porque la revisora les vio la pinta de guiris, vaya kurva apestosa la tia.
En fin, que this is life y así os la he contado. Sé que ahora os arrepentís de haber perdido el tiempo. Jejejejeje, jodeos, que en el fondo no tenéis nada mejor que hacer que leerme.
Frigobesos desde zonas criogénicas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012-2013

Hola, corazones de invierno.
¿Os dais cuenta? Vamos a entrar en la segunda parte del curso 2012-2013. ¡Qué nervios, qué nervios, qué nervios! Y hoy cenota a lo grande, y salir por ahí hasta la mañana y...
Es mentira, en mi casa hoy cenamos comida china, porque estamos hasta las narices de cocinar comilonas, y yo me quedo en casita porque mi dinero para esta noche tan insigne/inmunda se desvaneció en forma de entrada para el concierto de Muse. Tampoco me mata, no creáis, porque lo último que me apetece a mí hoy es salir a pelarme el culo de frío en la calle con el vestidito y los tacones de turno o pelearme en plan espartano en la barra de algún bar/fiesta por una copa mal mezclada y cotizada a precio de gramo de antimateria.
Yo volvía a casa por Navidad (como los turrones el Almendro) con la vana ilusión de tener unas vacaciones entretenidas y variopintas. Parece mentira que olvidase lo que es Oviedo: un truño, amigos, sobre todo después de pasarte 4 meses a tu bola completamente y con algo distinto que hacer cada día. Está bien la primera semana porque te plantificas en la puerta de tus padres por sorpresa y les ves la carina y te rías un rato, porque cae Nochebuena y viene la familia y acabas la noche cantando a Nino Bravo con tu padre y porque se produce ese esperado reencuentro con los amigos que tampoco sabían que venías. Ah, y por tu hermana pequeña, que ya no es tan pequeña pero sigue dando el mismo miedo que antes, lo que no deja de ser reconfortante en cierta manera. Lo mejor son las caras.Una vez pasado todo esto, comidas las primeras croquetas y salido de copas un par de noches por los viejos tiempos, se te cae el cielo encima y ruegas por un cambio de algún tipo. Volver a tu erasmus, por ejemplo, que aunque haga un frío que te cagues y tampoco salgas de casa, por lo menos no tienes a tu madre rumiándote en la oreja todo el rato lo que haces o dejas de hacer y donde todavía te quedan cosas nuevas que ver/disfrutar/beber/comer.
Yo, que estaba deseando que llegase todo esto, ahora me planteo muy seriamente aprovecharme de mi tía e irme a pasar los Reyes fuera. ¿Contraproducente? Quizás, pero esta inactividad me está matando. Prefiero pasar 5 días fuera con algo nuevo y medio muerta de agotamiento que esta inacción insulsa que hay por aquí sazonada por los reproches maternales a los que ya me he desacostumbrado.
¿Sabéis qué hago estos días? Escribir y leer. Y de esto no me quejo tanto porque me gusta, pero cuando pasas 3 días seguidos metida en casa sin nada más que hacer que esto y ver pelis, desearías que los mayas hubieran tenido razón.
Besos para todos y que tengáis un feliz año cargado de arco iris, unicornios y conejitos de color rosa o lo que sea.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Morir congelado

Y lo digo sin aversión, en serio. Ya estoy reconciliada con la idea de que los próximos días van a ser poco más que de casa a clase, de clase a café caliente en biblioteca y de biblioteca a casa con sopitas o palinka para entrar en calor. Ayer incluso hasta cayeron los primeros copitos de nieve, todo muy tierno (la imagen de los copos, pequeños y delicados, volando por encima del sex-shop que tengo enfrente fue terriblemente dulce). Hoy, de hecho, he salido de casa (aparte de para ir a clase) para dar una vuelta y dejar que mi sensible cuerpecito se acostumbre al frío antes de que el shock me hielen los lagrimales y ya no pueda llorar en lo que queda de invierno.

Lo bueno que tiene es que así me motivo para quedarme en casa y estudMPFFFF JAJAJAJAJAJAJA no me lo creo ni yo. Lo intento, en serio, cojo las hojas de apuntes e intento sumirme en un estado de concentración oriental, pero no puedo: los personajes no me gustan y ya sé cómo acaba la historia. Todos sabemos que soy como un niño de siete años, si no hay premio no me esfuerzo. Y aquí, como el premio no sea comida... Oh, Dios, me he dado una idea. Me voy a poner como una bola, ¡maldición!



Desvaríos aparte, diré que los phrasal verbs, la Generación del 98 y las cochinadas erótico-modernistas de Valle-Inclán no son grandes instrumentos motivacionales. Lo que sí que me gusta bastante es el tema de la clase que voy a dar el día 11 (sí, el mismo día que tengo un examen escrito y otro oral de Literatura del siglo XX y dos días antes de examinarme de Language Practice, ese día) sobre Lorca. Ese hombre tenía una mirada penetrante, postura de seductor y las ideas claras (salvo por la imagen que da de Nueva York, que parece la visión distorsionada de un pesimista borracho). Lástima que fuera gay y que esté muerto, la verdad...

