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viernes, 1 de mayo de 2015

¡¡¡LIBERTAAAAAAAAAD!!!

¿Cómo explicar la felicidad que me embarga? Clases terminadas, ejercicios corregidos, ensayos entregados y lecturas finiquitadas. Solo queda un examen que poner y corregir y tres clases con niños que dar (respirar, respirar, a pleno pulmón, creo que ya sabéis todos lo muchísimo que me gustan los niños, ¿a que sí?). Pero podríamos decir que soy libre. Libre y feliz. Libre, feliz y bicolor, porque tengo la marca del pantalón corto en las piernas que parece la Gran Barrera de Coral. Espero que iguale. Además, ahora tengo una amiga jubilada en la terraza, de estas que empiezan a hablarte y ya no hay manera de volver a tu libro, así que cuando baje a tomar el sol tendré tertulia asegurada (¡yo solo quiero leer!).
Bueno, lo importante es que el trabajo ha terminado y empieza la decadencia:


Y la libertad empieza a notarse en forma de ocio, como por ejemplo anoche, en que me metí a ver la actuación de fin de curso del grupo de teatro musical de la universidad (me invitó una de mis alumnas, y es tan adorable que no podría decir que nonunca). Ellas hacían de ellos y ellos de ellas en un popurrí de los números musicales más famosos de Broadway (titularon al espectáculo Broadway Backwards). Al principio no parecía prometer mucho, parecían un poco descoordinados, faltaba escenografía y el sonido flojeaba, pero después de los primeros números de travestismo la cosa mejoró mucho. Creo que me rompí una costilla de tanto reírme, estuvieron brutales. especialmente haciendo el Fabulous de High School Musical 2 (un tipo que podría ser del equipo de fútbol americano haciendo de Sharpay con una camisola rosa me conquistó) y ese último número del Cell Block Tango de Chicago porque, y esto es clave, eligieron conservar el vestuario original.
He visto cosas.

(Soy profesora, por Dios, no puedo ver estas cosas...)

Por otro lado, esta cantidad de tiempo libre hace que traiga loca a J, porque se me ocurren estupideces cada dos por tres y tengo que dejarlas salir. Es un estado natural, ya me conocéis: "Deberíamos irnos a Cancún", "Deberíamos comprarnos un barco"; "Deberíamos volar a Nueva Zelanda"... Esta es la consecuencia directa de pasar el rato hurgando en el twitter de Nina Dobrev y viendo sus viajes de ensueño a paraísos naturales que no son Asturias. Puñetas, quiero tener dinero. Claro que J tampoco ayuda, porque cuando pienso que me he purgado y ya no me queda nada más que decir... entonces me salta con un inesperado "Yo quiero ir a Bora Bora, busca fotos en Google" y el ciclo vuelve a empezar, porque yo no busco fotos, busco vuelos (es una cuestión de principios). Vamos a acabar más chaladas que el chavalín de Whiplash (es que la estoy viendo ahora y está claro que este muchacho no está bien):

(Esta soy yo intentando convencer a J de que nos vayamos a Cancún)

Entonces, como está claro que no nos vamos a ir a Bora Bora (porque está en la Polinesia Francesa, ninguna de nosotras habla francés y además los vuelos cuestan 2500 dólares), tenemos que buscarnos planes más asequibles. Ejemplo número 1: la Comic Con. Estoy totalmente preparada para ver a un montón de frikis disfrazados en el Convention Center y para respirar el mismo aire que Billie Piper y David Tennant, que muy cordialmente hará una parada y un panel provocando así crisis histéricas de decenas de fangirls. Planeo acosarle y robarle la ropa interior, os mantendré informados.

