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lunes, 19 de enero de 2015

Hakuna Matata

Es lo que llevo tres días diciéndome. Los fines de semana largos hace que entres en más conexión contigo misma... y con tu compañera de piso. Bueno, compañeras, porque ahora hay otra oriental en mi sofá. Y lleva ahí apalancada una semana; se suponía que se iba hoy, pero vuelve a estar en mi sofá. Creo que se están riendo de mí, porque no quiero ser borde y no me atrevo a preguntar rollo "Oye, tu amiga ¿no se piraba ya?", pero me estoy cabreando porque vivimos tres y solo limpia una. ¿Adivináis cuál?
Estoy mosqueada, menos mal que ha sido un fin de semana cuasi antisocial (salvo por el gocherío y las charadas del sábado por la noche).



Ya, ya lo sé, hace más de un mes que no cuelgo nada. Flagelación, flagelación. Tostador, Mono, mono, lencería (esto es una ilustración de mis procesos mentales tras la taranga de Nochevieja).

Acabar el semestre fue como hacer un sprint, con las entregas de trabajos, corregir los exámenes finales, comprar los regalos de Navidad y todos esos rollos que todo el mundo desearía evitar comiendo palomitas y viendo la tele en su casa (yo lo haría ahora mismo en mi sofá si no estuviese OCUPADO). Gracias a Dios o lo que sea, luego fue cosa de fiesta, aviones y panderetas.
En primer lugar, porque J se apunta a un bombardeo si la dejan: ¿vamos a la fiesta de F y C en su casa? ¡Claro! ¿Me puedo quedar a dormir contigo? ¡Por supuesto! ¿Desayunamos gochuno a lo bonzo y nos vamos de compras? ¡Naturalmente!
Lo bueno que tiene es que jamás llegamos a conflicto.
Ya os podéis imaginar el fin de semana antes de coger el avión, hice la maleta como quien juega al tetris y bostezando y me fui de casa (literalmente).

El viaje fue de traca, porque consistió en dos trenes hasta el aeropuerto, un avión de ocho horas y un tren de 5 hasta Oviedo. Para cuando llegué a los brazos de mi entusiasta familia, ya no sentía ni padecía. La peor parte fue sin duda en el tren a Oviedo, que se me sentó al lado un paisano de Palencia que no paró de hablarme de sus nietos ingenieros mientras yo agonizaba tras 24 horas sin dormir y un remake de La bella y la bestia en francés.

El caso es que Oviedo me dejó dormir 13 horas esa noche, para que Nochebuena fuese contundente, con esos karaokes que nos gustan tanto en la familia hasta las 5 de la mañana. Claro, una se emociona por ver a los abuelos, a los tíos y a los primos... y pasa lo que pasa (que acaba cantando a Melendi). Añadidle el hecho de que me bajé media botella de vino en la cena y una botella de cava tras los postres e imaginaos mi estado el día de Navidad: pensé que había muerto y estaba camino a la ultratumba.


Afortunadamente para mí, mis Filólogos Sin Fronteras estaban decididos a inmunizarme contra las resacas y decidieron provocarme otra al día siguiente. Yo iba con esta idea de "aún tengo jet lag, me tomo unas cerves, echo unas risas y para casa". Y lo hice. Hasta las 6 de la mañana, concretamente.

Por si fuera poco y para no perder ritmo, al día siguiente tuve espichota en el Terrastur con las sospechosas habituales... y Hugo (siempre lo añadimos al final de la frase, rollo corolario). Esperad que lo mejor llega ahora: tras una noche de locura y desenfreno (y bailar a saltos en la Radio durante unas dos horas), Hugo nos lleva a casa, me deja la última y nos quedamos de tertulia en el coche. Como somos unos genios, a ninguno de los dos nos da la cabeza para apagar la radio ni las luces hasta pasado un buen rato, un buen rato largo. Y cuando el señor va a arrancar una hora más tarde... ¡tachán, tachán! Se ha quedado sin batería. Y ya nos veis llamando al seguro para que vengan a poner las pinzas y toda la vaina. Total, que para cuando consigo meterme en la cama son casi las nueve de la mañana y mi reloj interno está bailando una chirigota porque ya no sabe si es de día, de noche, azul, verde o amarillo.

Pero bueno, por suerte, esto de que te presten atención es cosa de los primeros días, que luego se pasa la novedad y vuelves a ser el mismo despojo que siempre han tratado (cuando se dan cuenta de que has vuelto sin cicatrices ni marido rico). Eso sí, mamá y papá muy tiernos todo el tiempo con el "¿Qué quieres comer hoy?" que para mí es lo más grande que existe como muestra de afecto.
Y los días se fueron volando del calendario entre pitos y flautas (y mi hermana pequeña bailando por la casa, porque ahora va a ser bailarina profesional o mono de feria, lo que le ofrezcan antes).


La Nochevieja... bueno, ya sabéis cómo son estas cosas. Vamos a dejarlo en que vi y viví cosas que jamás habría pensado (principalmente porque tengo mejores cosas en que pensar), pero que me servirán algún día para un best-seller o para pagarle la universidad al hijo de algún psiquiatra. Menos mal que no hay nada que no cure un chocolate con churros y dormir hasta las cuatro de la tarde, aunque te levantes con mensajes en código. Mira que Neruda fue muy claro con su "Me gusta cuando callas". Si es que no se nos pega nada de lo bueno...
Por consiguiente a la juerga, y como suele ser tradicional, pasé los tres días siguientes con un gripazo que Dios tirita. Daba una penica verme...

