Hola, corazones de invierno.
¿Os dais cuenta? Vamos a entrar en la segunda parte del curso 2012-2013. ¡Qué nervios, qué nervios, qué nervios! Y hoy cenota a lo grande, y salir por ahí hasta la mañana y...
Es mentira, en mi casa hoy cenamos comida china, porque estamos hasta las narices de cocinar comilonas, y yo me quedo en casita porque mi dinero para esta noche tan insigne/inmunda se desvaneció en forma de entrada para el concierto de Muse. Tampoco me mata, no creáis, porque lo último que me apetece a mí hoy es salir a pelarme el culo de frío en la calle con el vestidito y los tacones de turno o pelearme en plan espartano en la barra de algún bar/fiesta por una copa mal mezclada y cotizada a precio de gramo de antimateria.
Yo volvía a casa por Navidad (como los turrones el Almendro) con la vana ilusión de tener unas vacaciones entretenidas y variopintas. Parece mentira que olvidase lo que es Oviedo: un truño, amigos, sobre todo después de pasarte 4 meses a tu bola completamente y con algo distinto que hacer cada día. Está bien la primera semana porque te plantificas en la puerta de tus padres por sorpresa y les ves la carina y te rías un rato, porque cae Nochebuena y viene la familia y acabas la noche cantando a Nino Bravo con tu padre y porque se produce ese esperado reencuentro con los amigos que tampoco sabían que venías. Ah, y por tu hermana pequeña, que ya no es tan pequeña pero sigue dando el mismo miedo que antes, lo que no deja de ser reconfortante en cierta manera. Lo mejor son las caras.Una vez pasado todo esto, comidas las primeras croquetas y salido de copas un par de noches por los viejos tiempos, se te cae el cielo encima y ruegas por un cambio de algún tipo. Volver a tu erasmus, por ejemplo, que aunque haga un frío que te cagues y tampoco salgas de casa, por lo menos no tienes a tu madre rumiándote en la oreja todo el rato lo que haces o dejas de hacer y donde todavía te quedan cosas nuevas que ver/disfrutar/beber/comer.
Yo, que estaba deseando que llegase todo esto, ahora me planteo muy seriamente aprovecharme de mi tía e irme a pasar los Reyes fuera. ¿Contraproducente? Quizás, pero esta inactividad me está matando. Prefiero pasar 5 días fuera con algo nuevo y medio muerta de agotamiento que esta inacción insulsa que hay por aquí sazonada por los reproches maternales a los que ya me he desacostumbrado.
¿Sabéis qué hago estos días? Escribir y leer. Y de esto no me quejo tanto porque me gusta, pero cuando pasas 3 días seguidos metida en casa sin nada más que hacer que esto y ver pelis, desearías que los mayas hubieran tenido razón.
Besos para todos y que tengáis un feliz año cargado de arco iris, unicornios y conejitos de color rosa o lo que sea.
lunes, 31 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
Morir congelado
Y lo digo sin aversión, en serio. Ya estoy reconciliada con la idea de que los próximos días van a ser poco más que de casa a clase, de clase a café caliente en biblioteca y de biblioteca a casa con sopitas o palinka para entrar en calor. Ayer incluso hasta cayeron los primeros copitos de nieve, todo muy tierno (la imagen de los copos, pequeños y delicados, volando por encima del sex-shop que tengo enfrente fue terriblemente dulce). Hoy, de hecho, he salido de casa (aparte de para ir a clase) para dar una vuelta y dejar que mi sensible cuerpecito se acostumbre al frío antes de que el shock me hielen los lagrimales y ya no pueda llorar en lo que queda de invierno.
Lo bueno que tiene es que así me motivo para quedarme en casa y estudMPFFFF JAJAJAJAJAJAJA no me lo creo ni yo. Lo intento, en serio, cojo las hojas de apuntes e intento sumirme en un estado de concentración oriental, pero no puedo: los personajes no me gustan y ya sé cómo acaba la historia. Todos sabemos que soy como un niño de siete años, si no hay premio no me esfuerzo. Y aquí, como el premio no sea comida... Oh, Dios, me he dado una idea. Me voy a poner como una bola, ¡maldición!