(Si es que son adorables, hay que quererlos)

También sucede algo very important mañana: ¡llega Mariño! Bueno, llega a Nueva York, pero está aquí al lado, como quien dice. Voy a tener que subirme a verle... si es que me obligan a hacer cada cosa... Quizás ese sea el momento de coger una bicicleta para recorrer Central Park, que siempre me quedo a medias viendo el parque. J y A se apuntarán, siempre se apuntan a todo, y me remito al sábado con el club de salsa al que me llevó A. J estaba trabajando duramente, pero vamos, que a las dos les va la marcha más que a un tonto un palo. Mañana saldremos de nuevo, claro, que hay que celebrar el fin de curso aunque sea con dos cervezas y mucho raje (nos encanta rajar). Sin embargo, no tengo mucho de lo que quejarme; la jefa me dijo ayer que últimamente me veía esplendorosa y eso es solo la punta del iceberg, así que dejaré que se purguen las otras dos, que han vivido estresadas últimamente:


Yo me estoy empezando a estresar ahora. Bueno, no a estresarme, a agitarme en general. tengo tantos planes y cosas que hacer este verano que más que vacaciones esto va a ser un trabajo diferente: Cádiz el 18, cuidar de las niñas, subir a Oviedo el 28, volver el 31, Granada el 5, volver el 7, cuidar de las niñas, ver a mi prima surfera, excursión a Tarifa el 19, volver a Philly el 23, buscar piso (que ya he empezado, pero parece misión imposible, amigos), mudarme, trabajar en la clínica de Derecho, irme otra vez a España el 16 de julio, a Asturias el 17, ver a todo el mundo, 10 días de vacaciones con la familia sabe Dios dónde, dos días en Potes con S y M (o eso me han vendido), seguir viendo gente y volver a Philly el 20 de agosto. Es mucho volar en muy poco tiempo.
A todo esto, tengo que sumarle dos cursos de verano online y empezar a preparar el GRE y las solicitudes de doctorado que echar en otoño.
Ya estoy cansada.


(Robb Stark me comprende)

Creo que con esto concluyo. En realidad, hace una semana que actualicé, no es como si tuviese mucho que contaros... Voy a ducharme y adecentarme como un ser humano, a limpiar mi leonera, que hace casi un mes que no la toco, y a ver mucho Embrujadas, porque no tengo vergüenza ni perdón. Juzgadme, me da igual, yo estoy de vacaciones y vosotros NO :)

Besos y abrazos para todos menos para los que les quitáis los pepinillos a las hamburguesas. No sabéis nada de la vida.

viernes, 24 de abril de 2015

Sangre de gallo y cañas con limón

Ayer me ungieron en una secta hispánica. Suena a argumento de Embrujadas, ya lo sé, pero es real como la vida misma. Nos hicieron desfilar (pero sin música, por la falta de presupuesto) con una vela en la mano, encenderla en un cirio gigante, aguantar el discurso de costumbre, ponernos colgajos con los colores de la bandera de España, firmar libros de visitas y cantar el Cara al Sol. Bueno, esto último no, pero habría sido la guinda, ¿no? Al menos nos dieron pincheo, pero sin vino (por lo de la falta de presupuesto otra vez, cabrones...). Fue todo muy emocionante, el tipo que nos dio la charla era súper majo, estábamos todos monísimos de la muerte y yo casi reviento de aguantarme la risa. De hecho, salgo pasándolo fatal en todas las fotos, con lo poco expresiva facialmente hablando que soy yo... Claro que, cuando incluso el cabecilla de la secta tiene problemas para no reírse en mitad de su presentación, pues como que te sientes mucho más justificada. Yo lo que noté fue una grandísima carencia de sacrificios rituales, ¿qué ha pasado con los viejos tiempos en que se necesitaba la sangre de una virgen y eso? ¿Ni destripar una cabra ni nah?

Sectas a mí...



En otro orden de cosas... This is the end, my only friend, the end... ¡Fin de semestre! ¡Aleluya! ¡Libres domingos y domingas! Ejem, perdón. Quiero expresar mi emoción por la llegada de las vacaciones. Gracias, gracias, gracias. No es que trabajar, estudiar y esas cosas de la plebe no sean maravillosas, pero donde esté un buen daiquiri tirada en la terraza tostando al sol, que se quite lo demás. Me estoy convirtiendo en casta, ya lo sé.
Lo único malo de esta recta final es corregir cosas, porque de repente llueven redacciones, exámenes, pruebas orales (que suenan más interesantes de lo que en realidad son) y otros rollos que nunca habríais imaginado. No sé yo si esto de dar clase es tan guay como parecía al principio, Creo que voy a dejarlo, volverme a España y opositar para una plaza en el Ministerio del Tiempo, que me parece que cotiza bastante. Trabajar codo con codo con Rodolfo Sancho me motivaría más que los tés gratis que me ofrece el departamento de español, qué queréis que os diga.
Pero no, la vida no es tan emocionante, y por eso estoy aquí soltando un rollo el viernes por la noche, después de haber hecho la colada, corregido exámenes y comido una hamburguesa, cuando en realidad debería andar por ahí, bebiendo chupitos y bailando encima de las barras de los bares.