Mientras estaba aún con el clínex en la mano, llegó Ágave, que es como mi hada madrina de la cordura y la indecencia (porque sí, niños, la mayor parte de las veces van de la mano). Vino con ganas de cafetear mucho y cotillear aún más, aunque siendo Oviedo como es, bien poco había para cubrir lo último. Poco, que no nada; siempre hay buenos temas que tratar comiendo churros, que es lo más español que conozco aparte de la tortilla, las señoras con bolsas de plástico en la cabeza cuando llueve y los malos doblajes televisivos.

Como podréis imaginar, después de tres semanas de vacaciones con este percal (al que añadiremos el haber obtenido al fin el título de la carrera -el mío es de edición nueva, firmado por Felipín, mientras que el de Sara es vintage, de Juanca-), volver a Philly no ha sido nada fácil. Bueno, a ver, en parte sí (ciudad grande, cosas que hacer, vida vida), pero en parte no, por eso de que la familia te despide en la estación de tren, te hacen llorar (cabrones) y te vuelve a tocar tomar comida de avión (que no es carne ni pescado, sino ambas cosas y todo lo contrario a la vez). Por suerte siempre se puede contar con J y A para sacarte de brunch ya el primer día, a gochear como nos pide el cuerpo, pasar frío y callejear en los alrededores del río congelado.

Y luego ya son todo clases, becas que tienes que echar pero no estás preparada, volver a la rutina, conocer a tus alumnos nuevos (que también tienen cara de susto, me dan ganas de golpearlos con un arenque) y comer patatas fritas con salsa ranchera antes de ir a echarte a los sofás de la sala de billares. Para todo lo demás, mastercard.

Básicamente, en esas andamos. Me voy, que es mazo tarde y yo mañana tengo clase de italiano, pero os dejo con un consejo para el nuevo año de la más grande: Lorelai Gilmore:


Abrazos para todos menos para los que no lloráis con la muerte de Mufasa, eso es de mala gente.

PD. Los Reyes molaron, pero desde que mi hermana ha crecido y ya no cree en la magia, han perdido cierto encanto...

domingo, 14 de diciembre de 2014

"He visto cosas que jamás imaginaríais..."

¿Os acordáis del monólogo de Blade Runner? Bueno, yo llevo acordándome de él varios días, empiezo a sentirlo una parte explicativa de mi vida en las últimas semanas. Sé que hace mucho que no escribo nada, pero es que me lían y al final hasta hago cosas. Veréis.

En primer lugar, la última vez que escribí os hablé de un Fake Thanksgiving, pero es que después de eso, fue Thanksgiving de verdad y nos montamos otra celebración, la Guarrest Thanksgiving Ever, que es algo muy típico español, porque cogemos una fiesta extranjera y la destrozamos (¿transculturación? ¿hibridez? ¿trastorno de personalidad?). Así que el 27 de noviembre del año de Nuestro Señor 2014, fui cordialmente invitada a la comuna hippy que tienen montada los TAs en South Philly, a comer patatas, beber vino y gochear vilmente entre pizzas y red velvet con bigotes postizos y tocados de gusto dudoso. A mí, que me registren, las normas las puso A y el gocheo lo trajo J, yo me limité a dormirme como una ceporra en el sofá en cuanto fueron a echarse.

Somos el paradigma del saber estar.

El caso es que después de esto llegó el Black Friday. Sí, la gente se vuelve muy loca y llega al amanecer en hordas zombies a los sitios para arrasar con todo, pero solo en los sitios para paletos, como el Walmart. Además tened en cuenta que nosotros... SOMOS ESPAÑOLES y eso significa que para un día sin clase en que podemos dormir, no vamos a salir de casa antes de las 10. Con esto quiero decir que primero desayunamos tortitas a lo bonzo (cortesía de C) y luego ya, con calma chicha, nos pusimos en movimiento. Es un día para ser gastizo, para qué nos vamos a engañar. Lo ves todo tan bonito por ahí puesto, decoradito con luces y colores y hace tanto frío que no quieres estar en la calle que al final, compras. En mi caso, cuando vi el sableo que le había metido a la tarjeta de crédito, me consolé pensando: "Lo necesitas, que winter is coming y tú tienes cuatro cosas endebles", pero aún así un poco sí que duele. Además, encontré el Barnes&Noble de Philly, lo que implica que de aquí a un par de meses habré muerto sepultada entre libros; ya me conocéis, no puedo resistirme a unos buenos tochos de precio razonable y allí he encontrado el rincón de las ediciones chu-chu-chuuuuulis (como diría Ralph). Qué chungo.