Desvaríos aparte, diré que los phrasal verbs, la Generación del 98 y las cochinadas erótico-modernistas de Valle-Inclán no son grandes instrumentos motivacionales. Lo que sí que me gusta bastante es el tema de la clase que voy a dar el día 11 (sí, el mismo día que tengo un examen escrito y otro oral de Literatura del siglo XX y dos días antes de examinarme de Language Practice, ese día) sobre Lorca. Ese hombre tenía una mirada penetrante, postura de seductor y las ideas claras (salvo por la imagen que da de Nueva York, que parece la visión distorsionada de un pesimista borracho). Lástima que fuera gay y que esté muerto, la verdad...
¿Qué más, qué más? Ya está aquí el mercado de Navidad, sitio maravilloso donde se bebe vino caliente hasta que te has emborrachado sin darte cuenta y se hacen flash-mobs de Gangam Style. Y donde te dan tantos dulces por todas partes que una acaba aislándose del frío gracias a una capa de grasa digna de un manatí en vez de gracias a un abrigo. Claro, es por el frío (el que no se consuela es porque no quiere).
Más cosas buenas del frío: que acabaré de leerme Atonement, el libro más deprimente jamás escrito por un ser humano que no haya sido emo. Por si os interesa, que no creo, os diré que habla de la historia de Briony y cómo una mentira suya condena para siempre a su hermana y el casi novio de esta. De momento no ha habido sexo ni cochinadas, pero cuando las haya os lo digo, por si eso os anima a leerlo (no me dejéis llorar sola).
Y ya está, creo que es una buena crónica por ahora. Quiero decir, dejando a un lado a los tipos locos y guapos que te asaltan en mitad del mercado bailando delante de ti, a los ancianos borrachos que te llaman italiana en el tram, a las múltiples versiones húngaras de las chonis que puedes encontrar potando en las paradas de tram los fines de semana por la noche o a los que se te acercan delante del Burger King diciéndote que van a asesinar una monja (o pidiéndote un cigarrillo, ¡yo qué sé! ¡Si no hablo húngaro!). Ahí dejo esto que es más que nada y menos que algo. Que no se diga que no actualizo.
Paz y amor y no olvdéis de hacer vuestras donaciones navideñas al Círculo de los Guerreros Místicos de Ka'Ha o estas fiestas tampoco comerán caliente ;)
Lo bueno que tiene es que así me motivo para quedarme en casa y estudMPFFFF JAJAJAJAJAJAJA no me lo creo ni yo. Lo intento, en serio, cojo las hojas de apuntes e intento sumirme en un estado de concentración oriental, pero no puedo: los personajes no me gustan y ya sé cómo acaba la historia. Todos sabemos que soy como un niño de siete años, si no hay premio no me esfuerzo. Y aquí, como el premio no sea comida... Oh, Dios, me he dado una idea. Me voy a poner como una bola, ¡maldición!
Desvaríos aparte, diré que los phrasal verbs, la Generación del 98 y las cochinadas erótico-modernistas de Valle-Inclán no son grandes instrumentos motivacionales. Lo que sí que me gusta bastante es el tema de la clase que voy a dar el día 11 (sí, el mismo día que tengo un examen escrito y otro oral de Literatura del siglo XX y dos días antes de examinarme de Language Practice, ese día) sobre Lorca. Ese hombre tenía una mirada penetrante, postura de seductor y las ideas claras (salvo por la imagen que da de Nueva York, que parece la visión distorsionada de un pesimista borracho). Lástima que fuera gay y que esté muerto, la verdad...
¿Qué más, qué más? Ya está aquí el mercado de Navidad, sitio maravilloso donde se bebe vino caliente hasta que te has emborrachado sin darte cuenta y se hacen flash-mobs de Gangam Style. Y donde te dan tantos dulces por todas partes que una acaba aislándose del frío gracias a una capa de grasa digna de un manatí en vez de gracias a un abrigo. Claro, es por el frío (el que no se consuela es porque no quiere).
