viernes, 24 de abril de 2015

Sangre de gallo y cañas con limón

Ayer me ungieron en una secta hispánica. Suena a argumento de Embrujadas, ya lo sé, pero es real como la vida misma. Nos hicieron desfilar (pero sin música, por la falta de presupuesto) con una vela en la mano, encenderla en un cirio gigante, aguantar el discurso de costumbre, ponernos colgajos con los colores de la bandera de España, firmar libros de visitas y cantar el Cara al Sol. Bueno, esto último no, pero habría sido la guinda, ¿no? Al menos nos dieron pincheo, pero sin vino (por lo de la falta de presupuesto otra vez, cabrones...). Fue todo muy emocionante, el tipo que nos dio la charla era súper majo, estábamos todos monísimos de la muerte y yo casi reviento de aguantarme la risa. De hecho, salgo pasándolo fatal en todas las fotos, con lo poco expresiva facialmente hablando que soy yo... Claro que, cuando incluso el cabecilla de la secta tiene problemas para no reírse en mitad de su presentación, pues como que te sientes mucho más justificada. Yo lo que noté fue una grandísima carencia de sacrificios rituales, ¿qué ha pasado con los viejos tiempos en que se necesitaba la sangre de una virgen y eso? ¿Ni destripar una cabra ni nah?

Sectas a mí...



En otro orden de cosas... This is the end, my only friend, the end... ¡Fin de semestre! ¡Aleluya! ¡Libres domingos y domingas! Ejem, perdón. Quiero expresar mi emoción por la llegada de las vacaciones. Gracias, gracias, gracias. No es que trabajar, estudiar y esas cosas de la plebe no sean maravillosas, pero donde esté un buen daiquiri tirada en la terraza tostando al sol, que se quite lo demás. Me estoy convirtiendo en casta, ya lo sé.
Lo único malo de esta recta final es corregir cosas, porque de repente llueven redacciones, exámenes, pruebas orales (que suenan más interesantes de lo que en realidad son) y otros rollos que nunca habríais imaginado. No sé yo si esto de dar clase es tan guay como parecía al principio, Creo que voy a dejarlo, volverme a España y opositar para una plaza en el Ministerio del Tiempo, que me parece que cotiza bastante. Trabajar codo con codo con Rodolfo Sancho me motivaría más que los tés gratis que me ofrece el departamento de español, qué queréis que os diga.
Pero no, la vida no es tan emocionante, y por eso estoy aquí soltando un rollo el viernes por la noche, después de haber hecho la colada, corregido exámenes y comido una hamburguesa, cuando en realidad debería andar por ahí, bebiendo chupitos y bailando encima de las barras de los bares.

Betty White es mi animal espiritual

Esto me lleva a la tercera parte de este soliloquio: Cádiz. Me marcho, nenes, trabajo de verano en la ciudad del amor (para mí cualquier ciudad en la que me den tapas es del amor, que quede claro). Me quedan tres semanas para ir a hacer de niñera de 26 mujeres en efervescencia hormonal, ponerme morena, comerme marrones (que son inevitables, como el viento y la muerte)  y tomarme unas cañas. Terraceo, terraceo. Afortunadamente para mí, mi prima K andará por esos lares y podrá mostrarme las delicias del sur (como buena nativa de Invernalia, para mí esto es como adentrarse entre los Dothraki). Nada será tan sencillo, pero será una buena experiencia. Y así puedo subirme un finde exprés a ver a la familia, que buena falta nos hace tener un cara a cara. Creo que mi madre ya no recuerda mi bello rostro y quizás mi hermana haya acampado en mi cuarto. ¡Se impone una parada para reconquistar mi territorio (y comer un cachopo)!
En realidad, ya estoy a un tiro de piedra de pasarme por los praos (el 17 de julio llego de verdad), pero un pequeño avance no hace mal a nadie (pensad en ello como en el tráiler). Además, les debo a mis padres y mi hermana tantos regalos atrasados que me van a confundir con uno de los camellos de Melchor (y viniendo del sur... bueno, no he dicho nada).



Además, quiero dejar constancia para mis queridas y filológicas S y M de que utilicé vilmente a nuestro fascinante DesEsseintes para rellenar una presentación hace dos semanas. Y gustó. Está claro que el episodio de la tortuga puede conquistar a cualquiera, Desi suele tener ese efecto sobre la gente.
Y, a la vez, es necesario recalcar que S se ha convertido en una SUPERESTRELLA DE LA LITERATURA. Todos los que me estáis leyendo, enrollaos y colaborad extendiendo su palabra, porque nada de lo que ella haga puede ser malo: http://www.trabe.org/llibru.asp?id=2210 
Nunca os pongo deberes, así que no os pongáis pejigueros y haced lo que os digo, que para algo estáis en mi blog. Todos estamos tan TAN orgullosos de ella que daremos el coñazo diariamente con "Las costumbres vacías" hasta que sea tan popular que Pérez Reverte sienta la necesidad de insultarlo. De nada, S.


Con esto os dejo. Seguro que se me quedan cosas en el tintero, pero es que estoy viendo temporadas viejas de Embrujadas y no puedo prestaros más atención. Además, estoy mirando en un mapa a ver dónde acabo mañana, que me voy a ver un piso. El anuncio parecía normal, pero si no escribo nada antes de dos meses, es que eran asesinos en serie y estoy descuartizada en su sótano. Decidle a mis padres que los quiero.
Besos para todos menos para los que no estáis pensando en folixa. Ya es hora.

jueves, 26 de marzo de 2015

Las feministas son amigas, no comida.