Después de esto, la vida siguió tranquilamente entre alumnos apijotados, clases desconcertantes, trabajos procrastinados (hasta el infinito y más allá) y convivencia mundana de apartamento. Voy a empezar con lo de los alumnos, porque os juro que me dejan con el culo torcío.
Vamos a partir de la base de que tienen entre 17 y 20 años y es la primera vez en su vida que viven sin mami ni papi ni perri que les ladre, lo que significa que tienen la misma madurez que una berenjena. Habiendo establecido esto, sumémosle el hecho de que tienen que chapar, porque llegan los exámenes y no hay otra, contando entre sus obligaciones la tarea de preparar una escena (tipo: de compras, en el restaurante, primer día de universidad...) para su representación para el examen oral de español. Yo sé que actuar no es santo de la devoción de nadie, menos aún cuando no tienes mucha confianza con tus compañeros. Pero si tu profesora te está diciendo que valora la creatividad, que quiere un mínimo de 4 páginas de diálogo y que está dispuesta a ayudaros con las correcciones, ¿no os lo curraríais un poquito? Por aparentar, al menos.
Bueno, pues yo llegué el día D a la hora H con mis niños y me encontré con gratas sorpresas, turbias sorpresas y malas sorpresas. Lo hicieron bastante bien, con sus chascarrillos (como las que querían ligarse al camarero porque era "romántico, atractivo, con buen estilo. Le gusta la piña colada y quedar atrapado en la lluvia" o el que en su primera cita con una chica dijo que "Steve Buscemi tenía unos ojos lindos" -lo cual me perturba-) y todo, pero yo cuando me llegan unos a decirme "Claudia, hoy no estamos preparados, lo hacemos mañana ¿vale?" (y encima en inglés) es que me quedo boqueando como un salmonete fuera del agua. WTF, amigos? ¿Desde cuándo elige el alumno cuándo se hace el examen?
Sin (más) comentarios.



Por el lado de ser alumna, también estoy desconcertada. No es una historia personal, pero nunca pensé que un profesor pudiera tener la cara de cancelar una tutoría sobre la marcha porque se va al teatro y luego negarse a corregir tu ensayo porque "ya es demasiado tarde". Mi no entender.

En el aspecto compañeril también ando un poco loca. Yo sabía que USA era un país muy teatral (por Dios, ¿habéis visto sus series de TV?), pero nunca pensé que compartiría clase con una drama queen. Por un lado, dices "al menos no me aburro", pero por el otro... nunca sabes qué esperar y alucinas a cada paso. Es lo que le da calidad a la clase. Solo voy a decir al respecto que, si abusas de tus compañeros, apochina con lo tuyo que ya tenemos todos una edad suficiente como para hablar las cosas, Pero con amor.


Sobre la convivencia de apartamento diré que estoy a un tiro de piedra de asesinar a mi compañera. Tiene 17 años y se le nota, por eso de que no limpia si no se lo dices, no recoge si no se lo dices, anda como una maraca que se le olvida todo constantemente (puertas, luces)... Esta sola duraría menos que un Stark en Desembarco del Rey. Yo no quiero hacer de mami, pero me veo con una úlcera pronto, así que tendré que ejercer. No es normal, echo de menos a mis alemanas adorables del Erasmus.

Pero pasemos a cosas más agradables: llegó el momento NYC. Sí, he estado viviendo en Philadelphia durante casi 4 meses y aún no había ido a Nueva York, ¿pasa algo? Ha sido por la falta de tiempo y compañía para no deambular sola por la ciudad, que es muy triste eso y La Lista de Schindler, ¿sabéis? Bueno, el caso es que M y su consorte vinieron a pasar una semana a la Gran Manzana y ¿cómo decir que no a un día de ocio tal? Así que madrugar mazo, autobús de dos horas y media y hola Nueva York. Fue un día de turisteo menor y un poco friki: paseamos la High Line, vimos el White Horse, pub donde Kerouac leía sus cosas y se cogía sus melopeas,visitamos los apartamentos de Sexo en NY y Friends, vimos cosas que jamás podremos comprar, comimos en un mexicano (restaurante, no persona) y luego fuimos al centro centro a ver el espectáculo de Saks y el Rockefeller Center. Todo muy navideño, con un frío de cagase y luces everywhere.


Y ahora llegamos al meollo de la semana, queridos: THE END.
THE END implica fiesta, y la fiesta entre nosotros está muy bien (al viernes por la noche en Radnor me remito, con su posterior resaca de la muerte que me tuvo inutilizada todo el sábado), pero la del Departamento es otra historia. Partimos de la base de que, así con una media de edad de la época de Salvados por la Campana, solo estábamos A, J y yo; seguimos con la historia de ver a tus jefes/profesores todos pedo bailando la Danza Kuduro o exaltándose por una partida de Trivial, acabamos con que intenten reteneros, cuando intentáis marcharos, para que baje la media de edad de la sala. Turbio es que haya un equipo de adultos (recalco, adultos) que con cada pregunta correcta en el trivial cante el "We are the champions"... y al final pierda (ah, ironía, vieja amiga...) contra el equipo llamado no-sé-qué de las cabras (cabras, queridos, CABRAS). Y lo mejor: ese abrazo volador de cierto profesor levantando en brazos a cierta profesora que nos enseñó todos los misterios de una braga-faja blanco nuclear.
Aderezadlo con comida vegetariana y una maravillosa selección de postres. Yo tengo un trauma, pero es que he visto a mi jefa dando patadas al aire a lo Chuck Norris y claro...
¿Lo mejor? Hacerse fotos con el Belén de la universidad cuando nadie mira.
El único que no daba miedo bailando esa noche fue T, ya en casa, rebosante de cerveza y entusiasmo (¡Vamos T, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal, tu cuerpo se mueve como una palmera, suave, suave, su-su-suave!). Ese juego de cartas es una maldición.