Betty White es mi animal espiritual

Esto me lleva a la tercera parte de este soliloquio: Cádiz. Me marcho, nenes, trabajo de verano en la ciudad del amor (para mí cualquier ciudad en la que me den tapas es del amor, que quede claro). Me quedan tres semanas para ir a hacer de niñera de 26 mujeres en efervescencia hormonal, ponerme morena, comerme marrones (que son inevitables, como el viento y la muerte)  y tomarme unas cañas. Terraceo, terraceo. Afortunadamente para mí, mi prima K andará por esos lares y podrá mostrarme las delicias del sur (como buena nativa de Invernalia, para mí esto es como adentrarse entre los Dothraki). Nada será tan sencillo, pero será una buena experiencia. Y así puedo subirme un finde exprés a ver a la familia, que buena falta nos hace tener un cara a cara. Creo que mi madre ya no recuerda mi bello rostro y quizás mi hermana haya acampado en mi cuarto. ¡Se impone una parada para reconquistar mi territorio (y comer un cachopo)!
En realidad, ya estoy a un tiro de piedra de pasarme por los praos (el 17 de julio llego de verdad), pero un pequeño avance no hace mal a nadie (pensad en ello como en el tráiler). Además, les debo a mis padres y mi hermana tantos regalos atrasados que me van a confundir con uno de los camellos de Melchor (y viniendo del sur... bueno, no he dicho nada).



Además, quiero dejar constancia para mis queridas y filológicas S y M de que utilicé vilmente a nuestro fascinante DesEsseintes para rellenar una presentación hace dos semanas. Y gustó. Está claro que el episodio de la tortuga puede conquistar a cualquiera, Desi suele tener ese efecto sobre la gente.
Y, a la vez, es necesario recalcar que S se ha convertido en una SUPERESTRELLA DE LA LITERATURA. Todos los que me estáis leyendo, enrollaos y colaborad extendiendo su palabra, porque nada de lo que ella haga puede ser malo: http://www.trabe.org/llibru.asp?id=2210 
Nunca os pongo deberes, así que no os pongáis pejigueros y haced lo que os digo, que para algo estáis en mi blog. Todos estamos tan TAN orgullosos de ella que daremos el coñazo diariamente con "Las costumbres vacías" hasta que sea tan popular que Pérez Reverte sienta la necesidad de insultarlo. De nada, S.


Con esto os dejo. Seguro que se me quedan cosas en el tintero, pero es que estoy viendo temporadas viejas de Embrujadas y no puedo prestaros más atención. Además, estoy mirando en un mapa a ver dónde acabo mañana, que me voy a ver un piso. El anuncio parecía normal, pero si no escribo nada antes de dos meses, es que eran asesinos en serie y estoy descuartizada en su sótano. Decidle a mis padres que los quiero.
Besos para todos menos para los que no estáis pensando en folixa. Ya es hora.

lunes, 19 de enero de 2015

Hakuna Matata

Es lo que llevo tres días diciéndome. Los fines de semana largos hace que entres en más conexión contigo misma... y con tu compañera de piso. Bueno, compañeras, porque ahora hay otra oriental en mi sofá. Y lleva ahí apalancada una semana; se suponía que se iba hoy, pero vuelve a estar en mi sofá. Creo que se están riendo de mí, porque no quiero ser borde y no me atrevo a preguntar rollo "Oye, tu amiga ¿no se piraba ya?", pero me estoy cabreando porque vivimos tres y solo limpia una. ¿Adivináis cuál?
Estoy mosqueada, menos mal que ha sido un fin de semana cuasi antisocial (salvo por el gocherío y las charadas del sábado por la noche).