Hoy un grupo de feministas me ha dado de cenar. No es que yo lo fuera pidiendo, es que han preparado una conferencia de Gender Studies (que es como decir que he ido a hablar de mujeres y hombres y viceversa con otros pringadillos como yo), Cr y yo hemos hecho nuestras ponencias y a cambio nos han dado pollo parmesano con verduras, tarta de chocolate, limonada y cupcakes de red velvet. A mí, me ha compensado el esfuerzo de hablar de literatura en inglés, he recuperado todas las calorías perdidas.

Lo que pasa es que cuando vas a estas cosas siempre hay alguien raro. Siempre. Si no lo identificas, probablemente seas tú. En este caso, Cr y yo fuimos testigos del más extraño video jamás creado para ocasión semejante. Yo me esperaba mujeres furiosas, reivindicación, "me gusta ser mujer" quizás algún desnudo integral que reivindique el potorro como icono posmoderno. Bueno, pues ha sido muy desconcertante y no quiero recordarlo, porque me arden los ojos. Solo diré que aquí son todos tan políticamente correctos que decirle que no a un jandicapado (handicapped para los que sois guays) parece el equivalente a quemar cachorritos en la hoguera. En fin...

Whatever...

Venga, que sí, que ya, que hacía eones que no actualizaba. ¿No os dais cuenta de que es la historia de siempre? Jodó, qué pesaditos.

El caso es que he pasado una etapa complicada, por so y por arre. El domingo por la mañana mi padre me llamó muy temprano para decirme que mi abuela había muerto. La mujer llevaba unos días bastante pachucha, pero parecía que se recuperaba bien y... Fue un día bastante duro en general y no es que los posteriores hayan sido fáciles, pero hacemos lo que podemos. Vosotros que aún estáis a tiempo, llamad a vuestros abuelos y probadles que os acordáis de ellos. Es solo un consejo.

También he tenido una buena noticia, la semana antes de esto me comunicaron que había quedado tercera (empatada) en el concurso de novela Contacto Latino de la Editorial Pukiyari, siendo la primera mujer en ser premiada. Me alegro por Mate y Jane, que fueron capaces de seducir a alguien con sus chaladuras de yonkis intergalácticos.

Como podéis comprobar, llevo unos días emocionalmente confusa por la mezcla de acontecimientos. El martes, por ejemplo, asistí a lo mejor que se ha hecho sobre un escenario jamás: Der bestrafte Brudermord, o lo que es lo mismo, una versión cómica de Hamlet hecha con marionetas. Vamos a ser sinceros: los americanos nos sacan años de ventaja, porque esto un europeo no lo habría hecho jamás. Hacía mucho tiempo que no disfrutaba algo tanto (pensad lo que queráis, pero reflexionad al respecto).

Confusión emocional.

Sea como fuere, mi mente preclara ahora mismo asimila solo dos cosas: una, que llegan mis 5 días de Pascua para gozar la semana que viene, y dos, que ya me puedo poner las pilas a hacer cosas, que hay que entregar ensayos finales y yo estoy aquí sentada en YouTube. Ah, no, son 3: me encantaría cobrar de una buena vez, que es lo que me da la vida generalmente (y para comer).

Eso sí, entre que cobro y no, mis alumnos me regalan grandes momentos. De ellos he aprendido que una tiene "una amiga corta" (que no baja), que los Reyes Católicos "conquistaron al último moro de Granada" (con sus dotes de seducción) y que los árabes "inventaron las zanahorias" (los fabricantes de zumos les deben tanto...). Es que son infinitos en su sabiduría...

Además, el día 9 me toca exponer cosas (naaaaaaazis, Peter) sobre Octavio Paz en poesía hispanoamericana y el 11 me toca ya hablar en otra conferencia. Mi tema elegido es DesEsseintes, mi mejor amigo de quinto de carrera y el único hombre capaz de sorprenderme, fascinarme y horrorizarme aleatoriamente pero de continuo a  partes iguales. Hola de nuevo, viejo amigo. Sara y María estarían tan orgullosas...

Si me vierais ahora mismo, en pijama y viendo monólogos de Eva Hache en el sofá, comprenderíais que mi nivel de actividad no es muy colaborativo con las causas. Yupi. Mierda.
Bueno, al menos ya le he puesto título a uno de los ensayos. Os daré una pista: es una frase de una canción de Karina (porque yo soy así, creativa y nostálgica)



De todas formas, olvidándonos de este futuro diabólico, si nos remontamos un poco más al pasado, puedo hablaros de la semana que Agapita pasó durmiendo en mi sofá. Fue muy emocionante: experimentamos las cuatro estaciones en ocho días, conocimos 3 ciudades y nos bebimos nuestro peso en alcohol. Fue divertido, pasamos una noche en Nueva York, durmiendo en un hotelazo de 5 estrellas que me ha hecho decidir dejar la literatura y casarme con un viejo millonario, porque yo ya no sé viajar de otra manera. Fuimos de compras a porrón, comimos mazo (sobre todo dulces, que ye lo guapu) y bitcheamos (es decir, que criticamos y nos quejamos de todo).