Básicamente, así estamos. Estoy oficialmente a 8 días de coger mi vuelo a España para las Navidades. Ya tenemos entradas para Nochevieja y yo estoy desarrollando otro estómago para llenarlo exclusivamente de croquetas cuando llegue, hay que tener proyectos. Además, Ág ya tiene billetes para venir a verme en marzo (fuck yeah!!), así que todo viento en popa, ¡marineros!

Nos vemos en la próxima entrada, muchos besos para todos menos para los que madrugáis para hacer footing. A vosotros deberían echaros a Francia.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Fake Thanksgiving

Ayer fue de los días más americanos que he vivido jamás. Y por americano quiero decir de película de Tim Allen en que se hace de noche a las cuatro de la tarde, ya están puestas las decoraciones navideñas, la ciudad brilla, hace un frío que pela y se respira consumismo por todas partes antes de ir a cenar a las siete de la tarde.

Esto todo significa que ayer fuimos a la ciudad a lucir el palmito (con nuestros plumas gigantes y las bufandas hasta las cejas) y a comprar trapos (que si este anorak está rebajado y es japonés, que si mira qué bata tan mona para con el pijama, que si estos pantalones tienen lechuzas, que si esa bufanda te protege hasta de las balas...). Cuando empiezas a ver cosas bonitas y tienes un sueldo es muy difícil resistirse, porque ahorrar es muy aburrido, así que compras como si no hubiese un mañana (que sí que lo hay, y de hecho hay hasta un Black Friday a la vuelta de la esquina, pero es que no tenemos medida). Estúpido capitalismo globalizador... (dijo ella agitando el puño mientras se probaba su jersey nuevo).

Por supuesto, nosotros lo españolizamos todo, porque de otra manera no encontraríamos la forma de hacerlo nuestro (estamos aprendiendo un montón sobre transculturación y vainas de esas, apunta, J), así que llegamos tarde (a eso de las ocho), bebimos como si no hubiese un mañana antes, durante y después de la cena y picoteamos patatas alioli esperando por el pavo.

Pavo, sí pavo. Si fingimos Acción de Gracias, lo fingimos en condiciones. ¿Que de "de qué mierdas estamos hablando, amigo"? Pues bien sencillo: T y C se gastan 100 dólares en un supermercado y les regalan un pavo gigante genéticamente modificado con hormonas de Hulk; como ella es vegetariana y a él le gusta comer, pero no tanto, deciden compartir su riqueza glotona con sus pobres compañeros de casa/trabajo, que humildemente acudimos a su llamada. Ya sabéis, somos españoles, nosotros si hay comida y cerveza, no lo dudamos.



Y así acabamos once personas alrededor de una mesa compartiendo puré de patatas, pan de olivas y salsa de cranberry para el pavo. Olía la casa que daba gusto. Corría la cerveza que daba gusto. Comimos un arroz con leche de postre que daba gusto. La verdad es que, visto así, anoche fue bastante hedonista. El caso es que fue toda una celebración en que la ceremonia esa de dar las gracias no cuajó un carajo y nos limitamos a hacer chistes entre bocados. Además, nuestra J se nos hacía mayor y tuvimos que recordárselo (los buenos amigos están ahí para recalcarlo cuando envejeces). ¿La mejor dedicatoria en la tarjeta de cumpleaños? La del pavo: "La próxima vez os coméis a vuestra puta madre. -El pavo". Es que Ce tenía el día inspirado para firmar (además de para cocinar, porque vaya gozada de... todo).

En general, podemos decir que experiencia satisfactoria. Hoy ya menos, porque lo de levantarse con la boca seca, limpiar la casa y hacer la compra resta encanto, pero es la vida real.

Ahora nos queda esta semana, que solo tendrá dos días para nosotros, afortunados miembros del entorno académico con vacaciones desde el miércoles. Hay promesa de una maratón de Chicas Gilmore con comida basura, un desayuno gochuno y muerte por rebajas el viernes. Chachi. Buscaré un vestido con un escote hasta las rodillas para Nochevieja, que por lo visto ya tenemos plan. Tiembla, Salsi.