Y ya está, creo que es una buena crónica por ahora. Quiero decir, dejando a un lado a los tipos locos y guapos que te asaltan en mitad del mercado bailando delante de ti, a los ancianos borrachos que te llaman italiana en el tram, a las múltiples versiones húngaras de las chonis que puedes encontrar potando en las paradas de tram los fines de semana por la noche o a los que se te acercan delante del Burger King diciéndote que van a asesinar una monja (o pidiéndote un cigarrillo, ¡yo qué sé! ¡Si no hablo húngaro!). Ahí dejo esto que es más que nada y menos que algo. Que no se diga que no actualizo.
Paz y amor y no olvdéis de hacer vuestras donaciones navideñas al Círculo de los Guerreros Místicos de Ka'Ha o estas fiestas tampoco comerán caliente ;)
lunes, 19 de noviembre de 2012
Clases de baile
"Vas bien, decía éste, pero no bailes tan tieso, no es cuestión de
mover sólo los pies. Al dar vueltas tienes que doblarte, así, fíjate
bien -el Bebe se inclinaba, una sonrisa convencional aparecía en su
rostro de leche, su cuerpo giraba sobre un talón y luego, al recobrar la
posición anterior, la sonrisa se esfumaba-. Son trucos, como cambiar de
paso y hacer figuras, pero ya aprenderás eso después. Ahora tienes que
acostumbrarte a llevar a tu pareja como se debe. No tengas miedo, la
chica se da cuenta ahí mismo. Plántale la mano encima, fuerte, con raza.
Déjame llevarte un rato, para que veas. ¿Te das cuenta? Le aprietas la
mano con la izquierda y a medio baile, si notas que te da entrada, le
vas cruzando los dedos y la acercas poquito a poquito, empujándola por
la espalda, pero despacio, suavecito. Para eso tienes que tener bien
plantada la mano desde el principio, no sólo la punta de los dedos, la
mano íntegra, toda la manaza apoyada cerca de los hombros. Después la
vas bajando, como si fuera pura casualidad, como si en cada vuelta la
mano se cayera solita. Si la muchacha se respinga o se echa atrás, te
pones a hablar de cualquier cosa, habla y habla, risa y risa, pero nada
de aflojar la mano. Dale a apretar y a acercarla. Para eso mucha vuelta,
siempre por el mismo lado. El que gira a la derecha no se marca,
aguanta cincuenta vueltas al hilo, pero como ella da vueltas a la
izquierda se marea prontito. Ya verás que apenas le dé vueltas la cabeza
se te pega solita, para sentirse más segura. Entonces puedes bajar la
mano hasta su cintura y cruzarle los dedos sin miedo y hasta juntarle un
poco la cara. ¿Has entendido?"
El vals ha terminado y el tocadiscos emite un crujido monótono. El Bebe lo apaga.
(La ciudad y los perros; Mario Vargas Llosa)
El vals ha terminado y el tocadiscos emite un crujido monótono. El Bebe lo apaga.
(La ciudad y los perros; Mario Vargas Llosa)
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Viena
HiHello everybody!
Viena no está mal. No pudimos comer Schnitzel, aunque la mañana que nos marchamos nos salían hasta de debajo de las piedras, pero por lo demás, estuvo apañado el viaje. 3 horitas de tren con las Ms, que resultó que iban en la misma dirección, y un hostel con pianista amateur que ganó todo el sex-appeal del mundo tan pronto como puso las manos sobre las teclas compusieron una agradable bienvenida.
Un frío que pelaba, claro, para no perder costumbre (que luego volvemos a Budapest mal acostumbrados, ¡gracias al Cielo que no hubo peligro...!), pero una sólo tiene que vestirse por capas, como los ogros (o las cebollas o las tartas, que según dicen los asnos, gustan más a la gente -si no pilláis esta referencia cuasi bíblica, dejad de leer mi mierdi post e id de cabeza a ver Shrek, que obviamente os hace falta-). Al menos hubo suerte y no llovió ni nevó ni gaitas similares capaces de entorpecer un viaje.