Ya, ya lo sé, hace más de un mes que no cuelgo nada. Flagelación, flagelación. Tostador, Mono, mono, lencería (esto es una ilustración de mis procesos mentales tras la taranga de Nochevieja).

Acabar el semestre fue como hacer un sprint, con las entregas de trabajos, corregir los exámenes finales, comprar los regalos de Navidad y todos esos rollos que todo el mundo desearía evitar comiendo palomitas y viendo la tele en su casa (yo lo haría ahora mismo en mi sofá si no estuviese OCUPADO). Gracias a Dios o lo que sea, luego fue cosa de fiesta, aviones y panderetas.
En primer lugar, porque J se apunta a un bombardeo si la dejan: ¿vamos a la fiesta de F y C en su casa? ¡Claro! ¿Me puedo quedar a dormir contigo? ¡Por supuesto! ¿Desayunamos gochuno a lo bonzo y nos vamos de compras? ¡Naturalmente!
Lo bueno que tiene es que jamás llegamos a conflicto.
Ya os podéis imaginar el fin de semana antes de coger el avión, hice la maleta como quien juega al tetris y bostezando y me fui de casa (literalmente).

El viaje fue de traca, porque consistió en dos trenes hasta el aeropuerto, un avión de ocho horas y un tren de 5 hasta Oviedo. Para cuando llegué a los brazos de mi entusiasta familia, ya no sentía ni padecía. La peor parte fue sin duda en el tren a Oviedo, que se me sentó al lado un paisano de Palencia que no paró de hablarme de sus nietos ingenieros mientras yo agonizaba tras 24 horas sin dormir y un remake de La bella y la bestia en francés.

El caso es que Oviedo me dejó dormir 13 horas esa noche, para que Nochebuena fuese contundente, con esos karaokes que nos gustan tanto en la familia hasta las 5 de la mañana. Claro, una se emociona por ver a los abuelos, a los tíos y a los primos... y pasa lo que pasa (que acaba cantando a Melendi). Añadidle el hecho de que me bajé media botella de vino en la cena y una botella de cava tras los postres e imaginaos mi estado el día de Navidad: pensé que había muerto y estaba camino a la ultratumba.


Afortunadamente para mí, mis Filólogos Sin Fronteras estaban decididos a inmunizarme contra las resacas y decidieron provocarme otra al día siguiente. Yo iba con esta idea de "aún tengo jet lag, me tomo unas cerves, echo unas risas y para casa". Y lo hice. Hasta las 6 de la mañana, concretamente.

Por si fuera poco y para no perder ritmo, al día siguiente tuve espichota en el Terrastur con las sospechosas habituales... y Hugo (siempre lo añadimos al final de la frase, rollo corolario). Esperad que lo mejor llega ahora: tras una noche de locura y desenfreno (y bailar a saltos en la Radio durante unas dos horas), Hugo nos lleva a casa, me deja la última y nos quedamos de tertulia en el coche. Como somos unos genios, a ninguno de los dos nos da la cabeza para apagar la radio ni las luces hasta pasado un buen rato, un buen rato largo. Y cuando el señor va a arrancar una hora más tarde... ¡tachán, tachán! Se ha quedado sin batería. Y ya nos veis llamando al seguro para que vengan a poner las pinzas y toda la vaina. Total, que para cuando consigo meterme en la cama son casi las nueve de la mañana y mi reloj interno está bailando una chirigota porque ya no sabe si es de día, de noche, azul, verde o amarillo.

Pero bueno, por suerte, esto de que te presten atención es cosa de los primeros días, que luego se pasa la novedad y vuelves a ser el mismo despojo que siempre han tratado (cuando se dan cuenta de que has vuelto sin cicatrices ni marido rico). Eso sí, mamá y papá muy tiernos todo el tiempo con el "¿Qué quieres comer hoy?" que para mí es lo más grande que existe como muestra de afecto.
Y los días se fueron volando del calendario entre pitos y flautas (y mi hermana pequeña bailando por la casa, porque ahora va a ser bailarina profesional o mono de feria, lo que le ofrezcan antes).