Un beso para todos menos para los que no sabéis que hoy es el 51th aniversario de Doctor Who. Hace un año yo estaba en Londres sacando a mi friki interna a la luz (también tengo una interna, sí). Bueno, no ha ido tan mal la cosa :)

miércoles, 5 de junio de 2013

Erasmus disease symptoms:


- you meet so many people you can't remember all of them
- Mondays are the new Fridays, Tuesdays are the new Fridays, Wednesdays... and so on
- you come to a point where you don't speak Spanish, English, German or Italian anymore, but all of them (which is, actually, a modern version of Sanskrit)
- what happened last night? Becomes your motto
- your fridge might be empty, but there will always be there a beer and a piece of cheese (??)
- maybe you don't learn the language of the country, but there's a word that you will: beer (or sör, whatever)
- do you remember what it is to iron your clothes? Me neither.
- what are all these people doing at my home?
- doing the laundry only works when you do not have any more clean underwear
- staying home is NOT an option
- “I should cook something… nope.” And then pizza
- your parents love you more now
-  you start doing things like singing in public, taking off your bra in the middle of a disco or carrying underpants in your handbag without any remorse
- you just point at a random place in the map around your city and think “So there is where I will be spending my weekend…!”
- your lifestyle starts including meeting new friends at 5 am while eating kebap or something

- you get depressed while thinking about what your life will be like next year

And so on, honeys. Please, add your owns ;)

domingo, 2 de junio de 2013

Blame it to the alcohol

La noche de ayer no sé ni por dónde cogerla, en serio. Ahora mismo tengo una resaca letal, un sueño que muero y estoy a un tris de que se me caiga la cabeza en los cereales y morir ahogada en muesli con nesquik (imaginaos que cadáver tan antiestético quedaría...).
La culpa es de Elena, siempre de Elena. Ya cuando salgo por Vetusta con ella y con Dudu siempre me acaban liando, pero ahora se confirma, porque llegó el jueves y no ha tardado ni una semana en liarme. Menos mal que íbamos de tranquis, amigos, porque si no igual nos deportan...
Una, que con toda su buena intención decide sacar a su amiga por ahí para enseñarle algo de cultura nocturna, que la lleva a cenar pizza y Somloi (no se pregunta lo que es, se come y a callar), que la arrastra a Morrison's Opera para empezar la noche tranquilamente y que encima lleva chupitos de vodka en el bolso (para darle la chispa de la vida, ya sabéis)... Pues así empezamos, pero acabar acabamos muy diferente.
Nos vamos a Morrison's, donde Elena queda fascinada por el lugar, el trenecito que pasea por el techo encima de la barra y el miedo que da la gente cantando al karaoke. Pedimos la primera, vemos a la gente cantar, se nos sientan enfrente dos tíos que no paran de girarse y mirarnos en plan acosador psicópata (chicos, un consejo, hay formas y formas de mirar a una chica: aunque esteis buenos, si sonreís como violadores la angustia sigue ahí). Pedimos la segunda, siguen los psychos estos ahí. Pedimos la tercera, se piran y vienen a sentarse dos tíos macizorros (y no psychos), pero con nosotras. Ahí, en plan sutil. Eran de una despedida de soltero y los amigos andaban por ahí moñándose a tope por las esquinas y dando berridos de becerro en celo por el micro del karaoke. Os diré que si vais por Budapest y conocéis a un Niklaus rubio, de metro ochenta más o menos, con los ojos azules e ingeniero, ya es colega, así que con alegría.
Anduvimos por ahí un rato, bailamos, me guiñó el ojo Jabba el Hutt (huí despavorida) y marchamos al exterior.
Y, amigos míos, ése fue el error: no se va al Instant. No, mal, mal, mal, nunca, MAL. Sobre todo después de un chupito de vodka y 3 cervezas. Yo quería que Elena lo viese, quedase fascinada y ya, pero nos quedamos y eso está MAAAAAAAL. Pedimos otra cerveza (mal) y nos apalancamos en el futbolín, y entonces pasa por nuestro lado como 3 veces el mismo tipo hasta que se acerca con la típica entrada de "¿Españolas? ¡Yo también!". Valenciano. Se llamaba Nemecio. No, no es broma, de verdad: Nemecio. Tenía 24 años, así que tampoco es que viniese de la época de la guerra, ¿sabéis? Nos contó que solía presentarse como "Nemo, como el pez. Pero no Nemo, Neme".
Pobre hombre, le vacilé tanto las dos horas que estuvo con nosotras que creí que me iba a entrar una hernia. Vosotros me conocéis, para que yo piense que me estoy pasando vacilandole a alguien... Haceos la idea. Y no por lo del nombre, no os equivoquéis, por todo: por Juego de Tronos, por Harry Potter, porque no vocalizaba, porque era valenciano, porque me tocaba ( y a mí no me gusta que me toquen, ¿por qué me tocan?)... Dios, me metí con él lo que quise y más, pobre Nemecio... No paraba de repetirle a Elena "Esta tía me odia, ¿a que sí? Me odia, me odia. La voy a matar, la voy a matar porque me odia..." etc.
Y salgo del Instant porque Elena se quedó atareada con Nemecio. Salgo con un cigarrillo en la mano y me para un rubio y me pide otro. Se lo doy y quedamos fumando en la puerta (las 5 de la mañana, ya de día pleno y tal): que es sueco, que está de viaje, que su vuelo sale dentro de dos horas... Se nos acerca Sueco 2, moreno y guapo, comiéndose un kebap ("This has cinnamon, check it" y me lo pone debajo de la nariz ¿?). Luego llega Sueco 3, un armario de 2x2, cantando a Alicia Keys (le pregunté y me dijo que era un fetiche). Sueco 1 empieza a preguntarme de donde soy, "Spain", "Don't believe you, you speak good English! And you have accent, you're American", "No, Spanish", y coge y llama a Sueco 2 y le pregunta que de dónde cree que soy, y el otro que de San Diego.
Claro, tío, ¿no ves la cara de California surfer girl que tengo?  Tuve que enseñarles el DNI. Estos escandinavos...
Pero Sueco 1 no se achanta y utiliza "Meter ficha", no es demasiado efectivo: "I know you're gonna say no, but I like you, maybe we can go home together...".
Esta soy yo:
PENSAMIENTO: Yo me voy a mi casa a dormir, tú haz lo que quieras, chaval