¿Qué más, qué más? Ya está aquí el mercado de Navidad, sitio maravilloso donde se bebe vino caliente hasta que te has emborrachado sin darte cuenta y se hacen flash-mobs de Gangam Style. Y donde te dan tantos dulces por todas partes que una acaba aislándose del frío gracias a una capa de grasa digna de un manatí en vez de gracias a un abrigo. Claro, es por el frío (el que no se consuela es porque no quiere).



Más cosas buenas del frío: que acabaré de leerme Atonement, el libro más deprimente jamás escrito por un ser humano que no haya sido emo. Por si os interesa, que no creo, os diré que habla de la historia de Briony y cómo una mentira suya condena para siempre a su hermana y el casi novio de esta. De momento no ha habido sexo ni cochinadas, pero cuando las haya os lo digo, por si eso os anima a leerlo (no me dejéis llorar sola).

Y ya está, creo que es una buena crónica por ahora. Quiero decir, dejando a un lado a los tipos locos y guapos que te asaltan en mitad del mercado bailando delante de ti, a los ancianos borrachos que te llaman italiana en el tram, a las múltiples versiones húngaras de las chonis que puedes encontrar potando en las paradas de tram los fines de semana por la noche o a los que se te acercan delante del Burger King diciéndote que van a asesinar una monja (o pidiéndote un cigarrillo, ¡yo qué sé! ¡Si no hablo húngaro!). Ahí dejo esto que es más que nada y menos que algo. Que no se diga que no actualizo.

Paz y amor y no olvdéis de hacer vuestras donaciones navideñas al Círculo de los Guerreros Místicos de Ka'Ha o estas fiestas tampoco comerán caliente ;)

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Viena

HiHello everybody!

Viena no está mal. No pudimos comer Schnitzel, aunque la mañana que nos marchamos nos salían hasta de debajo de las piedras, pero por lo demás, estuvo apañado el viaje. 3 horitas de tren con las Ms, que resultó que iban en la misma dirección, y un hostel con pianista amateur que ganó todo el sex-appeal del mundo tan pronto como puso las manos sobre las teclas compusieron una agradable bienvenida.

Un frío que pelaba, claro, para no perder costumbre (que luego volvemos a Budapest mal acostumbrados, ¡gracias al Cielo que no hubo peligro...!), pero una sólo tiene que vestirse por capas, como los ogros (o las cebollas o las tartas, que según dicen los asnos, gustan más a la gente -si no pilláis esta referencia cuasi bíblica, dejad de leer mi mierdi post e id de cabeza a ver Shrek, que obviamente os hace falta-). Al menos hubo suerte y no llovió ni nevó ni gaitas similares capaces de entorpecer un viaje.

Viena está llena de estatuas. Esto está bien si te gustan esas cosas tan macabras, pero si te has visto las 6 temporadas completas del nuevo Doctor Who y la parte disponible de la 7 que hay hasta ahora, creo que comprenderéis por qué yo tenía los pelos como escarpias. ¡Putos angelitos del demonio! Era imposible mantener un ojo sobre cada figura alrededor, fue un milagro salir vivos de ese infierno (observar figura adjunta):


Hay mucha historia en sus piedras, como buena capital europea imperialista, aunque también tiene mucho de postal; carece del carácter y el encanto de Budapest, Berlín u Oviedo (así, publicidad subliminal sin que se note: venid a visitaaaaaaarnos -sutil, ¿eh?-), todo parece calculado para que los turistas podamos hacernos bonitas y precocinadas fotos con las que recordar "eh, mira, estuvimos en Viena" y ya. Puede que sea cosa mía, el caso es que a mí esta ciudad no me dijo nada.

Por supuesto, era una parada obligatoria. Sería un pecado estar a 3 horitas en tren y no ir, es como si me saltase un viaje de primerizos, y no me arrepiento de haber ido (porque el hombre del piano... y la pizza...), eso que conste. Además, ha servido para descubrirme facetas de mí misma que ignoraba, como el hecho de que soy capaz de perderme incluso teniendo un mapa (y, lo que es peor, arrastrar a compañeros inocentes en el proceso), que no he olvidado del todo mi oxidado alemán (puedo pedir unafoto, preguntar el precio, hablar con alemanes guapos y camareros de hostel, y dar las gracias; para llevar 3 años sin tocarlo, no está mal del todo) y que NUNCA es demasiada comida en un sólo día (estoy desarrollando nuevos estómagos, pienso tener 4 como las vacas para final de año).

(Y esto voy y me lo encuentro pintado en la acera; reflexionad... y averiguad de qué libro/peli es :)

Bueno, no os digo ya más nada, ahí os quedáis con vuestras cosas después de haber perdido el tiempo vilmente con esta entrada. Eso, que Viena bien, pero mejor Bratislava.
Buenas noches y buena suerte ;)

lunes, 29 de octubre de 2012

Fai un cutu...