Viena está llena de estatuas. Esto está bien si te gustan esas cosas tan macabras, pero si te has visto las 6 temporadas completas del nuevo Doctor Who y la parte disponible de la 7 que hay hasta ahora, creo que comprenderéis por qué yo tenía los pelos como escarpias. ¡Putos angelitos del demonio! Era imposible mantener un ojo sobre cada figura alrededor, fue un milagro salir vivos de ese infierno (observar figura adjunta):
Hay mucha historia en sus piedras, como buena capital europea imperialista, aunque también tiene mucho de postal; carece del carácter y el encanto de Budapest, Berlín u Oviedo (así, publicidad subliminal sin que se note: venid a visitaaaaaaarnos -sutil, ¿eh?-), todo parece calculado para que los turistas podamos hacernos bonitas y precocinadas fotos con las que recordar "eh, mira, estuvimos en Viena" y ya. Puede que sea cosa mía, el caso es que a mí esta ciudad no me dijo nada.
Por supuesto, era una parada obligatoria. Sería un pecado estar a 3 horitas en tren y no ir, es como si me saltase un viaje de primerizos, y no me arrepiento de haber ido (porque el hombre del piano... y la pizza...), eso que conste. Además, ha servido para descubrirme facetas de mí misma que ignoraba, como el hecho de que soy capaz de perderme incluso teniendo un mapa (y, lo que es peor, arrastrar a compañeros inocentes en el proceso), que no he olvidado del todo mi oxidado alemán (puedo pedir unafoto, preguntar el precio, hablar con alemanes guapos y camareros de hostel, y dar las gracias; para llevar 3 años sin tocarlo, no está mal del todo) y que NUNCA es demasiada comida en un sólo día (estoy desarrollando nuevos estómagos, pienso tener 4 como las vacas para final de año).
Viena no está mal. No pudimos comer Schnitzel, aunque la mañana que nos marchamos nos salían hasta de debajo de las piedras, pero por lo demás, estuvo apañado el viaje. 3 horitas de tren con las Ms, que resultó que iban en la misma dirección, y un hostel con pianista amateur que ganó todo el sex-appeal del mundo tan pronto como puso las manos sobre las teclas compusieron una agradable bienvenida.
Un frío que pelaba, claro, para no perder costumbre (que luego volvemos a Budapest mal acostumbrados, ¡gracias al Cielo que no hubo peligro...!), pero una sólo tiene que vestirse por capas, como los ogros (o las cebollas o las tartas, que según dicen los asnos, gustan más a la gente -si no pilláis esta referencia cuasi bíblica, dejad de leer mi mierdi post e id de cabeza a ver Shrek, que obviamente os hace falta-). Al menos hubo suerte y no llovió ni nevó ni gaitas similares capaces de entorpecer un viaje.
Viena está llena de estatuas. Esto está bien si te gustan esas cosas tan macabras, pero si te has visto las 6 temporadas completas del nuevo Doctor Who y la parte disponible de la 7 que hay hasta ahora, creo que comprenderéis por qué yo tenía los pelos como escarpias. ¡Putos angelitos del demonio! Era imposible mantener un ojo sobre cada figura alrededor, fue un milagro salir vivos de ese infierno (observar figura adjunta):
Hay mucha historia en sus piedras, como buena capital europea imperialista, aunque también tiene mucho de postal; carece del carácter y el encanto de Budapest, Berlín u Oviedo (así, publicidad subliminal sin que se note: venid a visitaaaaaaarnos -sutil, ¿eh?-), todo parece calculado para que los turistas podamos hacernos bonitas y precocinadas fotos con las que recordar "eh, mira, estuvimos en Viena" y ya. Puede que sea cosa mía, el caso es que a mí esta ciudad no me dijo nada.