"At least let me take you home in a cab", ya claro, ahora mismo te digo donde vivo, dame un segundo... Si además Sueco 2 me contó que en 3 horas cogían el vuelo de vuelta...
El caso es que cogí y me volví a casa dando un paseo con luz de día por la calle.
Entonces, cuando ya estoy en casita y me dispongo a echarme y caer en coma, me llama Elena "Tía, no me abre la puerta de casa". Muero. Coitus interruptus, rollus cortatus. Claro, el tío a su casa y Elena a la mía. Ha estado sobando en la habitación de al lado hasta hace media hora y se acaba de marchar con una cara de resaca que era reflejo de la mía propia. 

Noche completita en Budapest. Necesito agua y patatas fritas. O macarrones con queso. 
Empieza a notarse de verdad que sólo me quedan 17 días, supongo que es el momento de hacer todo lo que sea para que no queden espinitas clavadas. Livin' la vida loca (la cantaron ayer en Morrison's, creo que era una señal). 
Muchos besos de vuestro Culo de Coco ;)

domingo, 5 de mayo de 2013

El que lee mucho y anda mucho...

Hallo, meine liebe Kinder!
¿Cómo están ustedes? Yo agobiada. Llevo un mes procrastinando y procrastinando hasta llegar a hacer de ello un arte y ahora tengo que enfrentarme a las consecuencias. Menudo truño, colegas, con el finde que he tenido estoy yo como para ponerme a analizar poesía vanguardista o preparar actividades de gramática... Pero bueno, como dijo Jack el destripador, vayamos por partes.
Hablemos primero de Szeged, preciosa ciudad húngara donde pasamos el Día del Trabajo un intrépido grupo de vagos y maleantes (véase Sziszi, Inma, Rocío y Áron, su compañero de piso y recientemente adquirido nuevo miembro). Ésta es Szeged:

(A ver, yo no prometí ningún paisaje)

La verdad es que fue un día estupendo, agotador y caliente hasta decir basta. Pillamos mercadillo y festival, pasamos por un aquapark (donde odié a casi todo el mundo por estar fresco en el agua), vimos una sinagoga que parecía el hogar de todos los fantasmas judíos, comimos helado, pasamos calor, comimos aros de cebolla, vimos un edificio inspirado en una tarta de bodas, comimos patatas fritas, deambulamos por sus calles, tomamos la fresca junto a la fuente central, paseamos el río, comimos bollos con queso y descubrimos que los húngaros también tienen sentido del humor (y uno muy culto, todo hay que decirlo):



Por otro lado, menos cultural pero igualmente entretenido, tuvimos el fin de semana. Creo que más o menos, y en términos de Skype con Cris, podría resumirlo de la siguiente manera:
- Viernes por la noche: Inma y yo bajándonos dos jarras de sangria en el Vázquez, donde fuimos cortésmente invitadas a una ronda de chupitos de vodka + otra jarra de sangria, lo que nos condujo a socializar con un grupo del equipo técnico de la Seat, que estaba de viaje de trabajo, y con los que acabamos cantando el Amante Bandido de Miguel Bosé (por cierto, si alguno os pregunta, yo tengo 14 años).
- Sábado por la noche: exhibicion de swing, tras la cual fuimos Inma y yo (que ya somos como una entidad, por lo visto) comiendo patatas fritas por la calle a recoger a nuestras amigas cultaz Sziszi y Rocío, que salían de la ópera + concierto de guitarra en el mismo Vázquez (dos jarras de sangría + una ronda de copitas de sangría, chupitos de vodka y unas croquetas de cortesía -yo cada vez estoy más segura de que quieren emborracharnos-) + cerveceo en un bar tecno donde bailamos una hora y pico antes de desear la muerte, una ducha y una cama.

Ahí lo tenéis. ¿Qué os parece? Y mis padres creyendo que yo venía aquí a estudiar... Lo más culto que he hecho esta semana ha sido ir a ver Madame Butterfly a la Ópera el martes por la noche (con Inma, cómo no). Eso sí, ahora me estoy cagando en mi yo del pasado por dejarme con este marrón de tareas pendientes que necesita solución como que YA.
Habrá que ponerse al tajo.
Y vosotros deberíais estar estudiando, panda de haraganes. Besos para todos ;)

martes, 16 de abril de 2013

Buon viaggio!