O, dicho en castellano, hace un frío (que te cagas)...
La madre que me parió, que yo soy de clima tropical, que a mí este frío decembril ovetense a finales de octubre me destroza el reloj biológico interno (y me escarcha la nariz). A Walt Disney le sentará bien, pero lo que es a mí...
Ayer nevó. No por mi zona, esta ciudad es enorme, sino por otra, pero las nubes se mueven, queridos, lo significa que me caerá una nevada fina en cualquier momento. Y en el piso se nos ha petao la caldera, así que no tenemos ni calefacción ni agua caliente. ¿Bear Grylls? Ese es un novato, ¡esto sí que va a dejar un último superviviente! El problema es que aún no hemos decidido cual de las tres compañeras va a ser ni tampoco a quien nos comeremos primero ni nada (porque salir a la calle a comprar a mí me hiela el tuétano, qué queréis que os diga).

No, en el fondo se agradece un poco que ya haya llegado el invierno, el único problema es que si estamos así en octubre, en diciembre morimos. Yo, por lo menos. Pero es un tiempo grandioso para quedarse en casita leyendo a Lorca o a P.K. Dick o viendo las Chicas Gilmore por trigésimo novena vez en la vida, porque en Stars Hollow también nieva y Rory también estudia y hace sus deberes, así que me motiva un poco.
Además, Halloween está ahí, a un tiro de piedra, y aunque no tengamos calabazas, va a haber fiestas y eso, así que hay que encontrar un disfraz desmontable (para ir calentito al principio y fresquito después, cuando me haya tomado dos cervezas y 3 palinkas y está metida en alguna discoteca). De momento, el que más me convence es el de stripper muerta (porque en Halloween todo tiene que ser algo-muerto además del habitual algo-putilla al que estamos condenadas las chicas, por lo visto).

Ojalá llegue pronto R con un chocolatito caliente, porque Lorca no me calienta nada nada (es que era gay, es lo que tiene) y así socializo un poco, que hoy lo más lejos que he llegado ha sido al Tesco y para comprar comida (soy lo que en Asturias se conoce coloquialmente por "fartona").
Voy a ver si avanzo con la luna, la gitanilla, el jinete a caballo, el agua y el verde. Verde que te quiero verde.

Besos para todos menos para los que aún no habéis visto el monólogo de Berto en El Club de la Comedia de hace unos días, y como me siento generosa, hasta os dejo el link: SE NOS ROMPIÓ EL ESPAÑOL DE TANTO USARLO

miércoles, 24 de octubre de 2012

Bratislava

Lo sé, no suena a mucho, pero es porque esta parte de Europa suele ser la gran desconocida a la hora de viajar. Quiero decir, nadie dentro de la media común y corriente, cuando busca destinos para sus vacaciones, dice "Oh, ¿adónde podemos ir? Oh, mira, Bratislava, maravilloso, es una tierra preciosa y perfecta para un viaje.". No, hijos míos, nadie lo hace, no os creáis diferentes a la masa porque no lo hago ni yo y para rara, me basto y me sobro.
Entonces coges y les dices a los que se quedaron en la patria "Mañana me voy a Bratislava" y lo entienden todavía menos que cuando les dijiste que te ibas de Erasmus a Hungría ("¿Qué coño se te ha perdido a ti en Hungría, muchacha?"), por lo menos Budapest es bonito en general y eso lo sabe todo el mundo. Coges el tren y te largas con un grupo de amigos que van tan a la deriva en esto como tú (¿quién sabe, antes de ir, qué ver en Bratislava si no lo has investigado? Porque, admitámoslo, no es que tenga una Torre Eiffel, un Big Ben ni un Coliseo...), con la incertidumbre en el cuerpo.
Pero luego llegas y te gusta, porque no tiene nada que ver con la parte de Europa de la que somos nosotros, sucios imperialistas occidentales. Todavía pueden verse los vestigios de años de guerras y miserias, de las épocas soviéticas y además hace un frío del carajo por estas fechas, aunque eso no es inconveniente para descubrir que tiene cosas preciosas y un encanto completamente diferente.


Donde menos te lo esperas surge algo especial, un castillo sumido en la niebla, una iglesia que parece de juguete o un restaurante con mesas que podrían ser altares para sacrificios humanos. Nada que hubieras imaginado encontrar allí. Comes algo típico, cuya descripción en el menú te parece el mal menor de todo lo que has leído hasta ahora, y te das cuenta de que a lo mejor no odias a todas las coles por igual (porque esos buñuelitos estaban buenos, maldita sea), y compruebas que los helados del McDonalds son más baratos allí, así que maldices el resto de ciudades del mundo.
Casi no te percatas de que se te está criogenizando la nariz o de que los padres de los niños de ese parque infantil en el que estás haciendo el retarded con tus amigos os lanzan miradas asesinas. Lo pasas bien, ves lo bonito inesperado, coges un catarro y en un supermercado te enteras de que hay una marca de condones que se llama Pepino.