A y J flipaban en colores con Agapita (y ellas que pensaban que yo era especialita...), que es famosa por su proverbial encanto y dulzura, ¿cierto? Jé, claro. El viaje a Atlantic City y la moña del primer día en la zona histórica de Philly pasarán a la posteridad. También la tormenta de nieve que nos tuvo atrapadas en casa un día entero (y en que nadie, ni siquiera los chinos, querían traernos comida a casa), la narcolepsia galopante de Agapita o su dominancia a la hora de ponerme Gran Hermano Vip (ya os digo que he olvidado cómo multiplicar y ya no recuerdo cómo hablar alemán).  Fue lovely que te cagas, espero que ella lo haya disfrutado igual :)

Agapita en un gif.

Creo que voy a parar aquí. No voy a contaros que tengo un nuevo bolso amante rosa, que estoy enganchada a la serie sobre Isabel la Católica o que hacer listas sobre alergias para el programa de verano en Cádiz está sobrevalorado (sí, pavos, me voy a trabajar un mes en verano a Cádiz, por lo menos tendremos calorsito, mi amol). Tampoco voy a explicaros el diluvio que está cayendo, solo os pido que traigais vuestra pareja de animales, que el arca zarpa al amanecer.

Y, desde luego, no pienso transmitiros mi cabreo galopante por culpa de la gente. Por lo visto está muy de moda asumir que si te mienten jamás te enterarás. Es eso o que sudan pensando que les pillen, vamos. Lo que quiero decir con esto es que SI CONOZCO A ALGUIEN, HABLO CON ÉL/ELLA, así que no asumas que no me voy a enterar de las cosas. En este sitio, el que no corre vuela, pero estas cosas siempre salen a la luz. Me cabrea mucho que me oculten las cosas. Solo digo eso.

En fin, ya os hablo más cuando me dé la gana. O el mes que viene. Según caiga.
Besos para todos menos para los que coméis sin engordar, vosotros sois antinaturales y el karma volverá a por vosotros.

domingo, 15 de febrero de 2015

Love is in the aire

Hola, queridos. Cada vez más larga es la espera antes de que publique nueva entrada, lo sé, pero el ocio es poderoso, el trabajo es abundante y la vagancia es suprema.


Además, he de ser sincera: si actualizo hoy es porque ayer A y J me echaron en cara que hace mucho que no subo nada, y como hoy la máxima son -8º y no pienso salir de casa ni aunque venga Bradley Cooper a sacarme de paseo, pues aprovecho y escribo. Veamos cómo puedo poneros al día sin perder ningún detalle importante en el proceso...

Empezaré por la china que había acampado en mi sofá (este será el título de mi próxima novela). La tipa se ha quedado un mes. UN MES. Un mes de "Este fin de semana ya debería poder volver a mi casa", "Mi casera me ha dicho que unos días más", "El sofá está cogiendo la forma de mi culo"... Claro, chicos, ya llega un punto en que una pierde el zen. Resulta que la china estaba viviendo en una habitación en casa de la que también es su jefa, pero sin contrato para ninguna de las dos cosas (ni el trabajo ni el alquiler), lo que hace que, si la otra quiere echarla de su casa para remodelarla y convertirla en la mansión de los Sims, pueda hacerlo sin represalias. Y yo lo sentí mucho por toda la movida que es para ella, pero es que lo de vivir sin contrato es de idiota de manual. Así que después de que la tipa estuviese un mes apalancada en mi sofá, que parecía un hippy en Sol, tuve que ir a mi compañera de piso y marcarme un Ernesto Sevilla con ET: Tú amiga esta que lleva un mes apalancada en el sofá... ¿no se iba ya? Tanto "mi casa, teléfono"...
Bueno, conseguí que se fuera a darle la turra a otros, pero dos días después llego a casa y me la encuentro en la cocina con el portátil y haciendo llamadas de teléfono buscando un piso nuevo. Y yo digo... Mírala, mientras estuvo aquí acampada no movió un puto dedo por salir de mi casa, pero si la echo entonces se pone las pilas, ¿no? Esto es la leche...


(Bueno, lo de "whore" es excesivo, pero la idea es la misma)

Por otro lado... ¡terminé de echar becas, escribir artículos y llorar sobre una botella de vino! Ahora empiezo el proceso de escribir ensayos para clase, preparar presentaciones y buscar becas que solicitar para cuando acabe el máster. Para los de escritura creativa tengo que escribirles algo original e inédito de 20 páginas donde demuestre un gran talento para la escritura. Me gusta que ante todo no me presionen, piden más para un máster que para ganar el Planeta. No sé por qué, pero estas solicitudes sonaban mejor en mi cabeza. Más que nada porque me voy a dejar una cantidad de pasta, tiempo y esfuerzo en solicitar cosas que va a ser de traca. Cosas de la vida... ¿El lado bueno o silver lining? Que J y yo enloqueceremos juntas y compartiremos celdas contiguas en algún asylum.

Más cosas. Nuevos alumnos. Me gustan, son de nivel intermedio y sonríen como si me entendieran, lo que es encantador y más de lo que hacían los de introductorio. Tengo unos cuantos que saben mucho y otros pocos que están más perdidos que un pulpo en un garaje, pero por lo menos lo intentan. Y luego tengo dos o tres pasotas que van de sobrados y están a dos puntos sobre cien de suspender los exámenes. Son demasiado guays para estudiar, yo lo entiendo, a mí me pasaba, pero por lo menos disimulaba un poco para que el profesor no me cruzase. Tienen menos picardía... Pero no pasa nada, porque este semestre he decidido estar zen a tope, me va a dar igual poner una A que una F, a final de mes seguiré cobrando y en mayo seré libre y feliz, así que ante todo mucha calma. Eso sí, si me estropean el zen, me aseguraré de que tengan tantos deberes que deseen haber entrado a trabajar a McDonalds. Y ya :)


Otra cosa, mariposa: Ágave llega en dos semanas. Nos vamos a ir a Nueva York, nos vamos a convertir en súper ricas y famosas, a vivir una vida llena de glamour y a renegar de nuestro pasado de clase media. Luego tendremos una gran discusión, nos separaremos y entraremos en un periodo de decadencia, y dentro de 20 años anunciaremos nuestro reencuentro y volveremos a ser ricas y famosas. ¿Cómo lo veis?
Bueno, lo que sí es verdad es que viene y que nos vamos a la Gran Manzana, así que ya os contaré cuando nos detengan o lo que sea.