Por supuesto, era una parada obligatoria. Sería un pecado estar a 3 horitas en tren y no ir, es como si me saltase un viaje de primerizos, y no me arrepiento de haber ido (porque el hombre del piano... y la pizza...), eso que conste. Además, ha servido para descubrirme facetas de mí misma que ignoraba, como el hecho de que soy capaz de perderme incluso teniendo un mapa (y, lo que es peor, arrastrar a compañeros inocentes en el proceso), que no he olvidado del todo mi oxidado alemán (puedo pedir unafoto, preguntar el precio, hablar con alemanes guapos y camareros de hostel, y dar las gracias; para llevar 3 años sin tocarlo, no está mal del todo) y que NUNCA es demasiada comida en un sólo día (estoy desarrollando nuevos estómagos, pienso tener 4 como las vacas para final de año).
(Y esto voy y me lo encuentro pintado en la acera; reflexionad... y averiguad de qué libro/peli es :)
Bueno, no os digo ya más nada, ahí os quedáis con vuestras cosas después de haber perdido el tiempo vilmente con esta entrada. Eso, que Viena bien, pero mejor Bratislava.
Buenas noches y buena suerte ;)
lunes, 29 de octubre de 2012
Fai un cutu...
O, dicho en castellano, hace un frío (que te cagas)...
La madre que me parió, que yo soy de clima tropical, que a mí este frío decembril ovetense a finales de octubre me destroza el reloj biológico interno (y me escarcha la nariz). A Walt Disney le sentará bien, pero lo que es a mí...
Ayer nevó. No por mi zona, esta ciudad es enorme, sino por otra, pero las nubes se mueven, queridos, lo significa que me caerá una nevada fina en cualquier momento. Y en el piso se nos ha petao la caldera, así que no tenemos ni calefacción ni agua caliente. ¿Bear Grylls? Ese es un novato, ¡esto sí que va a dejar un último superviviente! El problema es que aún no hemos decidido cual de las tres compañeras va a ser ni tampoco a quien nos comeremos primero ni nada (porque salir a la calle a comprar a mí me hiela el tuétano, qué queréis que os diga).
No, en el fondo se agradece un poco que ya haya llegado el invierno, el único problema es que si estamos así en octubre, en diciembre morimos. Yo, por lo menos. Pero es un tiempo grandioso para quedarse en casita leyendo a Lorca o a P.K. Dick o viendo las Chicas Gilmore por trigésimo novena vez en la vida, porque en Stars Hollow también nieva y Rory también estudia y hace sus deberes, así que me motiva un poco.
Además, Halloween está ahí, a un tiro de piedra, y aunque no tengamos calabazas, va a haber fiestas y eso, así que hay que encontrar un disfraz desmontable (para ir calentito al principio y fresquito después, cuando me haya tomado dos cervezas y 3 palinkas y está metida en alguna discoteca). De momento, el que más me convence es el de stripper muerta (porque en Halloween todo tiene que ser algo-muerto además del habitual algo-putilla al que estamos condenadas las chicas, por lo visto).
Ojalá llegue pronto R con un chocolatito caliente, porque Lorca no me calienta nada nada (es que era gay, es lo que tiene) y así socializo un poco, que hoy lo más lejos que he llegado ha sido al Tesco y para comprar comida (soy lo que en Asturias se conoce coloquialmente por "fartona").
Voy a ver si avanzo con la luna, la gitanilla, el jinete a caballo, el agua y el verde. Verde que te quiero verde.
Besos para todos menos para los que aún no habéis visto el monólogo de Berto en El Club de la Comedia de hace unos días, y como me siento generosa, hasta os dejo el link: SE NOS ROMPIÓ EL ESPAÑOL DE TANTO USARLO
La madre que me parió, que yo soy de clima tropical, que a mí este frío decembril ovetense a finales de octubre me destroza el reloj biológico interno (y me escarcha la nariz). A Walt Disney le sentará bien, pero lo que es a mí...