Lo pondría en croata, que fue el primer sitio, pero aún no he desarrollado ese talento.
Pues eso, mis queridas criaturas, viajar, viajar, ¡viajar! Primero Croacia, luego Italia y luego... ¡la Luna es el tope! (por lo visto)

Me marché con las Falsas Granada a Croacia, con 8 horitas de tren que casi supieron a poco... ¡mentira! Pero llegamos, y nos hicimos muuuuuy amigas de la pobre muchacha de la Posta a la que atormentábamos al menos una vez al día durante los 4, casi 5, días que estuvimos allí. Vimos Zagreb, que es como la ciudad fantasma en Pascua (parece ser que la gente es muy religiosa, y no hace falta que lo juren). Para encontrar sitios donde cenar había que hacer un máster, pero hambre no pasamos (¿hambre? ¿Nosotras? Ya, claro, y qué más...). De hecho, creo que ahora yo solita ocupo toda mi cama.
El caso es que vimos Zagreb (una hora + cementerio, no es una ciudad muy grande), que es bastante interesante y donde se puede fumar en los bares, así que mientras otros se pelan el culo de frío en Oviedo para echar un piti, tomar una cerveza es apañao allí.
Y al día siguiente... fuimos a los lagos, Plitvice, el parque natural, previa parada en Rastoke que es como Hobbiton pero con mucha más agua:


Plitvice es una pasada. Si tenéis oportunidad, DEBÉIS ir, pero evitad escalar cataratas gigantes a 4 grados, porque os pasará como a nosotras: os calaréis 5 capas de ropa de las cuales una será un plumas, se os congelará el tuétano, acabaréis perdidas en lo alto del monte, pensaréis en llamar a Salvamento y caminaréis una hora y media hasta el refugio de montaña para sentaros junto al fuego bebiendo café y brandy. Y el camarero se partirá el culo en vuestra cara al veros ateridas y bebiendo lingotazos.


Volver en tren supondrá de nuevo una odisea con los controles de pasaportes y fronteras (son unos paranoicos de flipar), cambios de tren a autobús y de vuelta al tren porque hay vías cortadas, además de hacer amigos en los trenes que se acoplarán a vosotros durante todo el viaje contándoos batallitas-fantasmas de su año Erasmus. Fácil, sencillo, para toda la familia.

Por otro lado, para contrastar con el tiempo invernal croata, un fin de semana en Milán. Estas son las ventajas de que otros amigos también anden de erasmus por el mundo: ir a verlos en plan pequeño viaje vacacional. Bueno, imaginad, me marché para allá con un catarrazo que te mueres después de la jornada de deporte extremo en Croacia (se lo pegué a la pobre Lu, que espero sabrá perdonarme) y no hice más que empeorarlo con el helado indispensable del primer día (eso sí, con heladeros como ése... bueno, yo seguiré con la garganta destrozada hasta el fin de los días). También hubo pasta por un tubo, cócteles de ginebra, italianos guapos, italianos feos y muy pocas horas de sueño.
Milán es pequeño pero matón, merece la pena pasearlo tranquilamente, sobre todo si hace el sol que nos hizo a nosotras, que se te derretían hasta las muelas. El barrio de Brera los sábados por la mañana tiene un ambientazo, está lleno de arte y de olor a comida rica rica. El Duomo es una pasada, ahora ya entiendo por qué tiene la fama que tiene. Y así todo, incluso aunque haya matones negros que llamen puta y lesbiana a la dependiente de la tienda en que trabajan de seguratas.
Turín también está genial y se puede ver en un día. El parque del Castillo es precioso para pasear a última hora de la tarde, con guapos chicos italianos que os persigan haciendo footing, como a nosotras. Hace calor y los hombres te hablan como si creyesen que no los entiendes. ATENCIÓN, ITALIANOS: hablamos italiano, e incluso aunque no lo hablásemos, somos españolas: podemos entenderlo con facilidad.

 


Así, como resumen. Ahora no sé qué será lo siguiente que os cuente, pero espero que sea algo surrealista, que quitando escaladas de cataratas, negros agresivos y persecuciones de deportistas, hace mucho que no me pasa nada raro y eso me da miedo. Ya sabéis lo que dice Moody: ¡alerta permanente!
Besos para todos y patadas a la gocha.

viernes, 1 de febrero de 2013

El encanto de los turistas

Queridos míos, hoy vengo para hablaros de una de las partes vitales de cualquier erasmus que se precie: el momento en que recibes la visita de tus amigos españoles. Es un punto maravilloso, ebrio y precioso de la experiencia, lo de recibir a tus amig@s implica volver a recorrer todos los puntos turísticos de rigor que ya visitaste al comienzo de tu viaje y, por supuesto, pillarte al menos una moña cada dos días.
Yo lo he llevado un poco más allá, porque los asturianos somos así: si hacemos las cosas las hacemos bien, y así comencé la visita de mis gochis A, L y C con una resaca implacable (bueno, he de decir que es que la noche anterior mi querida flatmate-futura-médica-alemana se despedía de Budapest para regresar a Leipzig y, claro, yo no podía perdérmelo, que para eso estamos los amigos). Las recogí al pie de un funicular un día de no demasiado frío (pongamos unos dos grados bajo cero a lo sumo) y con un paisaje cubierto de nieve. A, L y C iban, como buenas habitantes acostumbradas al clima tropical de Oviedo (en comparación, lo es, en serio), con al menos unas 3 capas de ropa sobre el cuerpo y la rubia se quejaba de que no sentía los pies dentro de sus carísimas Hunter (me desorino, iban super fashion que te cagas, y yo mientras con mis tracillas habituales).
Ni puta idea de lo que es el frío tienen, ni puta idea, que menos dos grados es un lujo incomparable (y los 9 grados que hubo hoy ya ni os cuento, miedo me da). Pero oye, nada quita la ilusión a los turistas, y a su favor he de decir que se quejaron poco (...). Pululamos por ahí, contra viento, marea, lluvia y nieve, y fuimos a parar a mi casa para repostar antes de que las sacase a cenar por ahí (fascinadas quedaron con lo barato que es comer y beber y lo raro de los bares). Así conocieron a la flatmate que se iba y al que se ha instalado en su cuarto: el italianini (le pusieron el mote sobre la marcha y el pobre hombre morirá con él), que no es que sea ningún derroche de encanto pero por lo menos no es como aquel extraño compañero de piso de Ágave. He de decir que ese día apenas nos moñamos, sólo nos achispamos animosamente con unas cervecillas de medio litro a la cena.
A la mañana siguiente me desperté junto a la rubia en una cama ajena y tardé un rato, no creáis, en recordar dónde puñetas estaba (en su aparta-hostel). No diré nada muy insigne del turisteo realizado, tan sólo un pequeño resumen del final de la tarde y la noche: alcohol.