En el mientras, tengo otra historia para vosotros: el amor en los tiempos de whatsapp. Vamos, que love is in the aire. Hace una semana J, C, A y yo presenciamos una propuesta de matrimonio en el campus, todo muy americano, con la rodilla hincada en el suelo, lágrimas, un anillo, una vieja haciendo fotos... Yo, no lo puedo entender, ¿qué tiene de romántico que tu novio te saque de casa a menos tres grados para ir a dar el espectáculo en mitad de un parque? ¿Esto mismo no se lo podía haber preguntado los dos calentitos en casa, tomando leche con galletas y viendo King Kong en la tele? Yo creo que lo de proponer en público solo es una forma de asegurarte de que te digan que sí, porque a ver quién es la guapa que se niega con todo el mundo mirando. Cobardes.

Pero la cosa mejora, porque ayer, pese a que A, J y yo pasamos el día de compras, comiendo en fancy places y bebiendo cócteles antes de las cuatro de la tarde, fue San Valentín, y eso aquí es una cosa muy seria. Podías ver a hombres (porque siempre eran ellos) cargados de flores, globos, bombones, peluches y sabe Dios qué más por la calle. Evidentemente trataban de compensar algo, o no haría falta tanta parafernalia (botella de vino y a encamarse o potrarse, como dice A- todo el fin de semana, ¿a qué tanta tontería?).
En la universidad han hecho lo de los singing Valentines, que significa que el viernes, en mitad de clase, cuatro tíos con pajarita aparecieron y le cantaron una serenata a una de mis alumnas de parte de alguien que la adora. Con todos mirando. Y riendo, claro. Y con ella intentando mimetizarse con el entorno. Muy emocionante todo. Americanos...


Lo que sea, así son las cosas y así se las hemos contado. Seguro que se me están olvidando anécdotas, pero ya vendrán a recordármelas, tranquilos. Ahí os quedáis, que yo me voy a hacer sopa, ver una peli de Isabel Coixet y preparar clases para las dos semanas que quedan antes de las VACACIONES. Son un rayo de esperanza al final del túnel. También debería recoger la colada que tengo secando por toda la casa, más que nada por si viene algún extraño que no se encuentre mi sujetador colgando de ningún sitio...
En fin, besos para todos, un abrazo para los guapos, 50 sombras de Grey para los desesperados y nada para los que ayer mojasteis (os desprecio). Hasta la próxima.

lunes, 19 de enero de 2015

Hakuna Matata

Es lo que llevo tres días diciéndome. Los fines de semana largos hace que entres en más conexión contigo misma... y con tu compañera de piso. Bueno, compañeras, porque ahora hay otra oriental en mi sofá. Y lleva ahí apalancada una semana; se suponía que se iba hoy, pero vuelve a estar en mi sofá. Creo que se están riendo de mí, porque no quiero ser borde y no me atrevo a preguntar rollo "Oye, tu amiga ¿no se piraba ya?", pero me estoy cabreando porque vivimos tres y solo limpia una. ¿Adivináis cuál?
Estoy mosqueada, menos mal que ha sido un fin de semana cuasi antisocial (salvo por el gocherío y las charadas del sábado por la noche).



Ya, ya lo sé, hace más de un mes que no cuelgo nada. Flagelación, flagelación. Tostador, Mono, mono, lencería (esto es una ilustración de mis procesos mentales tras la taranga de Nochevieja).

Acabar el semestre fue como hacer un sprint, con las entregas de trabajos, corregir los exámenes finales, comprar los regalos de Navidad y todos esos rollos que todo el mundo desearía evitar comiendo palomitas y viendo la tele en su casa (yo lo haría ahora mismo en mi sofá si no estuviese OCUPADO). Gracias a Dios o lo que sea, luego fue cosa de fiesta, aviones y panderetas.
En primer lugar, porque J se apunta a un bombardeo si la dejan: ¿vamos a la fiesta de F y C en su casa? ¡Claro! ¿Me puedo quedar a dormir contigo? ¡Por supuesto! ¿Desayunamos gochuno a lo bonzo y nos vamos de compras? ¡Naturalmente!
Lo bueno que tiene es que jamás llegamos a conflicto.
Ya os podéis imaginar el fin de semana antes de coger el avión, hice la maleta como quien juega al tetris y bostezando y me fui de casa (literalmente).

El viaje fue de traca, porque consistió en dos trenes hasta el aeropuerto, un avión de ocho horas y un tren de 5 hasta Oviedo. Para cuando llegué a los brazos de mi entusiasta familia, ya no sentía ni padecía. La peor parte fue sin duda en el tren a Oviedo, que se me sentó al lado un paisano de Palencia que no paró de hablarme de sus nietos ingenieros mientras yo agonizaba tras 24 horas sin dormir y un remake de La bella y la bestia en francés.