La Nochevieja... bueno, ya sabéis cómo son estas cosas. Vamos a dejarlo en que vi y viví cosas que jamás habría pensado (principalmente porque tengo mejores cosas en que pensar), pero que me servirán algún día para un best-seller o para pagarle la universidad al hijo de algún psiquiatra. Menos mal que no hay nada que no cure un chocolate con churros y dormir hasta las cuatro de la tarde, aunque te levantes con mensajes en código. Mira que Neruda fue muy claro con su "Me gusta cuando callas". Si es que no se nos pega nada de lo bueno...
Por consiguiente a la juerga, y como suele ser tradicional, pasé los tres días siguientes con un gripazo que Dios tirita. Daba una penica verme...

Mientras estaba aún con el clínex en la mano, llegó Ágave, que es como mi hada madrina de la cordura y la indecencia (porque sí, niños, la mayor parte de las veces van de la mano). Vino con ganas de cafetear mucho y cotillear aún más, aunque siendo Oviedo como es, bien poco había para cubrir lo último. Poco, que no nada; siempre hay buenos temas que tratar comiendo churros, que es lo más español que conozco aparte de la tortilla, las señoras con bolsas de plástico en la cabeza cuando llueve y los malos doblajes televisivos.

Como podréis imaginar, después de tres semanas de vacaciones con este percal (al que añadiremos el haber obtenido al fin el título de la carrera -el mío es de edición nueva, firmado por Felipín, mientras que el de Sara es vintage, de Juanca-), volver a Philly no ha sido nada fácil. Bueno, a ver, en parte sí (ciudad grande, cosas que hacer, vida vida), pero en parte no, por eso de que la familia te despide en la estación de tren, te hacen llorar (cabrones) y te vuelve a tocar tomar comida de avión (que no es carne ni pescado, sino ambas cosas y todo lo contrario a la vez). Por suerte siempre se puede contar con J y A para sacarte de brunch ya el primer día, a gochear como nos pide el cuerpo, pasar frío y callejear en los alrededores del río congelado.

Y luego ya son todo clases, becas que tienes que echar pero no estás preparada, volver a la rutina, conocer a tus alumnos nuevos (que también tienen cara de susto, me dan ganas de golpearlos con un arenque) y comer patatas fritas con salsa ranchera antes de ir a echarte a los sofás de la sala de billares. Para todo lo demás, mastercard.

Básicamente, en esas andamos. Me voy, que es mazo tarde y yo mañana tengo clase de italiano, pero os dejo con un consejo para el nuevo año de la más grande: Lorelai Gilmore:


Abrazos para todos menos para los que no lloráis con la muerte de Mufasa, eso es de mala gente.

PD. Los Reyes molaron, pero desde que mi hermana ha crecido y ya no cree en la magia, han perdido cierto encanto...

domingo, 23 de noviembre de 2014

Fake Thanksgiving

Ayer fue de los días más americanos que he vivido jamás. Y por americano quiero decir de película de Tim Allen en que se hace de noche a las cuatro de la tarde, ya están puestas las decoraciones navideñas, la ciudad brilla, hace un frío que pela y se respira consumismo por todas partes antes de ir a cenar a las siete de la tarde.

Esto todo significa que ayer fuimos a la ciudad a lucir el palmito (con nuestros plumas gigantes y las bufandas hasta las cejas) y a comprar trapos (que si este anorak está rebajado y es japonés, que si mira qué bata tan mona para con el pijama, que si estos pantalones tienen lechuzas, que si esa bufanda te protege hasta de las balas...). Cuando empiezas a ver cosas bonitas y tienes un sueldo es muy difícil resistirse, porque ahorrar es muy aburrido, así que compras como si no hubiese un mañana (que sí que lo hay, y de hecho hay hasta un Black Friday a la vuelta de la esquina, pero es que no tenemos medida). Estúpido capitalismo globalizador... (dijo ella agitando el puño mientras se probaba su jersey nuevo).

Por supuesto, nosotros lo españolizamos todo, porque de otra manera no encontraríamos la forma de hacerlo nuestro (estamos aprendiendo un montón sobre transculturación y vainas de esas, apunta, J), así que llegamos tarde (a eso de las ocho), bebimos como si no hubiese un mañana antes, durante y después de la cena y picoteamos patatas alioli esperando por el pavo.