Empezamos con los chupis, seguimos con champán, unas cervecillas y, para culminar, un palinkazo para el cuerpo que entró como agua al visitar el Instant. Ese día me acosté en mi cama (gracias a Dios). Y sola, que ya os veo las caras, gochus pervertidos.

El despertar del último día a mí me produjo media úlcera, ya os haréis una idea (y encima aquí que casi no bebo -parece lo contrario, lo sé, pero no es verdad; bebo más en Oviedo porque esa ciudad o estás borracho o de noche te deprime-) así que el plan fue medio tranqui, deambulando por la biblioteca y las calles, comiendo bocadillo y haciéndome ida y vuelta al aeropuerto para acompañar a estas gochis que ya se iban. Por cierto, las timaron un poco bastante en el tram porque la revisora les vio la pinta de guiris, vaya kurva apestosa la tia.
En fin, que this is life y así os la he contado. Sé que ahora os arrepentís de haber perdido el tiempo. Jejejejeje, jodeos, que en el fondo no tenéis nada mejor que hacer que leerme.
Frigobesos desde zonas criogénicas.

lunes, 31 de diciembre de 2012

2012-2013

Hola, corazones de invierno.
¿Os dais cuenta? Vamos a entrar en la segunda parte del curso 2012-2013. ¡Qué nervios, qué nervios, qué nervios! Y hoy cenota a lo grande, y salir por ahí hasta la mañana y...
Es mentira, en mi casa hoy cenamos comida china, porque estamos hasta las narices de cocinar comilonas, y yo me quedo en casita porque mi dinero para esta noche tan insigne/inmunda se desvaneció en forma de entrada para el concierto de Muse. Tampoco me mata, no creáis, porque lo último que me apetece a mí hoy es salir a pelarme el culo de frío en la calle con el vestidito y los tacones de turno o pelearme en plan espartano en la barra de algún bar/fiesta por una copa mal mezclada y cotizada a precio de gramo de antimateria.
Yo volvía a casa por Navidad (como los turrones el Almendro) con la vana ilusión de tener unas vacaciones entretenidas y variopintas. Parece mentira que olvidase lo que es Oviedo: un truño, amigos, sobre todo después de pasarte 4 meses a tu bola completamente y con algo distinto que hacer cada día. Está bien la primera semana porque te plantificas en la puerta de tus padres por sorpresa y les ves la carina y te rías un rato, porque cae Nochebuena y viene la familia y acabas la noche cantando a Nino Bravo con tu padre y porque se produce ese esperado reencuentro con los amigos que tampoco sabían que venías. Ah, y por tu hermana pequeña, que ya no es tan pequeña pero sigue dando el mismo miedo que antes, lo que no deja de ser reconfortante en cierta manera. Lo mejor son las caras.Una vez pasado todo esto, comidas las primeras croquetas y salido de copas un par de noches por los viejos tiempos, se te cae el cielo encima y ruegas por un cambio de algún tipo. Volver a tu erasmus, por ejemplo, que aunque haga un frío que te cagues y tampoco salgas de casa, por lo menos no tienes a tu madre rumiándote en la oreja todo el rato lo que haces o dejas de hacer y donde todavía te quedan cosas nuevas que ver/disfrutar/beber/comer.
Yo, que estaba deseando que llegase todo esto, ahora me planteo muy seriamente aprovecharme de mi tía e irme a pasar los Reyes fuera. ¿Contraproducente? Quizás, pero esta inactividad me está matando. Prefiero pasar 5 días fuera con algo nuevo y medio muerta de agotamiento que esta inacción insulsa que hay por aquí sazonada por los reproches maternales a los que ya me he desacostumbrado.
¿Sabéis qué hago estos días? Escribir y leer. Y de esto no me quejo tanto porque me gusta, pero cuando pasas 3 días seguidos metida en casa sin nada más que hacer que esto y ver pelis, desearías que los mayas hubieran tenido razón.
Besos para todos y que tengáis un feliz año cargado de arco iris, unicornios y conejitos de color rosa o lo que sea.