El caso es que Oviedo me dejó dormir 13 horas esa noche, para que Nochebuena fuese contundente, con esos karaokes que nos gustan tanto en la familia hasta las 5 de la mañana. Claro, una se emociona por ver a los abuelos, a los tíos y a los primos... y pasa lo que pasa (que acaba cantando a Melendi). Añadidle el hecho de que me bajé media botella de vino en la cena y una botella de cava tras los postres e imaginaos mi estado el día de Navidad: pensé que había muerto y estaba camino a la ultratumba.


Afortunadamente para mí, mis Filólogos Sin Fronteras estaban decididos a inmunizarme contra las resacas y decidieron provocarme otra al día siguiente. Yo iba con esta idea de "aún tengo jet lag, me tomo unas cerves, echo unas risas y para casa". Y lo hice. Hasta las 6 de la mañana, concretamente.

Por si fuera poco y para no perder ritmo, al día siguiente tuve espichota en el Terrastur con las sospechosas habituales... y Hugo (siempre lo añadimos al final de la frase, rollo corolario). Esperad que lo mejor llega ahora: tras una noche de locura y desenfreno (y bailar a saltos en la Radio durante unas dos horas), Hugo nos lleva a casa, me deja la última y nos quedamos de tertulia en el coche. Como somos unos genios, a ninguno de los dos nos da la cabeza para apagar la radio ni las luces hasta pasado un buen rato, un buen rato largo. Y cuando el señor va a arrancar una hora más tarde... ¡tachán, tachán! Se ha quedado sin batería. Y ya nos veis llamando al seguro para que vengan a poner las pinzas y toda la vaina. Total, que para cuando consigo meterme en la cama son casi las nueve de la mañana y mi reloj interno está bailando una chirigota porque ya no sabe si es de día, de noche, azul, verde o amarillo.

Pero bueno, por suerte, esto de que te presten atención es cosa de los primeros días, que luego se pasa la novedad y vuelves a ser el mismo despojo que siempre han tratado (cuando se dan cuenta de que has vuelto sin cicatrices ni marido rico). Eso sí, mamá y papá muy tiernos todo el tiempo con el "¿Qué quieres comer hoy?" que para mí es lo más grande que existe como muestra de afecto.
Y los días se fueron volando del calendario entre pitos y flautas (y mi hermana pequeña bailando por la casa, porque ahora va a ser bailarina profesional o mono de feria, lo que le ofrezcan antes).


La Nochevieja... bueno, ya sabéis cómo son estas cosas. Vamos a dejarlo en que vi y viví cosas que jamás habría pensado (principalmente porque tengo mejores cosas en que pensar), pero que me servirán algún día para un best-seller o para pagarle la universidad al hijo de algún psiquiatra. Menos mal que no hay nada que no cure un chocolate con churros y dormir hasta las cuatro de la tarde, aunque te levantes con mensajes en código. Mira que Neruda fue muy claro con su "Me gusta cuando callas". Si es que no se nos pega nada de lo bueno...
Por consiguiente a la juerga, y como suele ser tradicional, pasé los tres días siguientes con un gripazo que Dios tirita. Daba una penica verme...

Mientras estaba aún con el clínex en la mano, llegó Ágave, que es como mi hada madrina de la cordura y la indecencia (porque sí, niños, la mayor parte de las veces van de la mano). Vino con ganas de cafetear mucho y cotillear aún más, aunque siendo Oviedo como es, bien poco había para cubrir lo último. Poco, que no nada; siempre hay buenos temas que tratar comiendo churros, que es lo más español que conozco aparte de la tortilla, las señoras con bolsas de plástico en la cabeza cuando llueve y los malos doblajes televisivos.

Como podréis imaginar, después de tres semanas de vacaciones con este percal (al que añadiremos el haber obtenido al fin el título de la carrera -el mío es de edición nueva, firmado por Felipín, mientras que el de Sara es vintage, de Juanca-), volver a Philly no ha sido nada fácil. Bueno, a ver, en parte sí (ciudad grande, cosas que hacer, vida vida), pero en parte no, por eso de que la familia te despide en la estación de tren, te hacen llorar (cabrones) y te vuelve a tocar tomar comida de avión (que no es carne ni pescado, sino ambas cosas y todo lo contrario a la vez). Por suerte siempre se puede contar con J y A para sacarte de brunch ya el primer día, a gochear como nos pide el cuerpo, pasar frío y callejear en los alrededores del río congelado.

Y luego ya son todo clases, becas que tienes que echar pero no estás preparada, volver a la rutina, conocer a tus alumnos nuevos (que también tienen cara de susto, me dan ganas de golpearlos con un arenque) y comer patatas fritas con salsa ranchera antes de ir a echarte a los sofás de la sala de billares. Para todo lo demás, mastercard.

Básicamente, en esas andamos. Me voy, que es mazo tarde y yo mañana tengo clase de italiano, pero os dejo con un consejo para el nuevo año de la más grande: Lorelai Gilmore:


Abrazos para todos menos para los que no lloráis con la muerte de Mufasa, eso es de mala gente.

PD. Los Reyes molaron, pero desde que mi hermana ha crecido y ya no cree en la magia, han perdido cierto encanto...

domingo, 14 de diciembre de 2014

"He visto cosas que jamás imaginaríais..."

¿Os acordáis del monólogo de Blade Runner? Bueno, yo llevo acordándome de él varios días, empiezo a sentirlo una parte explicativa de mi vida en las últimas semanas. Sé que hace mucho que no escribo nada, pero es que me lían y al final hasta hago cosas. Veréis.