Pavo, sí pavo. Si fingimos Acción de Gracias, lo fingimos en condiciones. ¿Que de "de qué mierdas estamos hablando, amigo"? Pues bien sencillo: T y C se gastan 100 dólares en un supermercado y les regalan un pavo gigante genéticamente modificado con hormonas de Hulk; como ella es vegetariana y a él le gusta comer, pero no tanto, deciden compartir su riqueza glotona con sus pobres compañeros de casa/trabajo, que humildemente acudimos a su llamada. Ya sabéis, somos españoles, nosotros si hay comida y cerveza, no lo dudamos.



Y así acabamos once personas alrededor de una mesa compartiendo puré de patatas, pan de olivas y salsa de cranberry para el pavo. Olía la casa que daba gusto. Corría la cerveza que daba gusto. Comimos un arroz con leche de postre que daba gusto. La verdad es que, visto así, anoche fue bastante hedonista. El caso es que fue toda una celebración en que la ceremonia esa de dar las gracias no cuajó un carajo y nos limitamos a hacer chistes entre bocados. Además, nuestra J se nos hacía mayor y tuvimos que recordárselo (los buenos amigos están ahí para recalcarlo cuando envejeces). ¿La mejor dedicatoria en la tarjeta de cumpleaños? La del pavo: "La próxima vez os coméis a vuestra puta madre. -El pavo". Es que Ce tenía el día inspirado para firmar (además de para cocinar, porque vaya gozada de... todo).

En general, podemos decir que experiencia satisfactoria. Hoy ya menos, porque lo de levantarse con la boca seca, limpiar la casa y hacer la compra resta encanto, pero es la vida real.

Ahora nos queda esta semana, que solo tendrá dos días para nosotros, afortunados miembros del entorno académico con vacaciones desde el miércoles. Hay promesa de una maratón de Chicas Gilmore con comida basura, un desayuno gochuno y muerte por rebajas el viernes. Chachi. Buscaré un vestido con un escote hasta las rodillas para Nochevieja, que por lo visto ya tenemos plan. Tiembla, Salsi.

Un beso para todos menos para los que no sabéis que hoy es el 51th aniversario de Doctor Who. Hace un año yo estaba en Londres sacando a mi friki interna a la luz (también tengo una interna, sí). Bueno, no ha ido tan mal la cosa :)

miércoles, 5 de junio de 2013

Erasmus disease symptoms:


- you meet so many people you can't remember all of them
- Mondays are the new Fridays, Tuesdays are the new Fridays, Wednesdays... and so on
- you come to a point where you don't speak Spanish, English, German or Italian anymore, but all of them (which is, actually, a modern version of Sanskrit)
- what happened last night? Becomes your motto
- your fridge might be empty, but there will always be there a beer and a piece of cheese (??)
- maybe you don't learn the language of the country, but there's a word that you will: beer (or sör, whatever)
- do you remember what it is to iron your clothes? Me neither.
- what are all these people doing at my home?
- doing the laundry only works when you do not have any more clean underwear
- staying home is NOT an option
- “I should cook something… nope.” And then pizza
- your parents love you more now
-  you start doing things like singing in public, taking off your bra in the middle of a disco or carrying underpants in your handbag without any remorse
- you just point at a random place in the map around your city and think “So there is where I will be spending my weekend…!”
- your lifestyle starts including meeting new friends at 5 am while eating kebap or something

- you get depressed while thinking about what your life will be like next year

And so on, honeys. Please, add your owns ;)