Vamos, en general y resumiendo, te das cuenta de que, para tu sorpresa, hay vida más allá de las fronteras conocidas, aunque cuando recomiendes visitarlo la gente te mire con cara de "esta piba está loca".
Un poco en el fondo...


sábado, 13 de octubre de 2012

Diabetes

Eso es, me he comido el equivalente a una diabetes. ¿Y sabéis qué? Que me quiten lo bailao, porque me priva. Qué sitio, amigos, podría haber sido perfectamente el hogar de Willy Wonka y, definitivamente, haréde ello mi hogar en algún momento de mi vida; la pobre R ha tenido que sacarme a rastras de allí, casi me encadeno a la mesa...


Y luego un paseíllo, porque cualquiera se queda sentado después de eso, sintiendo su culo expandirse y comprometer los límites físicos del vaquero... Claro que no salió como esperábamos, porque íbamos buscando Nyugati (la estación de tren) para ver cuánto es ir y volver a Viena, pero como somos unas pobres desgraciadas pues nos metimos por la calle que no era y etc. Ya os haréis una idea. Eso sí, oigan, las calles preciosas.
R y yo ya tenemos un bonito historial con lo de ir a los sitios y no llegar nunca. A mi próximo relato lo llamaré "La oficina de inmigración que no existía": sacas el mapa, estudias las líneas de tram, vas al quinto carajo, que es una zona de gueto total, y ¡puf! La oficina desaparece misteriosamente las dos veces que pretendemos ir. El resto del tiempo está en su sitio, estoy segura, pero creo que nos huele acercarnos... Entonces acabamos paseando in the ghetto (y esto, con la voz de Elvis, resuena en mi cabeza constantemente en un ciclo sin fin, como decía el Rey León), porque hasta eso es bonito en Budapest. Qué turbio.
¿Más cosas? Oh, sí, cuando tus adorables amigos húngaros os juntan a un puñado de españoles inocentes y dicen "Vamos a llevaros a un mirador", pero obvian la parte en la que hay que subir un monte a través del bosque para llegar. Simplemente entrañable: el escenario de Km.666, el frío glacial, la congelación parcial de algunos de tus dedos... Pero llegas allí entre los árboles, a la torre de Erzsébet y miras y...


Mucho mejor, ¿no?
Luego ya te bajan, te meten en un metro, te dicen de tomar algo y tú piensas "¡Oh, sí, chocolate calentito!" y ellos te llevan a tomar un litro de cerveza y/o chupitos de palinka. Tenemos que trabajar la comunicación.
Bueno, nada, es todo cuestión de llegar a casa y meterse bajo un chorro de agua hirviendo en la ducha, así se recupera la sensibilidad de los miembros.
Y ahora me largo, que hay una fiesta de salsa en el Barrio Latino (que es un bar, no un barrio, cuidado queridos míos) y yo tengo que buscar mis zapatos de baile ;)
No hagáis nada que yo no haría y disfrutad el sábado noche, sweeties.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Cómo viajar a Budapest: parte I

¡Hola, criaturitas de mi corazón!
Hoy he dejado a un lado mis estudios con gran dolor de mi corazón (sí, ya) para escribir una entrada con algunos consejillos básicos para la supervivencia en estas extrañas e imperales tierras europeas. Más que nada, por si alguno de vosotros se digna a venir a verme en algún momento de vuestras atareadas existencias (y el "cabrones" queda implícito, pero lo notáis, ¿a que sí?).
Voy a obviar los detalles de mi vida (como que haya gente que no me considere capaz de manejar 6 asignaturas en un semestre -en España manejo 8, pero debe de ser que el agua de aquí nos vuelve tontos o eso piensan fuera- o que haya confundido ya el "paprika" normal con el picante y haya visto las estrellas -las que llevaba en los ojos el tipo de Juke Box Hero- ya alguna vez) y me voy a limitar a unos pequeños comentarios que seguro que os servirán de mucho nunca jamás :)