En primer lugar, la última vez que escribí os hablé de un Fake Thanksgiving, pero es que después de eso, fue Thanksgiving de verdad y nos montamos otra celebración, la Guarrest Thanksgiving Ever, que es algo muy típico español, porque cogemos una fiesta extranjera y la destrozamos (¿transculturación? ¿hibridez? ¿trastorno de personalidad?). Así que el 27 de noviembre del año de Nuestro Señor 2014, fui cordialmente invitada a la comuna hippy que tienen montada los TAs en South Philly, a comer patatas, beber vino y gochear vilmente entre pizzas y red velvet con bigotes postizos y tocados de gusto dudoso. A mí, que me registren, las normas las puso A y el gocheo lo trajo J, yo me limité a dormirme como una ceporra en el sofá en cuanto fueron a echarse.

Somos el paradigma del saber estar.

El caso es que después de esto llegó el Black Friday. Sí, la gente se vuelve muy loca y llega al amanecer en hordas zombies a los sitios para arrasar con todo, pero solo en los sitios para paletos, como el Walmart. Además tened en cuenta que nosotros... SOMOS ESPAÑOLES y eso significa que para un día sin clase en que podemos dormir, no vamos a salir de casa antes de las 10. Con esto quiero decir que primero desayunamos tortitas a lo bonzo (cortesía de C) y luego ya, con calma chicha, nos pusimos en movimiento. Es un día para ser gastizo, para qué nos vamos a engañar. Lo ves todo tan bonito por ahí puesto, decoradito con luces y colores y hace tanto frío que no quieres estar en la calle que al final, compras. En mi caso, cuando vi el sableo que le había metido a la tarjeta de crédito, me consolé pensando: "Lo necesitas, que winter is coming y tú tienes cuatro cosas endebles", pero aún así un poco sí que duele. Además, encontré el Barnes&Noble de Philly, lo que implica que de aquí a un par de meses habré muerto sepultada entre libros; ya me conocéis, no puedo resistirme a unos buenos tochos de precio razonable y allí he encontrado el rincón de las ediciones chu-chu-chuuuuulis (como diría Ralph). Qué chungo.

Después de esto, la vida siguió tranquilamente entre alumnos apijotados, clases desconcertantes, trabajos procrastinados (hasta el infinito y más allá) y convivencia mundana de apartamento. Voy a empezar con lo de los alumnos, porque os juro que me dejan con el culo torcío.
Vamos a partir de la base de que tienen entre 17 y 20 años y es la primera vez en su vida que viven sin mami ni papi ni perri que les ladre, lo que significa que tienen la misma madurez que una berenjena. Habiendo establecido esto, sumémosle el hecho de que tienen que chapar, porque llegan los exámenes y no hay otra, contando entre sus obligaciones la tarea de preparar una escena (tipo: de compras, en el restaurante, primer día de universidad...) para su representación para el examen oral de español. Yo sé que actuar no es santo de la devoción de nadie, menos aún cuando no tienes mucha confianza con tus compañeros. Pero si tu profesora te está diciendo que valora la creatividad, que quiere un mínimo de 4 páginas de diálogo y que está dispuesta a ayudaros con las correcciones, ¿no os lo curraríais un poquito? Por aparentar, al menos.
Bueno, pues yo llegué el día D a la hora H con mis niños y me encontré con gratas sorpresas, turbias sorpresas y malas sorpresas. Lo hicieron bastante bien, con sus chascarrillos (como las que querían ligarse al camarero porque era "romántico, atractivo, con buen estilo. Le gusta la piña colada y quedar atrapado en la lluvia" o el que en su primera cita con una chica dijo que "Steve Buscemi tenía unos ojos lindos" -lo cual me perturba-) y todo, pero yo cuando me llegan unos a decirme "Claudia, hoy no estamos preparados, lo hacemos mañana ¿vale?" (y encima en inglés) es que me quedo boqueando como un salmonete fuera del agua. WTF, amigos? ¿Desde cuándo elige el alumno cuándo se hace el examen?
Sin (más) comentarios.



Por el lado de ser alumna, también estoy desconcertada. No es una historia personal, pero nunca pensé que un profesor pudiera tener la cara de cancelar una tutoría sobre la marcha porque se va al teatro y luego negarse a corregir tu ensayo porque "ya es demasiado tarde". Mi no entender.

En el aspecto compañeril también ando un poco loca. Yo sabía que USA era un país muy teatral (por Dios, ¿habéis visto sus series de TV?), pero nunca pensé que compartiría clase con una drama queen. Por un lado, dices "al menos no me aburro", pero por el otro... nunca sabes qué esperar y alucinas a cada paso. Es lo que le da calidad a la clase. Solo voy a decir al respecto que, si abusas de tus compañeros, apochina con lo tuyo que ya tenemos todos una edad suficiente como para hablar las cosas, Pero con amor.


Sobre la convivencia de apartamento diré que estoy a un tiro de piedra de asesinar a mi compañera. Tiene 17 años y se le nota, por eso de que no limpia si no se lo dices, no recoge si no se lo dices, anda como una maraca que se le olvida todo constantemente (puertas, luces)... Esta sola duraría menos que un Stark en Desembarco del Rey. Yo no quiero hacer de mami, pero me veo con una úlcera pronto, así que tendré que ejercer. No es normal, echo de menos a mis alemanas adorables del Erasmus.