Ayer nevó. No por mi zona, esta ciudad es enorme, sino por otra, pero las nubes se mueven, queridos, lo significa que me caerá una nevada fina en cualquier momento. Y en el piso se nos ha petao la caldera, así que no tenemos ni calefacción ni agua caliente. ¿Bear Grylls? Ese es un novato, ¡esto sí que va a dejar un último superviviente! El problema es que aún no hemos decidido cual de las tres compañeras va a ser ni tampoco a quien nos comeremos primero ni nada (porque salir a la calle a comprar a mí me hiela el tuétano, qué queréis que os diga).
No, en el fondo se agradece un poco que ya haya llegado el invierno, el único problema es que si estamos así en octubre, en diciembre morimos. Yo, por lo menos. Pero es un tiempo grandioso para quedarse en casita leyendo a Lorca o a P.K. Dick o viendo las Chicas Gilmore por trigésimo novena vez en la vida, porque en Stars Hollow también nieva y Rory también estudia y hace sus deberes, así que me motiva un poco.
Además, Halloween está ahí, a un tiro de piedra, y aunque no tengamos calabazas, va a haber fiestas y eso, así que hay que encontrar un disfraz desmontable (para ir calentito al principio y fresquito después, cuando me haya tomado dos cervezas y 3 palinkas y está metida en alguna discoteca). De momento, el que más me convence es el de stripper muerta (porque en Halloween todo tiene que ser algo-muerto además del habitual algo-putilla al que estamos condenadas las chicas, por lo visto).
Ojalá llegue pronto R con un chocolatito caliente, porque Lorca no me calienta nada nada (es que era gay, es lo que tiene) y así socializo un poco, que hoy lo más lejos que he llegado ha sido al Tesco y para comprar comida (soy lo que en Asturias se conoce coloquialmente por "fartona").
Voy a ver si avanzo con la luna, la gitanilla, el jinete a caballo, el agua y el verde. Verde que te quiero verde.
Besos para todos menos para los que aún no habéis visto el monólogo de Berto en El Club de la Comedia de hace unos días, y como me siento generosa, hasta os dejo el link: SE NOS ROMPIÓ EL ESPAÑOL DE TANTO USARLO
miércoles, 24 de octubre de 2012
Bratislava
Lo sé, no suena a mucho, pero es porque esta parte de Europa suele ser la gran desconocida a la hora de viajar. Quiero decir, nadie dentro de la media común y corriente, cuando busca destinos para sus vacaciones, dice "Oh, ¿adónde podemos ir? Oh, mira, Bratislava, maravilloso, es una tierra preciosa y perfecta para un viaje.". No, hijos míos, nadie lo hace, no os creáis diferentes a la masa porque no lo hago ni yo y para rara, me basto y me sobro.
Entonces coges y les dices a los que se quedaron en la patria "Mañana me voy a Bratislava" y lo entienden todavía menos que cuando les dijiste que te ibas de Erasmus a Hungría ("¿Qué coño se te ha perdido a ti en Hungría, muchacha?"), por lo menos Budapest es bonito en general y eso lo sabe todo el mundo. Coges el tren y te largas con un grupo de amigos que van tan a la deriva en esto como tú (¿quién sabe, antes de ir, qué ver en Bratislava si no lo has investigado? Porque, admitámoslo, no es que tenga una Torre Eiffel, un Big Ben ni un Coliseo...), con la incertidumbre en el cuerpo.
Pero luego llegas y te gusta, porque no tiene nada que ver con la parte de Europa de la que somos nosotros, sucios imperialistas occidentales. Todavía pueden verse los vestigios de años de guerras y miserias, de las épocas soviéticas y además hace un frío del carajo por estas fechas, aunque eso no es inconveniente para descubrir que tiene cosas preciosas y un encanto completamente diferente.
Donde menos te lo esperas surge algo especial, un castillo sumido en la niebla, una iglesia que parece de juguete o un restaurante con mesas que podrían ser altares para sacrificios humanos. Nada que hubieras imaginado encontrar allí. Comes algo típico, cuya descripción en el menú te parece el mal menor de todo lo que has leído hasta ahora, y te das cuenta de que a lo mejor no odias a todas las coles por igual (porque esos buñuelitos estaban buenos, maldita sea), y compruebas que los helados del McDonalds son más baratos allí, así que maldices el resto de ciudades del mundo.