- bebe agua del grifo, que esto no son las Baleares (vamos, que no te va a matar)
- si quieres café, busca un Coffe Company o bebe en alguna cafetería autóctona, que el café de aquí es bestialmente bueno
- si vas a usar transporte público, compra el billete, que las multas pueden dejarte tiritando (y además los estudiantes pagamos menos, sólo 13 euros por un pase de un mes, así que no seáis roñosos)
- prueba y repite el langosh (que es como pizza pero mejor), los strüdel y el kürtöskalács (aunque éste mejor que no sea de cacao, porque te empalagas; canela o almendra es mejor)
- di "Köszönöm" (gracias), "Szia" (hola), "Jo nápot" (buenos días), que les gusta oír que por lo menos algo del húngaro ha calado en ti (creedme, será el único húngaro que aprenderéis, para hablar esto hay que llevar un chip)
- aprende palabras básicas antes de ir al supermercado (paprika -pimiento-, sonkas -jamón-, tej -leche-, paradicsom -tomate-, jegsalat -lechuga-, kavé -CAFÉ, y con mayúsculas, que sé que te va la marcha-,...) más que nada por la supervivencia
- aprende palabras básicas antes de ir de bares (sör -cerveza-), y la típica de aquí, que es la Soproni (normal, con limón, con naranja...). El dicho era "Paz y sör", ¿no?
- sé que todo está lleno de Burguer King, KFC y McDonalds, pero sinceramente, los kebaps aquí lo parten
- cerca de Astoria, Deak Ferenc Ter (!), Oktogon, Opera o Calvin Ter son MUY buenos sitios para quedarse, porque estás céntrico que te cagas (jo, qué poético me ha quedado eso)
- pasea de noche. Aunque esté helando o haga falta un sherpa para moverse por la nieve, no importa. No hay nada, NADA, como Budapest de noche
- si dices que eres español, te vas a comer un montón de roscos; si dices que eres española, te haces la reina
- si vas a quedarte para rato, hazte con una tarjeta de móvil, que son baratitas (T-Mobile, por ejemplo, te la da por 16 euros con 8 euros en llamadas)
- LOS MEJORES BARES PARECEN EDIFICIOS ABANDONADOS; en serio, Szimpla es genial, pero si lo ves de día y con las puertas cerradas sólo puedes pensar en un antro del crack (y como este, muchos otros)
- Ikea está al final de la línea roja de metro (en Örs Vezer)
- HAZTE UN FACEBOOK; deberías tenerlo de normal para no ser el antisocial de tu grupo, pero aquí conoces tantísima gente en un sólo día, que es la mejor manera de controlarlos a todos y socializar cuando no estáis en el mismo espacio vital
- camina. Esta ciudad no se hizo para recorrerla en bus ni en metro ni nada de eso (salvo que vayas a hacer determinados recados). Camina, camina, camina, porque a cada dos pasos, hay algo fascinante
- si te gusta leer, esto está lleno de librerías de segunda mano (Dios bendiga Budapest)
- si te gusta viajar, los trenes a los países alrededor están tirados (30 euracos a Viena, ida y vuelta, con 3 días de metro allí)
- si te gusta la música, en verano sobre todo vas a encontrar conciertos por todas partes: jazz, folk, rock nacional, etc. Y luego, entrando en climas fríos, vienen a dar conciertos los grandes (Muse el 20 de noviembre, ¿alguien se apunta? ¡Vivid un poco!)
- si te gusta ir de compras, hay tiendas de segunda mano y outlets en cada esquina
- trae un antifaz; aquí, como en media Europa, no saben lo que son las persianas
- NO CONFUNDAS BUDAPEST Y BUCAREST, o acabarán odiándote

De momento nos quedamos con esto. Básico de lo básico, vamos. Ya no tenéis excusa para no venir a ver esta ciudad.
Besos para todos menos para los que esta noche os quedáis en casa (ya dormiréis cuando os muráis, ¡a moverse!).

martes, 11 de septiembre de 2012

98 magdalenas

Paso de contaros mis movidas con la elección de asignaturas, en serio, paso. Paso, porque es una mierda decir que las aulas son pequeñas y que como no he solicitado plaza antes, entonces ya no puedo ir a algunas clases. Claro, yo qué iba a saber, no es como si el coordinador de mi acuerdo en España se hubiese molestado de enterarse de este tipo de cosas (no, él está de viaje todo el verano y a nosotros, desamparados alumnos con cara de susto, que nos den morcilla, no vaya a ser que alguien sea responsable y haga el trabajo que le toca ¡Dios mío!).
Voy a pasar de contaros también cómo he dado cincuenta vueltas en el mismo día para al final solucionar una cosa por e-mail (hacedme caso, tanto si os vais como si os vais a ir, usad el e-mail para todo, porque así te ahorras desarrollar una misantropía galopante como la que ya me he diagnosticado yo a mí misma).
Lo que sí voy a deciros es que mi casa huele a cebolla frita (?!) y que, como es mi segundo día de clase, ya tengo trabajo que hacer y una presentación que preparar para la semana que viene. Ay, ha sido buenísimo cuando mi profesora ha dicho que quería hacer una introducción a la Literatura y la CIENCIA españolas, he tenido que morderme la lengua tan fuerte y aguantarme tanto la risa que casi reviento (es que no está bien reírse a carcajada limpia en mitad de clase, por muy graciosa que sea la cosa). Pobres, no saben cómo está la cosa por mi patria (je, todavía me dan risillas sardónicas de esas cada vez que lo pienso, qué cachondos los húngaros).