domingo, 2 de junio de 2013

Blame it to the alcohol

La noche de ayer no sé ni por dónde cogerla, en serio. Ahora mismo tengo una resaca letal, un sueño que muero y estoy a un tris de que se me caiga la cabeza en los cereales y morir ahogada en muesli con nesquik (imaginaos que cadáver tan antiestético quedaría...).
La culpa es de Elena, siempre de Elena. Ya cuando salgo por Vetusta con ella y con Dudu siempre me acaban liando, pero ahora se confirma, porque llegó el jueves y no ha tardado ni una semana en liarme. Menos mal que íbamos de tranquis, amigos, porque si no igual nos deportan...
Una, que con toda su buena intención decide sacar a su amiga por ahí para enseñarle algo de cultura nocturna, que la lleva a cenar pizza y Somloi (no se pregunta lo que es, se come y a callar), que la arrastra a Morrison's Opera para empezar la noche tranquilamente y que encima lleva chupitos de vodka en el bolso (para darle la chispa de la vida, ya sabéis)... Pues así empezamos, pero acabar acabamos muy diferente.
Nos vamos a Morrison's, donde Elena queda fascinada por el lugar, el trenecito que pasea por el techo encima de la barra y el miedo que da la gente cantando al karaoke. Pedimos la primera, vemos a la gente cantar, se nos sientan enfrente dos tíos que no paran de girarse y mirarnos en plan acosador psicópata (chicos, un consejo, hay formas y formas de mirar a una chica: aunque esteis buenos, si sonreís como violadores la angustia sigue ahí). Pedimos la segunda, siguen los psychos estos ahí. Pedimos la tercera, se piran y vienen a sentarse dos tíos macizorros (y no psychos), pero con nosotras. Ahí, en plan sutil. Eran de una despedida de soltero y los amigos andaban por ahí moñándose a tope por las esquinas y dando berridos de becerro en celo por el micro del karaoke. Os diré que si vais por Budapest y conocéis a un Niklaus rubio, de metro ochenta más o menos, con los ojos azules e ingeniero, ya es colega, así que con alegría.
Anduvimos por ahí un rato, bailamos, me guiñó el ojo Jabba el Hutt (huí despavorida) y marchamos al exterior.
Y, amigos míos, ése fue el error: no se va al Instant. No, mal, mal, mal, nunca, MAL. Sobre todo después de un chupito de vodka y 3 cervezas. Yo quería que Elena lo viese, quedase fascinada y ya, pero nos quedamos y eso está MAAAAAAAL. Pedimos otra cerveza (mal) y nos apalancamos en el futbolín, y entonces pasa por nuestro lado como 3 veces el mismo tipo hasta que se acerca con la típica entrada de "¿Españolas? ¡Yo también!". Valenciano. Se llamaba Nemecio. No, no es broma, de verdad: Nemecio. Tenía 24 años, así que tampoco es que viniese de la época de la guerra, ¿sabéis? Nos contó que solía presentarse como "Nemo, como el pez. Pero no Nemo, Neme".
Pobre hombre, le vacilé tanto las dos horas que estuvo con nosotras que creí que me iba a entrar una hernia. Vosotros me conocéis, para que yo piense que me estoy pasando vacilandole a alguien... Haceos la idea. Y no por lo del nombre, no os equivoquéis, por todo: por Juego de Tronos, por Harry Potter, porque no vocalizaba, porque era valenciano, porque me tocaba ( y a mí no me gusta que me toquen, ¿por qué me tocan?)... Dios, me metí con él lo que quise y más, pobre Nemecio... No paraba de repetirle a Elena "Esta tía me odia, ¿a que sí? Me odia, me odia. La voy a matar, la voy a matar porque me odia..." etc.
Y salgo del Instant porque Elena se quedó atareada con Nemecio. Salgo con un cigarrillo en la mano y me para un rubio y me pide otro. Se lo doy y quedamos fumando en la puerta (las 5 de la mañana, ya de día pleno y tal): que es sueco, que está de viaje, que su vuelo sale dentro de dos horas... Se nos acerca Sueco 2, moreno y guapo, comiéndose un kebap ("This has cinnamon, check it" y me lo pone debajo de la nariz ¿?). Luego llega Sueco 3, un armario de 2x2, cantando a Alicia Keys (le pregunté y me dijo que era un fetiche). Sueco 1 empieza a preguntarme de donde soy, "Spain", "Don't believe you, you speak good English! And you have accent, you're American", "No, Spanish", y coge y llama a Sueco 2 y le pregunta que de dónde cree que soy, y el otro que de San Diego.
Claro, tío, ¿no ves la cara de California surfer girl que tengo?  Tuve que enseñarles el DNI. Estos escandinavos...
Pero Sueco 1 no se achanta y utiliza "Meter ficha", no es demasiado efectivo: "I know you're gonna say no, but I like you, maybe we can go home together...".
Esta soy yo:
PENSAMIENTO: Yo me voy a mi casa a dormir, tú haz lo que quieras, chaval