Casi no te percatas de que se te está criogenizando la nariz o de que los padres de los niños de ese parque infantil en el que estás haciendo el retarded con tus amigos os lanzan miradas asesinas. Lo pasas bien, ves lo bonito inesperado, coges un catarro y en un supermercado te enteras de que hay una marca de condones que se llama Pepino.
Vamos, en general y resumiendo, te das cuenta de que, para tu sorpresa, hay vida más allá de las fronteras conocidas, aunque cuando recomiendes visitarlo la gente te mire con cara de "esta piba está loca".
Un poco en el fondo...
Entonces coges y les dices a los que se quedaron en la patria "Mañana me voy a Bratislava" y lo entienden todavía menos que cuando les dijiste que te ibas de Erasmus a Hungría ("¿Qué coño se te ha perdido a ti en Hungría, muchacha?"), por lo menos Budapest es bonito en general y eso lo sabe todo el mundo. Coges el tren y te largas con un grupo de amigos que van tan a la deriva en esto como tú (¿quién sabe, antes de ir, qué ver en Bratislava si no lo has investigado? Porque, admitámoslo, no es que tenga una Torre Eiffel, un Big Ben ni un Coliseo...), con la incertidumbre en el cuerpo.
Pero luego llegas y te gusta, porque no tiene nada que ver con la parte de Europa de la que somos nosotros, sucios imperialistas occidentales. Todavía pueden verse los vestigios de años de guerras y miserias, de las épocas soviéticas y además hace un frío del carajo por estas fechas, aunque eso no es inconveniente para descubrir que tiene cosas preciosas y un encanto completamente diferente.
Donde menos te lo esperas surge algo especial, un castillo sumido en la niebla, una iglesia que parece de juguete o un restaurante con mesas que podrían ser altares para sacrificios humanos. Nada que hubieras imaginado encontrar allí. Comes algo típico, cuya descripción en el menú te parece el mal menor de todo lo que has leído hasta ahora, y te das cuenta de que a lo mejor no odias a todas las coles por igual (porque esos buñuelitos estaban buenos, maldita sea), y compruebas que los helados del McDonalds son más baratos allí, así que maldices el resto de ciudades del mundo.
Casi no te percatas de que se te está criogenizando la nariz o de que los padres de los niños de ese parque infantil en el que estás haciendo el retarded con tus amigos os lanzan miradas asesinas. Lo pasas bien, ves lo bonito inesperado, coges un catarro y en un supermercado te enteras de que hay una marca de condones que se llama Pepino.
Vamos, en general y resumiendo, te das cuenta de que, para tu sorpresa, hay vida más allá de las fronteras conocidas, aunque cuando recomiendes visitarlo la gente te mire con cara de "esta piba está loca".
Un poco en el fondo...
sábado, 13 de octubre de 2012
Diabetes
Eso es, me he comido el equivalente a una diabetes. ¿Y sabéis qué? Que me quiten lo bailao, porque me priva. Qué sitio, amigos, podría haber sido perfectamente el hogar de Willy Wonka y, definitivamente, haréde ello mi hogar en algún momento de mi vida; la pobre R ha tenido que sacarme a rastras de allí, casi me encadeno a la mesa...
Y luego un paseíllo, porque cualquiera se queda sentado después de eso, sintiendo su culo expandirse y comprometer los límites físicos del vaquero... Claro que no salió como esperábamos, porque íbamos buscando Nyugati (la estación de tren) para ver cuánto es ir y volver a Viena, pero como somos unas pobres desgraciadas pues nos metimos por la calle que no era y etc. Ya os haréis una idea. Eso sí, oigan, las calles preciosas.