Lo que sí voy a deciros es que son las cinco menos diez de la tarde y llevo cerca de una hora transcribiendo la conferencia más aburrida del mundo. Se me están desgastando las huellas dactilares y odio a la Generación del 98, lo cual no deja de ser una putada, ya que vamos a pasar mucho tiempo juntos este semestre. Ay, Unamuno, no te moriste lo bastante pronto... (qué maldad me sale cuando estoy hasta los ovarios).
Mi otra desgracia del día es que he descubierto un Coffee Company al ladito de casa. ¿Desgracia? diréis. Desgracia, responderé, porque están llenos de cappucinos y muffins y tartas, y yo carezco de fuerza de voluntad para negarme los placeres o ir al gimnasio. Va a tener razón Jara y tendré que buscarme... erm... deportes alternativos. Para quitarme la mala leche del 98 y quemar los muffins, digo.
Bah, qué demonios, Dios sabe que soy demasiado vaga hasta para eso. No, comeré y leeré en la biblioteca y cuando me parezca a Jaba el Hutt, entonces llamaréis a la grúa para que venga a buscarme. O también puedo prohibirme a mí misma salir de casa en los próximos 9 meses, así tendré que sobrevivir con una lechuga, 4 tomates, 3 cebollas, jamón york y algo de queso. Ah, y un yogur de fresa, que casi se me olvida (tranquilos, es desnatado). Lo veo venir.

Me vuelvo a mi Generación del 98. Qué bodrio, colega.
Besos para todos menos para los que estáis de resaca; que yo ya he empezado las clases y soy muy envidiosa. Cabrones.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Nido y patatas

No hay hogar hasta que no haces tu primera tortilla de patata. Es tan sencillo como eso, de verdad. No hay hogar, no hay... no sé qué que qué sé yo, ya sabéis. Hay que coger la sartén y los huevos y ponerse manos a la obra (estáis pensando cosas malas; os vigilo, pervertidos). Ya sabes que no va a salir bien: demasiada patata, olvidaste la cebolla o se te pegó todo al cazo y la cagaste, amigo, porque ya no será tortilla, sino "deconstrucción de tortilla" (una de esas cosas que hacen ahora los modernos, porque una tortilla normal es tan... vintage). Pero saldrás adelante y te la comerás, por orgullo más que por otra cosa, porque es tu tortilla de patata y te lleva a casa bocado a bocado y, además... qué coño, porque si tú no te atreves a comértela, menos va a atreverse otra persona (seguro que la presentación es una mierda, claro, pero el sabor rico rico está ahí de todas formas).
Pues es lo que os digo, que acabo de hacer mi primera tortilla, así que de alguna manera retorcida he hecho de este piso de techos para gigantes mi casa un poco más. Gracias a Dios y para ahorrarme la humillación, por lo menos no ha habido testigos; no sé por qué demonios la gente piensa que por ser española una debe de llevar la tortilla, la paella y el flamenco en las venas. ¿Qué es, que si eres alemán lloras cerveza o algo? Clichés...
En fin, que me ha faltado huevo y se me ha pegado al fondo del cazo, así que ninguna maravilla, pero está buena aunque se caiga a trozos, y voy a guardar lo que me ha sobrado en un tupper para comer otro poco mañana y así hasta que la acabe. Y con orgullo, que para algo es made in española por el mundo, ¿no?