"At least let me take you home in a cab", ya claro, ahora mismo te digo donde vivo, dame un segundo... Si además Sueco 2 me contó que en 3 horas cogían el vuelo de vuelta...
El caso es que cogí y me volví a casa dando un paseo con luz de día por la calle.
Entonces, cuando ya estoy en casita y me dispongo a echarme y caer en coma, me llama Elena "Tía, no me abre la puerta de casa". Muero. Coitus interruptus, rollus cortatus. Claro, el tío a su casa y Elena a la mía. Ha estado sobando en la habitación de al lado hasta hace media hora y se acaba de marchar con una cara de resaca que era reflejo de la mía propia. 

Noche completita en Budapest. Necesito agua y patatas fritas. O macarrones con queso. 
Empieza a notarse de verdad que sólo me quedan 17 días, supongo que es el momento de hacer todo lo que sea para que no queden espinitas clavadas. Livin' la vida loca (la cantaron ayer en Morrison's, creo que era una señal). 
Muchos besos de vuestro Culo de Coco ;)

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012-2013

Hola, corazones de invierno.
¿Os dais cuenta? Vamos a entrar en la segunda parte del curso 2012-2013. ¡Qué nervios, qué nervios, qué nervios! Y hoy cenota a lo grande, y salir por ahí hasta la mañana y...
Es mentira, en mi casa hoy cenamos comida china, porque estamos hasta las narices de cocinar comilonas, y yo me quedo en casita porque mi dinero para esta noche tan insigne/inmunda se desvaneció en forma de entrada para el concierto de Muse. Tampoco me mata, no creáis, porque lo último que me apetece a mí hoy es salir a pelarme el culo de frío en la calle con el vestidito y los tacones de turno o pelearme en plan espartano en la barra de algún bar/fiesta por una copa mal mezclada y cotizada a precio de gramo de antimateria.
Yo volvía a casa por Navidad (como los turrones el Almendro) con la vana ilusión de tener unas vacaciones entretenidas y variopintas. Parece mentira que olvidase lo que es Oviedo: un truño, amigos, sobre todo después de pasarte 4 meses a tu bola completamente y con algo distinto que hacer cada día. Está bien la primera semana porque te plantificas en la puerta de tus padres por sorpresa y les ves la carina y te rías un rato, porque cae Nochebuena y viene la familia y acabas la noche cantando a Nino Bravo con tu padre y porque se produce ese esperado reencuentro con los amigos que tampoco sabían que venías. Ah, y por tu hermana pequeña, que ya no es tan pequeña pero sigue dando el mismo miedo que antes, lo que no deja de ser reconfortante en cierta manera. Lo mejor son las caras.Una vez pasado todo esto, comidas las primeras croquetas y salido de copas un par de noches por los viejos tiempos, se te cae el cielo encima y ruegas por un cambio de algún tipo. Volver a tu erasmus, por ejemplo, que aunque haga un frío que te cagues y tampoco salgas de casa, por lo menos no tienes a tu madre rumiándote en la oreja todo el rato lo que haces o dejas de hacer y donde todavía te quedan cosas nuevas que ver/disfrutar/beber/comer.
Yo, que estaba deseando que llegase todo esto, ahora me planteo muy seriamente aprovecharme de mi tía e irme a pasar los Reyes fuera. ¿Contraproducente? Quizás, pero esta inactividad me está matando. Prefiero pasar 5 días fuera con algo nuevo y medio muerta de agotamiento que esta inacción insulsa que hay por aquí sazonada por los reproches maternales a los que ya me he desacostumbrado.
¿Sabéis qué hago estos días? Escribir y leer. Y de esto no me quejo tanto porque me gusta, pero cuando pasas 3 días seguidos metida en casa sin nada más que hacer que esto y ver pelis, desearías que los mayas hubieran tenido razón.
Besos para todos y que tengáis un feliz año cargado de arco iris, unicornios y conejitos de color rosa o lo que sea.