Pero pasemos a cosas más agradables: llegó el momento NYC. Sí, he estado viviendo en Philadelphia durante casi 4 meses y aún no había ido a Nueva York, ¿pasa algo? Ha sido por la falta de tiempo y compañía para no deambular sola por la ciudad, que es muy triste eso y La Lista de Schindler, ¿sabéis? Bueno, el caso es que M y su consorte vinieron a pasar una semana a la Gran Manzana y ¿cómo decir que no a un día de ocio tal? Así que madrugar mazo, autobús de dos horas y media y hola Nueva York. Fue un día de turisteo menor y un poco friki: paseamos la High Line, vimos el White Horse, pub donde Kerouac leía sus cosas y se cogía sus melopeas,visitamos los apartamentos de Sexo en NY y Friends, vimos cosas que jamás podremos comprar, comimos en un mexicano (restaurante, no persona) y luego fuimos al centro centro a ver el espectáculo de Saks y el Rockefeller Center. Todo muy navideño, con un frío de cagase y luces everywhere.


Y ahora llegamos al meollo de la semana, queridos: THE END.
THE END implica fiesta, y la fiesta entre nosotros está muy bien (al viernes por la noche en Radnor me remito, con su posterior resaca de la muerte que me tuvo inutilizada todo el sábado), pero la del Departamento es otra historia. Partimos de la base de que, así con una media de edad de la época de Salvados por la Campana, solo estábamos A, J y yo; seguimos con la historia de ver a tus jefes/profesores todos pedo bailando la Danza Kuduro o exaltándose por una partida de Trivial, acabamos con que intenten reteneros, cuando intentáis marcharos, para que baje la media de edad de la sala. Turbio es que haya un equipo de adultos (recalco, adultos) que con cada pregunta correcta en el trivial cante el "We are the champions"... y al final pierda (ah, ironía, vieja amiga...) contra el equipo llamado no-sé-qué de las cabras (cabras, queridos, CABRAS). Y lo mejor: ese abrazo volador de cierto profesor levantando en brazos a cierta profesora que nos enseñó todos los misterios de una braga-faja blanco nuclear.
Aderezadlo con comida vegetariana y una maravillosa selección de postres. Yo tengo un trauma, pero es que he visto a mi jefa dando patadas al aire a lo Chuck Norris y claro...
¿Lo mejor? Hacerse fotos con el Belén de la universidad cuando nadie mira.
El único que no daba miedo bailando esa noche fue T, ya en casa, rebosante de cerveza y entusiasmo (¡Vamos T, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal, tu cuerpo se mueve como una palmera, suave, suave, su-su-suave!). Ese juego de cartas es una maldición.

Básicamente, así estamos. Estoy oficialmente a 8 días de coger mi vuelo a España para las Navidades. Ya tenemos entradas para Nochevieja y yo estoy desarrollando otro estómago para llenarlo exclusivamente de croquetas cuando llegue, hay que tener proyectos. Además, Ág ya tiene billetes para venir a verme en marzo (fuck yeah!!), así que todo viento en popa, ¡marineros!

Nos vemos en la próxima entrada, muchos besos para todos menos para los que madrugáis para hacer footing. A vosotros deberían echaros a Francia.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Fake Thanksgiving

Ayer fue de los días más americanos que he vivido jamás. Y por americano quiero decir de película de Tim Allen en que se hace de noche a las cuatro de la tarde, ya están puestas las decoraciones navideñas, la ciudad brilla, hace un frío que pela y se respira consumismo por todas partes antes de ir a cenar a las siete de la tarde.

Esto todo significa que ayer fuimos a la ciudad a lucir el palmito (con nuestros plumas gigantes y las bufandas hasta las cejas) y a comprar trapos (que si este anorak está rebajado y es japonés, que si mira qué bata tan mona para con el pijama, que si estos pantalones tienen lechuzas, que si esa bufanda te protege hasta de las balas...). Cuando empiezas a ver cosas bonitas y tienes un sueldo es muy difícil resistirse, porque ahorrar es muy aburrido, así que compras como si no hubiese un mañana (que sí que lo hay, y de hecho hay hasta un Black Friday a la vuelta de la esquina, pero es que no tenemos medida). Estúpido capitalismo globalizador... (dijo ella agitando el puño mientras se probaba su jersey nuevo).

Por supuesto, nosotros lo españolizamos todo, porque de otra manera no encontraríamos la forma de hacerlo nuestro (estamos aprendiendo un montón sobre transculturación y vainas de esas, apunta, J), así que llegamos tarde (a eso de las ocho), bebimos como si no hubiese un mañana antes, durante y después de la cena y picoteamos patatas alioli esperando por el pavo.

Pavo, sí pavo. Si fingimos Acción de Gracias, lo fingimos en condiciones. ¿Que de "de qué mierdas estamos hablando, amigo"? Pues bien sencillo: T y C se gastan 100 dólares en un supermercado y les regalan un pavo gigante genéticamente modificado con hormonas de Hulk; como ella es vegetariana y a él le gusta comer, pero no tanto, deciden compartir su riqueza glotona con sus pobres compañeros de casa/trabajo, que humildemente acudimos a su llamada. Ya sabéis, somos españoles, nosotros si hay comida y cerveza, no lo dudamos.