lunes, 3 de septiembre de 2012

Bárbaros, cerveza e indecisión

Las cosas mejoran, claro (si hubiesen ido a peor, sería porque me habrían llevado a comisaría o algo así). Ya tengo compañeros de piso :)
Después de que el italiano de la NBA desertase (era muuuuuuy alto, de los que cogen las manzanas sin escaleras en el pueblo, vamos) y se marchase con mejor fortuna a una cocina más amplia y, bueno, habitable, temía haberme quedado sola para siempre. Eso habría sido una lata, porque aquí para tener gato hay que tener una licencia y eso lo dificulta todo, y yo habría tenido que hacerme por lo menos con 10 o 12 gatos para poder ser una soltera solitaria auténtica, así que imaginad el papeleo...
¡Pero no! Hay dos jóvenes y tiernas criaturas bajo mi techo ya: chicas, alemanas, rubias y Lenas. No, nada de chistes, las DOS se llaman LENA. Voy a tener que ponerles números o asociarles los nombres de las frutas que dan nombre a sus cuartos (una duerme en la Papaya Room y otra en la Mango Room; yo soy la Mandarina ;) o rebautizarlas como Sigfrida y Gildegaard para no liarme, porque con lo negada que soy yo para estas cosas, la confusión acabará matándome.
Y son las dos monísimas, ya os digo, rubias y con carita de buenas. Y luego estoy yo, morena y rellenita. ¿No podían tener algo malo? No sé, ser chepudas o casi calvas o que les faltasen algunos dientes o... No, me he ido a vivir con la raza aria, amigos, y eso está minando mi autoconfianza. Aunque me tranquilizo pensando que tengo más tetas que ellas dos juntas (el que no se consuela es porque no quiere).
Dejando las invasiones bárbaras a un lado (y lo digo con todo el rigor histórico sobre la palabra "bárbara", que conste), puedo enorgullecerme de haberme integrado un poco más en la vida húngara joven: hoy he comido kebap (gyros para los amigos de por aquí) en la cafetería de la facultad con dos amigas húngaras cuyos nombres no daré para proteger a los inocentes (o sea, a MÍ) y luego he comido lo que sería el Huesitos de aquí: una barrita de chocolate negro relleno de "cottage cheese" (término que aún no me he molestado en buscar y/o traducir). Delicatessen basura, de las que van directas a las cartucheras convirtiéndote en una Kardashian cualquiera. Además hemos bebido cerveza en Deàk Ferenc Tér, saltándonos a la torera, por supuesto, la ley recientemente estrenada en el país de que está prohibido beber alcohol por la calle. ¡Mi primer delito húngaro! Estoy orgullosa, en serio.
Y terminamos la jornada con el entrañable momento en que decides comprobar la lista de asignaturas disponibles, porque el miércoles tengo que ir a hablar con la coordinadora de Español. Puedo coger lo que quiera siempre que me cuadre el horario, aunque eso no es problema porque aún no hay horarios (¿quién dijo que echaría de menos la Universidad de Oviedo? ¡Todas son iguales!). Puedo estudiar "Literatura y cine" o "La nueva narrativa hispanoamericana" o hacer "Prácticas de enseñanza". Ya sé que no suena maravilloso para nadie que no sea una extraña criatura de biblioteca como Hermione Granger o yo, pero lo es. En serio. Menos recochineo, mostrencos.
Y así andamos. Por cierto, he hecho un gran avance por otro lado: he conseguido que la nevera deje de congelarme las lechugas (literalmente, no es ningún eufemismo pervertido, lo juro).
Me alegra comprobar que las cosas progresan. Si no, ya estaría buscando vuelos para irme de vuelta a España el primer puente que pillase. Tranquilos, que no. Estoy buscando vuelos para irme a ver a Agapita a Londres por Halloween. Ella no lo sabe todavía ;)
Besos para todos menos para los que os dejáis la musiquilla de Nokia como tono de llamada; nos leemos ;)

miércoles, 29 de agosto de 2012

Dejarlos ir

Dicen que no hay cosa más dura que ver partir a los hijos. Bueno, pues no es verdad: es ver partir a los padres.
Pensaréis que estoy chiflada, pero es la verdad; aun cuando disfrutas de la soledad cuando estás en casa y te pone de los nervios que tu madre ande entrando, saliendo y dándote la chapa con las cosas todo el día, en el momento en que te ves en una ciudad extranjera sin saber cuándo volverás a casa seguro, ver marchar a tus padres te deja un vacío existencial.
No ayuda nada que haga ya 10 días que no ves a tu hermana pequeña ni que a tu madre se le salten las lágrimas ni que tu padre te abrace como si te fueras a la guerra. Tampoco ayuda llegar a tu nuevo cuarto y darte cuenta de que no conoces a nadie en esa ciudad y que no entiendes a la gente cuando te habla, que no tienes clases en las que conocer gente y ocuparte hasta dentro de 10 días ni que todo el mundo que ves por ahí parezca tener algo que hacer todo el rato. No ayuda, no ayuda, no ayuda.
Echas de menos tu casa, tu cuarto, tu nevera y tu baño. Echas de menos a tus padres cuando pensabas que no iba a pasarte (porque... ¿para qué te vas de Erasmus si no es para, en parte, gozar de la vida independiente también?). Todo es extraño e intentas mantenerte ocupada para no notarlo mucho, pero cuando te paras cinco minutos, ahí está.
A lo mejor es sólo aburrimiento, pero a mí el aburrimiento no me ha hecho llorar nunca como hoy al deshacer las maletas. Menuda estúpida estoy hecha cuando tengo el síndrome premenstrual.

sábado, 25 de agosto de 2012

"No hay huevos"