R y yo ya tenemos un bonito historial con lo de ir a los sitios y no llegar nunca. A mi próximo relato lo llamaré "La oficina de inmigración que no existía": sacas el mapa, estudias las líneas de tram, vas al quinto carajo, que es una zona de gueto total, y ¡puf! La oficina desaparece misteriosamente las dos veces que pretendemos ir. El resto del tiempo está en su sitio, estoy segura, pero creo que nos huele acercarnos... Entonces acabamos paseando in the ghetto (y esto, con la voz de Elvis, resuena en mi cabeza constantemente en un ciclo sin fin, como decía el Rey León), porque hasta eso es bonito en Budapest. Qué turbio.
¿Más cosas? Oh, sí, cuando tus adorables amigos húngaros os juntan a un puñado de españoles inocentes y dicen "Vamos a llevaros a un mirador", pero obvian la parte en la que hay que subir un monte a través del bosque para llegar. Simplemente entrañable: el escenario de Km.666, el frío glacial, la congelación parcial de algunos de tus dedos... Pero llegas allí entre los árboles, a la torre de Erzsébet y miras y...
Mucho mejor, ¿no?
Luego ya te bajan, te meten en un metro, te dicen de tomar algo y tú piensas "¡Oh, sí, chocolate calentito!" y ellos te llevan a tomar un litro de cerveza y/o chupitos de palinka. Tenemos que trabajar la comunicación.
Bueno, nada, es todo cuestión de llegar a casa y meterse bajo un chorro de agua hirviendo en la ducha, así se recupera la sensibilidad de los miembros.
Y ahora me largo, que hay una fiesta de salsa en el Barrio Latino (que es un bar, no un barrio, cuidado queridos míos) y yo tengo que buscar mis zapatos de baile ;)
No hagáis nada que yo no haría y disfrutad el sábado noche, sweeties.
Y luego un paseíllo, porque cualquiera se queda sentado después de eso, sintiendo su culo expandirse y comprometer los límites físicos del vaquero... Claro que no salió como esperábamos, porque íbamos buscando Nyugati (la estación de tren) para ver cuánto es ir y volver a Viena, pero como somos unas pobres desgraciadas pues nos metimos por la calle que no era y etc. Ya os haréis una idea. Eso sí, oigan, las calles preciosas.
R y yo ya tenemos un bonito historial con lo de ir a los sitios y no llegar nunca. A mi próximo relato lo llamaré "La oficina de inmigración que no existía": sacas el mapa, estudias las líneas de tram, vas al quinto carajo, que es una zona de gueto total, y ¡puf! La oficina desaparece misteriosamente las dos veces que pretendemos ir. El resto del tiempo está en su sitio, estoy segura, pero creo que nos huele acercarnos... Entonces acabamos paseando in the ghetto (y esto, con la voz de Elvis, resuena en mi cabeza constantemente en un ciclo sin fin, como decía el Rey León), porque hasta eso es bonito en Budapest. Qué turbio.
¿Más cosas? Oh, sí, cuando tus adorables amigos húngaros os juntan a un puñado de españoles inocentes y dicen "Vamos a llevaros a un mirador", pero obvian la parte en la que hay que subir un monte a través del bosque para llegar. Simplemente entrañable: el escenario de Km.666, el frío glacial, la congelación parcial de algunos de tus dedos... Pero llegas allí entre los árboles, a la torre de Erzsébet y miras y...
Mucho mejor, ¿no?
Luego ya te bajan, te meten en un metro, te dicen de tomar algo y tú piensas "¡Oh, sí, chocolate calentito!" y ellos te llevan a tomar un litro de cerveza y/o chupitos de palinka. Tenemos que trabajar la comunicación.
Bueno, nada, es todo cuestión de llegar a casa y meterse bajo un chorro de agua hirviendo en la ducha, así se recupera la sensibilidad de los miembros.
Y ahora me largo, que hay una fiesta de salsa en el Barrio Latino (que es un bar, no un barrio, cuidado queridos míos) y yo tengo que buscar mis zapatos de baile ;)
No hagáis nada que yo no haría y disfrutad el sábado noche, sweeties.
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