Y así acabamos once personas alrededor de una mesa compartiendo puré de patatas, pan de olivas y salsa de cranberry para el pavo. Olía la casa que daba gusto. Corría la cerveza que daba gusto. Comimos un arroz con leche de postre que daba gusto. La verdad es que, visto así, anoche fue bastante hedonista. El caso es que fue toda una celebración en que la ceremonia esa de dar las gracias no cuajó un carajo y nos limitamos a hacer chistes entre bocados. Además, nuestra J se nos hacía mayor y tuvimos que recordárselo (los buenos amigos están ahí para recalcarlo cuando envejeces). ¿La mejor dedicatoria en la tarjeta de cumpleaños? La del pavo: "La próxima vez os coméis a vuestra puta madre. -El pavo". Es que Ce tenía el día inspirado para firmar (además de para cocinar, porque vaya gozada de... todo).

En general, podemos decir que experiencia satisfactoria. Hoy ya menos, porque lo de levantarse con la boca seca, limpiar la casa y hacer la compra resta encanto, pero es la vida real.

Ahora nos queda esta semana, que solo tendrá dos días para nosotros, afortunados miembros del entorno académico con vacaciones desde el miércoles. Hay promesa de una maratón de Chicas Gilmore con comida basura, un desayuno gochuno y muerte por rebajas el viernes. Chachi. Buscaré un vestido con un escote hasta las rodillas para Nochevieja, que por lo visto ya tenemos plan. Tiembla, Salsi.

Un beso para todos menos para los que no sabéis que hoy es el 51th aniversario de Doctor Who. Hace un año yo estaba en Londres sacando a mi friki interna a la luz (también tengo una interna, sí). Bueno, no ha ido tan mal la cosa :)

sábado, 1 de noviembre de 2014

Frikis, galletas y Halloween

Ah, colegas, parece que solo escribo en días de lluvia, como los buenos melancólicos (no sabéis la tromba de agua que está cayendo, que me va a romper las ventanas).

Tengo cositas nuevas que contar, empezando por Halloween, que fue ayer y dio lugar a situaciones extrañas como casas decoradas como cementerios (de colores, eso sí, parecía la alucinación de un emo con un tripi) y alumnos que van al comedor en bata y gorro de ducha. También hubo situaciones más normales pero muy yankis, como ver a los niños con sus bolsitas en forma de calabaza yendo a por caramelos con los papis o que nos pusiesen gratis en el cine de la facultad El retorno de las brujas (Bette Midler en uno de sus grandes momentos). ¿El colofón? Decirles a tus alumnos que si vienen disfrazados les das dos puntos más en el quiz que tienen que hacer ese día; y que te lleguen a clase una gata, una diablesa y una tortuga ninja. Eso es lo que le da calidad a mi trabajo.

Por otro lado, nosotros los TAs somos una especie extraña con hábitos diferentes y un horario terriblemente apretado, así que Halloween lo celebramos a nuestra manera: el fin de semana anterior y con una fiesta a lo grande en casa de alguien. Así acaba servidora vestida de Charles Chaplin haciéndose fotos con César, Cleopatra, Caperucita y un cupcake en una azotea a las dos de la mañana. Pura casualidad (y cerveza).


Pero Halloween no es nada, porque pasada esta fiesta, esta sociedad capitalista terrible ya está preparando la siguiente: faltan 3 semanas para Acción de Gracias, pero ya hay pavos de papel decorando espacios variados. Sin comentarios.

Francamente, no sé por qué me atrevo a criticar cuando yo ya tengo las miras puestas en Navidades. Ya estoy pensando en qué regalos comprar, cómo comprarlos, para quién, qué ropa me traeré a la vuelta (Dios, cómo echo de menos mis jerséis, hace un frío que te cagas, colegui), cuándo saldré de fiesta, a qué gentuza veré... Ahora es cuando mi padre asomaría la cabeza y diría: "¡Compulsiva!" y con toda la razón.

Por otro lado, y aún retrocediendo más en el tiempo, he de hablaros de la Harry Potter Conference. La verdad es que fue toda una experiencia, partiendo de que necesité una hora y media en transporte público hasta llegar al sitio y acabando con que hay gente más friki que yo. Vino gente de Oxford a tomar parte, había oyentes disfrazados de estudiantes de Hogwarts, regalaban brownies y café y manzanas de caramelo, pasamos el día entero hablando de Harry Potter y descubrí que el quidditch es un deporte muy real en este país de locos. Una semana más tarde, vi al equipo de quidditch de mi universidad entrenando (los viernes a las 3 delante de Tolentine Hall, por si os interesa).
Yo iba acongojadísima por eso de hablar en inglés en plan serio delante de gente, que había que subirse a un estrado y la repanocha, pero al final solo me tembló la voz un poco e incluso se acercó gente a hablar conmigo al final. Creo que creé un poco de debate entre el público (estupendo, me gusta sembrar la discordia).

Miradme, toda friki y académica.

Mañana nos toca excursión al Museo de Arte de Filadelfia, donde J nos va a dar todo un tour por la parte de contemporáneo. Actividad voluntaria organizada por los jefes, así que ya sabéis: totalmente obligatoria y encima costeada de nuestros bolsillos. ¡Bienvenidos al mundo laboral de los becarios!
Por lo menos nos han prometido comer en un sitio rico y barato. Y luego, al menos la J y yo, nos vamos a ver la penitenciaría, porque nosotras somos así y pasear por el parque es demasiado mainstream. El que se aburre es porque quiere.

Aquí os dejo, que tengo mucho que hacer, se me acumulan papers, presentaciones y lecturas varias. Y hoy hay capítulo nuevo de Doctor Who, que es ineludible porque empieza la finale y creo que me van a dar un infarto, una embolia y una crisis nerviosa todo a la vez. Qué guay.
Besos para todos menos para los que no me sujetáis la puerta del ascensor cuando llego la última, a vosotros muerte.