Seguro que todos vosotros, las cuatro personas que me leéis y esos dos que habéis entrado por error y sólo estáis leyendo la primera línea, habéis sucumbido al menos una vez a un "no hay huevos". Lo siento, es lo que hay, naturaleza humana que podríamos llamarlo. Pues bien, de un "no hay huevos" estoy segura que surgió Ryanair.
¿Cómo si no nos explicamos el tortuoso reto que supone volar con ellos? Porque no sé vosotros, pero cada vez que descubro que el billete con el que vuelo/voy a volar es de Ryanair, se me sube un líquido ácido y corrosivo por el esófago...
"¿A que no hay huevos a vacilarles con el equipaje de mano?" Claro, eso tiene sentido, por ello es que cuando llegas al avión, tienes un asiento pero no sitio para meter tu maletita. ¿Qué genio ingeniero diseña estas cosas?
"¿A que no hay huevos a tenerlos esperando durante una hora en la cola?" Adelante, queridos, tardad lo que queráis, no importa que tengan que ir a buscarme al aeropuerto de destino y llevemos una hora y cuarto de retraso. Por lo menos podíais invitaros a una coca cola o unos cachuetes, por las molestias, vamos. Cabrones agarrados...
Y como esto, cinco mil cosas más. Pero, amigos, desde ayer por la noche a las dos y media de la mañana, que fue la hora a la que llegué a mi camita (deseada, deseada y suave camita) una hora y cuarto más tarde de lo que debería, tengo la firme intención de no volver a acercarme a Ryanair ni con un puntero láser. Prefiero gastarme 50 o 100 euros más y no tener que llevar la maleta entre las piernas en el suelo ni volar con más retraso del que puede tener un tertuliano del Sálvame ni tener que aguantar los comentarios "humorísticos" del jefe de cabina chistoso de turno.
En serio, señores, un poquito de por favor.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Puntos de inflexión

Cuando estás al borde del Erasmus (que es como decir "del ataque de nervios"), y me refiero a los tres meses de verano previos, hay varios puntos de inflexión a los que tienes que enfrentarte.
"Despedidas" estaréis pensando, "decir adiós a la familia, a los amigos, sin saber si volverás por Navidades o si te secuestrarán unos compañeros de piso locos que acabarán tirando tu cuerpo a un río" (lo de morir a manos de tu compañero de piso parece que se estila bastante, no es que yo me lo esté inventando, y a los noticiarios me remito); quizás algunos piensen "Miedo, ¡miedo! Miedo a irte a una ciudad extraña, puede que sin tener siquiera un techo a tu llegada y probablemente no entendiendo muy bien lo que te digan en extrañas lenguas extranjeras" (más aún si eres como yo, que en vez de elegir un destino normal, coges y te vas a Hungría -con lo bien que está Alemania en esta época del año...-).
Voy a romper vuestra burbuja, queridos. Los puntos de inflexión no son ni las despedidas (punto que tocaré más tarde) ni el miedo (este no voy ni a tocarlo, porque se me sube un no sé qué por el esófago que no veas), son básicamente otras dos cosas: tu madre y tus maletas.
Tu madre, esa entrañable criatura que te dio la vida (y ahora te la roba lentamente... no, es broma -creo-) y que considera que tu salida del nido es la primera (o sexta u octava si ya te ha salido barba) señal de que ya no eres un crío, de que no te quedan más que dos telediarios para que te largues ya definitivamente (aunque tal y como está la cosa, pongamos diez telediarios y una tanda de anuncios de Antena 3) y entonces comienza a tener esos momentos tiernos de "Ay, te voy a echar de menos, cariño", "¿Por qué no vienes a pasar un ratito conmigo al salón?" y similares. Luego eso deriva a "Apunta, que he buscado los teléfonos de todas las embajadas, Emergencias, Polícia, Bomberos, Ambulancias, las direcciones de todos los hospitales y los horarios de siete farmacias, por si alguna te falla. Y llévate una chaqueta, que luego refresca.". No sé vosotros, pero a mí eso de que me saquen de casa, ya pensando en que voy a necesitar una ambulancia y una embajada, malo. Un padre, sin embargo, hace un gesto de victoria y dice "¡Una menos! Sólo queda la pequeña.".
Y las maletas, ¡ay, las maletas! Mete un año de calor, frío glacial, lluvia, viento, clases, fiestas y demás en maletas... No, en serio, mételo, te reto. Y más todavía con los límites de peso de Ryanair, que son unos zorros quisquillosos y petardos. Los odio, a todos. Ni siquiera te dan cacahuetes en el vuelo. Cabrones.
Esos son los puntos clave. Luego, claro, quedan otras pequeñas cosas que te llevan friendo ya un tiempo: los papeleos de la Universidad, cuyos administrativos no tienen ni idea de lo que hay que hacer ni  de cómo hay que hacerlo; solicitudes de becas para costearte este pifostio, porque no es otra cosa, y tener que esperar horas en colas para pedir/entregar papeles; despedirte de la gente... Gente a la que ves menos cuando estás aquí que cuando te vas te dice que "tenemos que quedar, tía, que te marchas". Vamos a ver, si no te veo durante el año, ¿qué te hace pensar que voy a querer hacerlo ahora? Cruel, sí, pero la cuenta atrás pone de los nervios; tengo muchas cosas que hacer, ¡no me des la murga!
¿Se me nota mucho que me voy pasado mañana? ¿Que tengo una maleta por cerrar? ¿Que todavía no he encontrado alguien la Universidad capaz de contestarme a una sencilla pregunta? ¿Que aún no tengo un sitio donde vivir en mi destino?
Pues nada, ya os iré contando, porque la cosa promete. Quiero decir, no hablo ni gota de húngaro, esto va a ser divertido.